miércoles, 28 de julio de 2010

Sutra de la Gran Compasión




AVALOKITESHVARA SUTRA


Título completo: 


Versos del Capítulo XXV del Sutra del Loto de la Ley Sublime, 
“la Puerta Universal del Noble Bodhisattva Avalokiteshvara”
Aryavalokiteshvara bodhisattva samantamukha parivarta nama sutra




El Sutra de Avalokiteshvara, más conocido en la tradición zen como el “Sutra de la Gran Compasión”, constituye originalmente el capítulo XXV –el XXIV en la versión sánscrita– del Sutra del Loto de la Ley Sublime, La Puerta Universal del Noble Bodhisattva Avalokiteshvara. Fue convertido en un sutra aparte por la escuela de la plataforma celestial (ch.: tiantai) y la escuela de meditación (ch.: chan) como soporte para las prácticas devocionales dirigidas a Avalokiteshvara, el bodhisattva que simboliza la Compasión Universal (sk.: mahakaruna). 

El bodhisattva Avalokiteshvara, literalmente “El que percibe hacia abajo el sonido –clamor– del mundo”, es presentado aquí como una figura mítica de orden cósmico, un salvador universal al que el devoto puede recurrir en caso de necesidad para implorar su ayuda. El texto detalla situaciones harto comprometidas de las que uno puede ser rescatado por el bodhisattva, así como los múltiples aspectos bajo los que éste puede manifestarse a los seres de acuerdo a sus diferentes capacidades de visión y comprensión gracias a su provisión de medios hábiles (sk.: upaya-kaushalya).

La enseñanza de este sutra gira entorno a una poderosa práctica cuyo objetivo no es otro que la erradicación del sufrimiento humano. Consiste simplemente en la invocación sincera del nombre de Avalokiteshvara con una mente resuelta y unificada (jp.: isshin shomyo). 

En principio, podría argüirse que invocar el nombre de Avalokiteshvara con una mente sufriente para liberarse del propio sufrimiento es tan inútil como pretender apagar el fuego con fuego. Pero la clave reside aquí en la unificación de la mente con su objeto primario de atención. Cuando la mente se concentra en Avalokiteshvara –que es compasión universal–, la mente misma se vuelve compasión universal, liberándose de todos sus sufrimientos. 

A partir de dicho momento, la invocación del nombre de Avalokiteshvara es vista como la propia compasión “anunciándose a sí misma”, y no ya como un medio para un fin (la mente sufriente tratando de deshacerse de sí misma). Así, pues, lo que se quiere decir por  “una mente resuelta y unificada” invocando el nombre de Avalokiteshvara no es sino el propio Avalokiteshvara anunciándose a sí mismo desde lo más íntimo de nuestro propio ser, lo cual no significa otra cosa que la Liberación Suprema.

Aquí no hay ninguna filosofía ni teoría compleja implicada; todo lo que se requiere para erradicar eficazmente el sufrimiento no es más que concentrar la mente en los sublimes atributos y potencias del bodhisattva de la Gran Compasión e invocar su nombre con fe y decisión. Debido a que esta forma de práctica puede ser seguida por cualquier persona, en cualquier situación, también se la denomina “la liberación que aparece en cada puerta” o “la puerta universal” (sk.: samantamukha”).

Los bodhisattvas han tomado votos extraordinarios para liberar a todos los seres de este océano de lágrimas, mientras ellos mismos permanecen en él desplegando su actividad salvífica. La recitación y el canto sincero de sus glorias pueden usarse para conectar con su campo de influencia y realizar dentro de uno mismo los ideales de sabiduría y compasión que encarnan. Y es que, cuando la dualidad sujeto-objeto cesa en la unificación de la mente, el bodhisattva invocado no es diferente del propio invocador. 

El método no es novedoso, y lo encontramos ya, descrito en las colecciones de discursos del Canon Pali con el nombre de “el continuado recuerdo atento y consciente del Buda y sus atributos” (p. “buddhanusati”). El Buda enseña a sus discípulos a pensar en él y sus virtudes como si lo tuvieran delante de sus ojos; práctica que garantiza la acumulación de mérito y, en última instancia, el nirvana, la completa liberación de la rueda del sufrimiento (sk.: samsara). 
Esta práctica conocería posteriormente un alto desarrollo en China y Japón, convirtiéndose en el elaborado sistema meditativo basado en la invocación del nombre (ch. py: nienfo; jp.: nembutsu). Ésta se centra sobre una diversidad de objetos de culto: escrituras –por ejemplo, el Sutra del Loto– y, sobre todo, budas y bodhisattvas mahasatvas como Avalokiteshvara.

El Sutra de la Gran Compasión consta de dos partes: la primera, consistente en una exposición en prosa de la enseñanza, fue traducida al chino por Kumarajiva (344 - 413) en 406 de la e.c.; la segunda, recapitulación resumida en forma versificada, fue añadida por Jñanagupta (523 – ca. 605) en 601 de la e.c. Bajo esta última forma se recita habitualmente en la escuela zen, y es también como la presentamos a continuación.



Miohorengekio Kanzeon bosatsu fumonbonge.
El Sutra de la Gran Compasión




“¡Oh, Muy Respetable Maestro de este mundo que posees la espléndida postura! De nuevo quiero hacerte una pregunta. ¿Por qué karma el hijo de Buda, llamado Kanzeon, es el Bodisatva de Aspectos Maravillosos?” 


El Buda Sakiamuni responde al Bodisatva Muyini en forma de poema:


Por favor, presta atención a la práctica del Bodisatva Kannon, cuyo poder puede realizarse inmediatamente por todas partes. 


Sus  votos son más profundos que el gran océano, eternamente inconcebibles. Este Bodisatva crea estos Grandes Votos con la ayuda de las miríadas de Buda. 


Voy a explicártelo brevemente: 


Si oyes su nombre, verás su cuerpo. 
Si concentras tu espíritu sin dejar pasar nada en vano, 
todos tus sufrimientos desaparecerán inmediatamente. 


Si te persiguen y te arrojan a un fuego incandescente 
y en ese momento te concentras sobre el poder de Kannon, 
ese infierno en llamas se convertirá en un lago apacible. 


Si te encuentras a la deriva en el inmenso océano, 
si los demonios, los monstruos marinos y los dragones te amenazan, 
y en ese momento te concentras en el poder de Kannon, 
las olas no te tragarán ni nada podrá hacerte daño. 


Si te encuentras en la cima del monte Sumi 
y alguien te empuja arrojándote al abismo, 
si en ese momento te concentras sobre el poder de Kannon, 
flotarás en el cielo como el sol poniente. 


Si unos hombres malvados te arrojan desde lo alto del monte Kongo, 
si en ese momento te concentras sobre el poder de Kannon, 
no sufrirás ni siquiera un rasguño. 


Si te ves rodeado por asesinos, ladrones y malechores 
que te amenazan empuñando espadas y cuchillos 
y en ese momento te concentras sobre el poder de Kannon, 
en cada uno de ellos se despertará el espíritu de la Compasión. 


Si el rey te condena al patíbulo, si sobre tí cae el peso de una injusticia mortal, 
concéntrate sobre el poder de Kannon, 
las ataduras cederán y podrás recuperar la Perfecta Libertad. 


Si alguien te envenena, si alguien te embruja o te persigue, 
concentrándote sobre el poder de Kannon, 
esas fechorías, por maléficas que sean, se volverán contra sus autores. 


Si te encuentras con los demonios comedores de hombres, 
con el dragón venenoso o con algunos de los muchos demonios, 
concentrándote sobre el poder de Kannon, 
esas fieras, por aterradoras que sean, huirán lejos. 


Si las serpientes, las víboras, las cobras, 
si los escorpiones te amenazan con sus venenos resplandecientes, 
si te concentras sobre el poder de Kannon, 
la pureza de este sutra los ahuyentará de tu lado. 


Si el trueno ruge y los rayos rasgan el cielo, 
si el huracan lo arrasa todo, casas, hombres, árboles, 
concentrándote sobre el poder de Kannon, 
estos fenómenos se convertirán en una brisa ligera. 


Cuando todos los seres sensibles sufren mil tormentos y se exponen a grandes tribulaciones, 
el poder de la sabiduría sublime de Kannon se manifiesta en este mundo para salvar de su horrores a todos los seres afligidos. 


Kannon posee plenamente todos los poderes sobrenaturales. 
Su sabiduría suprema se manifiesta universalmente. 
No hay ningún lugar del mundo en el que el cuerpo de Kannon no pueda manifestarse. 


Las miríadas de karmas nefastos, el infierno, el mundo animal y el demoníaco, el ciclo de nacimiento, vejez y muerte, todos estos sufrimientos están destinados a desaparecer. 


Aparecerá la Observación Pura. La Sabiduría Ilimitada y la Compasión Infinita aniquilarán todo sufrimiento y la Alegría y la Felicidad reinarán universalmente, gracias a estos Votos para toda la eternidad pronunciados y sin manchas preservados. 


La Pura Iluminación y el Sol de la Sabiduría romperán la oscuridad y fundirán las cadenas del fuego y del viento. El mundo de los seres sensibles brillará entonces eternamente. El sufrimiento será aniquilado gracias a esta Observación Compasiva, poderosa como el trueno. 


Gracias a la virtud y al poder de la Compasión Universal una lluvia de néctar caerá sobre todos los seres y apagará el fuego ardiente de las pasiones. 


Si te encuentras ante un juicio, en el palacio del gobernador, 
si estás combatiendo a muerte en el campo de batalla 
¡concéntrate sobre el poder de Kannon! 
Todos los enemigos y calumniadores desaparecerán. 


El sonido sublime del nombre Kanzeon, límpido como las olas del océano, suprime todos los ruidos de este mundo. 


Si te concentras constantemente, sin ninguna duda, sobre el santo nombre de Kanzeon, el sonido puro y maravilloso de este nombre te será de una gran ayuda ante los sufrimientos y en el momento de enfrentarte a tu muerte. 


Todos los seres sensibles, por numerosos que sean, serán regenerados en el Océano de su Infinita Felicidad, gracias a sus innumerables virtudes y a su mirada compasiva. 


Por eso le debemos la más alta veneración.”


En este momento, el Bodisatva Muyini se levantó rápidamente de su asiento, se dirigió hacia el Buda y le dijo: 


Universalmente Venerado, todos los seres sensibles que oigan hablar del Sutra del Bodisatva Kanzeon y de las acciones que realiza en virtud de su Suprema Libertad, reconocerán sin duda el gran valor de sus méritos y virtudes y experimentarán su poder sobrenatural que se manifiesta universalmente.


Después de que el Buda Sakiamuni hubo pronunciado estas palabras, ochenta mil seres sensibles dirigieron sus mentes hacia la Suprema y Perfecta Iluminación, anokutara sanmiakusan bodaishin.


Extraído de "Iluminación Silenciosa, Antología de textos soto zen".  
Edición a cargo de Dokushô Villalba y Kepa Eguiluz.
Ediciones Miraguano, Madrid, 2010.



Texto del sutra en romanji para su recitación:

MIOHORENGEKYO KANZEON BOSATSU FUMONBONGÉ






Sê son miô sô gû
gâ kon yû mon pî
Bus-shî gâ in nen              
miô î kan zê on
Gû soku miô sô son          
gê tô mû yî nî
Niô chô kan non guiô           
zen nô shô hô sho
gû zei yin niô kai            
riak-ko fû shî guî
Yî tâ sen noku butsu          
hotsu dai shô yô gan
gâ î niô riaku setsu          
mon miô giû ken shin
shin nen fû kû kâ              
nô metsu shô û kû
kê shî kô gai î                
sui raku dai kâ kiô
Nen pî kan non riki            
kâ kiô hen yô chî
Uaku hiô rû kô kai            
riû giô shô kî nan
Nen pî kan non riki            
hâ rô fû nô motsu
Uaku zai shû mî bû            
î nin shô sui dâ
Nen pî kan non riki            
niô nichi kô kû yû
Uaku hî aku nin chiku          
dâ raku kon gô sen
Nen pî kan non riki            
fû nô son ichi mô.
Uaku chî on zoku niô           
kaku shô tô kâ gai
Nen pî kan non riki            
gen soku kî yî shin.
Uaku sô ô nan kû              
rin giô yoku yû shû
Nen pî kan non riki            
tô yin dan dan ê.
Uaku shû kin kâ sâ             
shû soku hî chû kai
Nen pî kan non riki            
shaku nen toku guê datsu.
Shû sô shô doku yaku           
sho yoku gai shin sha
Nen pî kan non riki            
guen yaku ô hon nin.
Uaku gû aku râ setsu           
doku riû shô kî tô           
Nen pî kan non riki            
yî ship-pû kan gai.
Niaku aku yû î niô             
rî gê sô kâ fû
Nen pî kan non riki            
shis-sô mû hen pô.
Gan ya giû buk-katsu           
kê doku en kâ nen
Nen pî kan non riki            
ô yî toku shô san.
Shû yô hî kon yaku             
mû riô kî his-shin
Kan non miô chî riki           
nô gû sê ken kû.
Gû soku yin zû riki            
kô shû chî hô ben
Yip-pô shô koku dô             
mû setsu fû gen shin
Shu yû shô aku shû             
yî goku kî chiku shô
Shô rô biô shî kû              
î zen shitsu riô metsu
Shin kan shô yô kan            
kô dai chî ê kan
Hî kan giû yî kan              
yô gan yô sen gô
Mû kû shô yô kô                
ê nichi hâ sho an
Nô buku sai fû kâ              
fû miô shô sê ken
Hî tai kai rai shin           
yî î miô dai un
Yû kan rô hô û                 
metsu yô bon nô en
Yô shô kiô kan sho             
fû î gun yin chû
Nen pî kan non riki             
shû on shi-tai san
Miô on kan zê on                
bon non kai chô on
Shô hî sê ken non              
zê kô shû yô nen
Nen nen mos-shô guî            
kan zê on yô shô
ô kû nô shî yaku
nô î sâ î ê kô
gû is-sai kû doku
yî guen yî shû yô
Fuku yû kai mû riô             
ze kô ô chô rai. 

Nî yî. Yî yî bô sâ. Soku yû zâ kî. Zen biaku butsu gon. Sê son. Niaku û shû yô. Mon zê kan zê on bô sâ hon. Yî zai shî gô. Fû mon Yî guen. Yin zû riki sha. Tô chî zê nin. Kû doku fû shô. Bus-setsu zê fû mon hon yî. Shû chû hachi man shî sen shû yô. Kai hotsu mû tô dô  â noku tâ râ san miaku san bô dai shin. 



domingo, 25 de julio de 2010

Entrevista a Dokushô Villalba para DIAGONAL CANTABRIA



“El zen no busca la trascendencia en un más allá, sino en lo cotidiano”.



Dokushô Villalba, 
fundador de la Comunidad Budista Soto Zen española.


Entrevista de Javier Fdez. Retenaga. Redacción.


DIAGONAL CANTABRIA: El zen no cultiva la fe en la reencarnación, ni en una vida ultraterrena. ¿En qué busca el zen la trascendencia?
DOKUSHO VILLALBA: La trascendencia en el zen consiste en pasar de un estado de conciencia egocéntrico a un estado de conciencia cosmocéntrico; o de una conciencia individual a una consciencia cósmica, podríamos decir, o global. El ser humano no es sólo el individuo que creemos ser, esa entidad que está dentro de nuestro cuerpo, el ego. Esa visión reducida es una visión egocéntrica, cuando desde el punto de vista de la conciencia despierta de un Buda, la vida es una totalidad, y la vida del ser humano es inseparable de —o es lo mismo que— la vida de los demás seres vivos. Darse cuenta de eso, y vivir de acuerdo con ello, es la experiencia de la trascendencia. No es una trascendencia que se encuentre en el más allá, sino aquí, en la vida de cada día.


D.C.: En ese sentido, Suzuki —uno de los autores a quien se debe la difusión del zen en Occidente— dice: “En tanto quede el mínimo vestigio de una conciencia de ’este’ o ’aquel’, de ’mío’ y ’tuyo’, no se podrá alcanzar una comprensión profunda del zen”. ¿Busca el zen la disolución del yo, una conciencia de unidad con todas las cosas?
D.V.: Exacto. La autoconciencia individual cumple una función, pero quedarnos en esa autoconciencia individual es como reducir el espacio en que uno puede vivir y perder la perspectiva de una mirada mucho más elevada. Al final, para el zen, “yo” y “tú” son conceptos, representaciones mentales sin correspondencia en la realidad tal como es. En el zen, la experiencia más importante es el despertar, que se da cuando el ser humano puede ver la realidad tal como es, sin estar mediatizado por las concepciones culturales, educacionales, ni siquiera biológicas. Mientras no veamos la realidad tal como es no podremos vivir en armonía con esa realidad. Viviremos una realidad ficticia; por ejemplo, la de la cultura humana actual, que está en contradicción, en conflicto, con la naturaleza que representa las cosas.


D.C.: En el zen no hay dioses, ni seres sobrenaturales, pero ¿hay para el zen algo sagrado?
D.V.: Todo es sagrado y nada es sagrado. Si hay algo que sea sagrado, todo debe ser considerado sagrado; y si hay algo que no sea sagrado, entonces nada debe ser considerado sagrado. Para el zen, profano y sagrado siguen siendo conceptos, representaciones de la realidad. ¿Por qué decimos que unas cosas son sagradas y otras no? Por puro convencionalismo. Los maestros zen en general han sido bastante irreverentes.


D.C.: Cuando examinamos el zen, a menudo nos encontramos con afirmaciones contradictorias, aparentemente absurdas. Wittgenstein, uno de los filósofos más destacados del s. XX, decía de su Tractatus que quien lo comprende acaba por darse cuenta de que sus proposiciones carecen de sentido, debiendo, por así decir, tirar la escalera después de haberla subido. ¿Puede decirse lo mismo de las enseñanzas del zen?
D.V.: Sí, son medios hábiles. Nosotros decimos que es como usar una barca para atravesar el río, pero una vez atravesado no se te ocurre seguir tu camino cargando con la barca. En el zen se dice que la conciencia no es el lenguaje. Debemos experimentar esta conciencia que está más allá del lenguaje. Esto quiere decir que ninguna palabra, ninguna categoría mental puede designar lo que la realidad es. Confundimos nuestros conceptos, nuestras representaciones mentales de la realidad, con la realidad misma. No nos damos cuenta de que nos estamos moviendo en un mundo de representaciones mentales. Cuando uno dice árbol cree que eso es un árbol, pero eso no es un árbol. Toda la enseñanza oral (denominada enseñanza provisional) y escrita son medios hábiles que pueden acercarnos a la experiencia de lo absoluto.


D.C.: El zen carece de dogmas y de un cuerpo doctrinal que podamos analizar y juzgar. ¿Qué enseña entonces?
D.V.: Hay enseñanzas, pero no deben tomarse como dogmas, como verdades absolutas. El acercamiento al zen no se hace desde la creencia, pero las enseñanzas sirven de marco para que fructifique la experiencia. El zen es una experiencia, que se facilita sobre todo con la práctica de la meditación. Lo que hacemos sobre todo es enseñar a la gente a meditar. El zen no es una doctrina, pero hay enseñanzas, que se discuten. Son hipótesis de trabajo: si te van bien, te ayudan y te sirven, bien; si no, las desechas.


D.C.: ¿Y en qué consiste esa meditación?
D.V.: Al comienzo se desarrolla una atención lúcida sobre la respiración. Esa es la puerta de entrada a un estado de conciencia más profundo. En ese estado no se hace nada, no es una meditación intencional, ni de llegar a nada, ni de liberarse de nada; solamente estar ahí en un estado de presencia, observando y tomando conciencia de lo que está sucediendo, de sensaciones corporales, sentimientos, emociones, sin hacer nada para cambiarlos. Es un puro acto de conciencia. Y eso va generando un estado de presencia, un estado de lucidez, de conciencia global, que en un determinado momento se abre en una experiencia de despertar.


D.C.: El zen busca en la meditación un estado de no-pensamiento. ¿Cómo lo traslada luego a la vida cotidiana?
D.V.: Lo que sucede es que los estados de pensamiento y no-pensamiento no son incompatibles. De hecho lo que enseña la meditación zen en estados avanzados es a pensar sin pensar, a no pensar pensando. Pensar desde el fondo del no-pensamiento. Tomemos el ejemplo de la música. Las notas musicales son los pensamientos, pero la música no sería lo que es sin el silencio; la música es una combinación de sonidos y silencio. Nuestra vida es igual; lo que sucede es que nosotros hemos olvidado el silencio, el no-pensamiento. La meditación zen nos permite estar en calma en medio de la agitación y del ruido.


D.C.: Dice que en su juventud experimentó con diversas drogas: LSD, peyote, ayahuasca. ¿Le proporciona también el zen un estado alterado de conciencia, de una manera natural, sin psicotrópicos?
D.V.: Las sustancias que yo he probado lo que hacían no era alterar, sino expandir la conciencia. Pienso que lo que se llama conciencia ordinaria es un estado alterado de conciencia. La meditación también conduce a estados expandidos de conciencia. Al expandirse ve más, percibe más. Se alcanza en realidad un estado más natural de conciencia, porque en la meditación no hacemos nada, absolutamente nada, nos sentamos y respiramos. ¿Qué puede ser más natural que esto? En los cursos de retiro y meditación, por supuesto, todas las drogas están prohibidas, la alimentación es vegetariana y sólo se bebe agua o té. La meditación es una vía de expansión, de devolver al ser humano a su conciencia original.


D.C.: ¿Es paz interior lo que busca el zen?
D.V.: En el trasfondo del budismo está siempre la búsqueda de la felicidad. El budismo es una respuesta a ese impulso que hay en todo ser humano. Las causas de la felicidad o infelicidad no residen en las circunstancias externas, sino en tu propia mente.


D.C.: ¿Tiene entonces el zen cierto parecido con el estoicismo, en el sentido de una búsqueda de la impasibilidad, de la imperturbabilidad, del desprendimiento de las cosas externas?
D.V.: Hay bastante parecido. El zen se caracteriza por la sobriedad, la sencillez, la simplicidad y la evitación los extremos. El resultado de eso es la impasibilidad, que no es lo mismo que la indiferencia. Es un estado de equilibrio y de atención, no de dejadez y abandono.


D.C.: ¿Y se busca una anulación del deseo?
D.V.: No tanto anulación cuanto reeducación.


D.C.: ¿Moderación?
D.V.: Sí, atemperarlo, pero no mediante un esfuerzo de la voluntad; no es una represión. Hoy en día necesitamos una educación del deseo, necesitamos aprender a desear. Porque el deseo es la mayor fuerza del universo. Pero el deseo es como un fuego; si no se aprende a dominar y se excita insensatamente se convierte en una fuerza destructora. La prueba es lo que sucede en la sociedad de consumo, que se basa en excitar el deseo, ésa es la energía básica de la que se alimenta el sistema productivo actual. Nos están ordeñando como a vacas, incitándonos a través de la publicidad, de la educación y del sistema social y cultural a desear, a desear, a desear... El deseo está destruyendo el planeta, por el sobreconsumo, la sobreexcitación del deseo. Y a esta locura se le llama generar riqueza. Esto se nos ha escapado de las manos y ya no es fácil pararlo, porque ese fuego ya ha prendido. Será necesaria una reeducación de muchas generaciones para que las aguas vuelvan a sus cauces originales y aprendamos a desear lo necesario para vivir y que el deseo se convierta en una fuerza creativa, de vida, y no en una fuerza destructiva.


D.C.: ¿Es el zen egoísta, en el sentido de que sus seguidores busquen el perfeccionamiento personal, indiferentes a los cambios sociales? ¿La meditación aisla?
D.V.: No, la meditación abre, expande, te hace trascender el egocentrismo, y de un modo natural, hace surgir la compasión. No en el sentido de tener lástima de, sino de sentir lo mismo que. El punto de partida de la búsqueda espiritual de Buda no fue el perfeccionamiento personal, sino la constatación de la enfermedad, de la vejez y de la muerte. Se preguntó por qué esto nos hace sufrir tanto. Y se lo preguntó porque vio enfermos, ancianos desvalidos y cremaciones de muertos. Un practicante zen que no esté en contacto con el sufrimiento del mundo no tendrá la fuerza interior suficiente para profundizar en la meditación. Si su motivación es el propio bienestar, la propia perfección, crearse un microcosmos, no llegará muy lejos. Si desplazas el centro de identidad de ti mismo y tu conciencia se vuelve multicéntrica, vas a sentir al otro como te sientes a ti mismo. De hecho, la compasión, la solidaridad, no pueden ser imperativos morales. Si se las considera así son como órdenes que entran en la mente del individuo, pero ¿si el individuo no lo siente? Por muchos decretos que vengan de arriba, del Papa o del maestro budista, no podrá hacerla suya. Nosotros no lo consideramos un imperativo moral, sino un resultado fructífero de la práctica de la meditación cuando es bien conducida.


D.C.: ¿Hay alguna estructura jerárquica en el zen, alguna autoridad suprema?
D.V.: Hay una especie de director general que se cambia cada dos años, por elección. Todas las funciones administrativas son elegidas. La jerarquía básica es la que se da entre discípulo y maestro.


D.C.: ¿Es el maestro una especie de director espiritual?
D.V.: No, no es un consejero, es un maestro de meditación básicamente. Lo que pasa es que la meditación es uno de los tres pilares de la práctica budista: el comportamiento moral acorde al dharma, la meditación y el conocimiento. El maestro transmite conocimiento, enseña a meditar y te inspira una determinada forma de vida.


D.C.: ¿Y ese comportamiento moral acorde al dharma en qué consiste?
D.V.: Son los principios de la moral universal: no matarás, no robarás, no mentirás... Pero el principio básico que subyace a todo esto es “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti mismo”, la regla de oro de la moral universal: No le inflijas a otro el dolor que no te gustaría experimentar a ti mismo. No está basado en supuestas verdades absolutas que vienen de arriba y hay que acatar.



lunes, 12 de julio de 2010

EL SUTRA DE LA GRAN SABIDURIA en chino







Recitación-canto del Sutra de la Gran Sabiduría (Maha Prajña Paramita Hridaya sutra) o Sutra del Corazón, en chino.


miércoles, 30 de junio de 2010

Maha Prajña Paramita sutra, cantado en sánscrito







El sutra de la Gran Sabiduría 
(Maha prajña Paramita Hridaya sutra
cantado por un coro de mujeres orientales.

 

sábado, 26 de junio de 2010

El Dharma de la Crisis Planetaria


¿Es tiempo para un Séptimo Concilio Budista?
por David R. Loy y John Stanley

La civilización se terminará si seguimos naufragando en esta competencia por el poder, la fama, el sexo y el liderazgo económicos.
Thich Nhat Hanh,
The Art of Power

Si continuamos abusando de la Tierra, del modo que lo estamos haciendo, no cabe duda de la amenaza de destrucción que pesa sobre nuestra civilización. El cambio necesario implica iluminación, despertar. El Buda logró el despertar individual. Ahora necesitamos iluminación colectiva para detener este curso de destrucción.

Estamos atravesando tiempos de grandes crisis, confrontados por el reto más grande que la humanidad haya tenido que enfrentar: las consecuencias ecológicas de nuestro karma colectivo. Los científicos han determinado, más allá de toda duda razonable, que las actividades humanas están desencadenando un desastre ambiental a escala planetaria. El calentamiento global, en particular, ocurre a una velocidad incluso mayor de la esperada.
Cada vez son más los científicos que, como Thich Nhat Hanh, creen que la supervivencia de la civilización humana, quizás la raza humana misma, está en jaque. Hemos llegado a un punto crítico en nuestra evolución, tanto biológica como social. ¿Qué rol ocupa el budismo en esta causa? ¿Pueden las tradiciones budistas ayudarnos a enfrentar este reto, saliendo victoriosos? Estas preguntas de carácter urgente no pueden ser evadidas por más tiempo.


Nuestro entorno físico está cambiando a una velocidad mayor que las transformaciones acontecidas en cientos de millones de años, a excepción de los particulares cataclismos que devastaron la vida sobre la Tierra.
Dr. Ken Caldeira,
Stanford University
No nos gusta pensar en esta crisis ecológica, así como tampoco nos gusta pensar en nuestra propia muerte. Tanto en un caso como en el otro, la reacción de la humanidad es la negación. Reprimimos lo que sabemos pasará, pero a un alto costo: perseguidos por un vago terror nos obsesionamos por la competencia, el poder, la fama, el sexo y las finanzas. Muchos psicólogos creen que la gente de las sociedades altamente industrializadas es físicamente disminuida, consecuencia de su alienación de la naturaleza y su incapacidad de sentir la belleza del mundo o responder a su propia angustia. La persuasiva influencia de la publicidad es efectiva prometiendo llenar este vacío. Pasamos nuestro tiempo comprando substitutos cómodos que no nos dejan nunca satisfechos, porque nunca, nunca, tendremos suficiente de lo que en realidad no deseamos tener.

Las predicciones científicas respecto de los cambios ambientales son complicadas de entender completamente para las personas corrientes; oímos de altas temperaturas y el aumento del nivel del mar, superpoblación, recursos escasos y la extinción de especies. Donde quiera que sea las actividades humanas están acelerando la destrucción de elementos clave para el ecosistema natural, del cual dependemos todos los seres vivientes. Estos desarrollos amenazadores son individualmente drásticos y sorprendentes en su conjunto. La población mundial se ha triplicado, solo en el siglo XX. La economía productiva global puede llegar a aumentar de cinco a diez veces, con las correspondientes cuotas de consumo extremo de energía, producción de dióxido de carbono y deforestación. Es difícil imaginar todas estas cosas pasando mientras vivimos y en el curso de la vida de nuestros hijos.


Tenemos que considerar las perspectivas globales del sufrimiento 
y de la degradación del medio ambiente más que cualquier otra cosa 
en la historia de la humanidad.
14º Dalai Lama,
Collected Statements on the Environment.

El escape de esta trampa de la atención requiere elecciones conscientes basadas en una mayor percepción de nuestra verdadera situación. Como dice la eco-filósofa y discípula budista Joanna Macy: "la negación de lo que está pasando es por si misma el mayor peligro a enfrentar". Desafortunadamente, nuestra tendencia colectiva a la negación ha sido reforzada y manipulada por poderosas fuerzas económicas y políticas, cuyas bien pagadas campañas publicitarias y relaciones públicas tuvieron éxito en confundir toda la cuestión del cambio climático.

En Junio del 2008, James Hansen, director del Instituto de la NASA para Estudios Espaciales 'Goddard' y uno de los climatólogos más respetados del mundo, convocó a que uno de los directores de una gran compañía de combustible fósil sea juzgado por crímenes contra la humanidad y la naturaleza. Veinte años antes Hansen había pronunciado un discurso pionero que advertía al congreso de los graves peligros del calentamiento global debido al uso de combustibles basados en el carbono. Desde entonces, la crisis del cambio climático ha empeorado. Las emisiones de gas carbónico, que ya son las más altas que nuestra especie haya experimentado, se han estado incrementando radicalmente y si siguen esta tendencia los niveles de CO2 se duplicarán hacia mitades de siglo. De acuerdo con Hansen es necesario tomar acciones radicales de inmediato si queremos superar este calentamiento desmedido.

Los hielos del Ártico ofrecen un ejemplo dramático de estos argumentos. Los efectos del calentamiento global están sucediendo más rápidamente en los polos. Por mucho más tiempo del que nuestra especie ha vivido en esta Tierra, el Ártico ha estado cubierto por una superficie de hielo tan grande como toda Australia. Ahora, debido al aumento de la temperatura del océano y del aire, este hielo se ha estado derritiendo rápidamente. En el 2007 un reporte del Panel Intergubernamental en cambio Climático (Intergovernmental Panel on Climate Change) (IPCC) dice que el Ártico podría estar libre de hielo marítimo estival tan pronto como en el 2100. Hoy, cabe la posibilidad de que desaparezca en cinco años. Sin el 'Efecto Albedo' el cual describe que los blancos hielos reflejan los rayos solares, el océano Ártico absorberá más radiación solar, calentando las masas de tierra costeras. El derretimiento del Glaciar Greenland, por si mismo, elevaría los niveles marinos del mundo siete metros.




‘El Ártico ha sido habitualmente citado como el canario de las minas de carbón, 
en lo que respecta al calentamiento climático, y ahora el canario... ha muerto.’
Dr. Jay Zwally, Especialista en glaciares,
NASA Dic. 2007

Otra área críticamente afectada es el altiplano tibetano. La cordillera montañosa que lo rodea es fuente de ríos que proveen agua aproximadamente a la mitad de la población mundial: el Ganges, el Indus, el Mekong, el Yangtze y los Ríos Amarillos, entre otros. Los glaciares montañosos mantienen los sistemas de esos ríos acumulando hielo en invierno y descongelándose lentamente en verano. De acuerdo el mismo informe de la IPCC (2007), de todas formas, “Los glaciares en los Himalayas están retrocediendo más rápido que en cualquier otra parte del mundo y la tendencia de desaparecer hacia el 2035, o aún antes, es muy alta si la Tierra se sigue calentando a esta velocidad."

Los efectos adversos en los bosques, debido a la superpoblación y el desarrollo de elementos químicos en la atmósfera, han devenido en lluvias irregulares y calentamiento global. Este ha causado cambios en el clima, incluso derritiendo los Hielos Eternos, afectando no solo a los seres humanos, sino a otras especies.


Los ancianos dicen que estas montañas estaban cubiertas de una gruesa capa de nieve cuando ellos eran jóvenes y que ahora se están volviendo más y más delgadas, lo que puede significar que se acaba el mundo. El efecto dañino en la atmósfera, provocado por las emisiones químicas en los países industrializados es una muy mala señal.
14º Dalai Lama,
Collected Statements on the Environment

Globalmente, los eventos climáticos extremos (huracanes y tifones, inundaciones, olas de calor y sequías) han cuadruplicado su frecuencia desde 1950 hasta hoy día. El ciclo hidrológico planetario se ha desestabilizado, provocando terribles inundaciones en algunos sitios y aumentando la desertificación en otros. Así mismo, durante los últimos 30 años, nuestras corporaciones, nuestros políticos y los medios, que son ampliamente controlados por ellos – la “trinidad non sancta” – han contrapuesto activamente el montaje de “inconvenientes” datos científicos acerca de las causas y consecuencias del calentamiento global.

¿Cuál ha sido la respuesta corporativa y gubernamental a la repentina desaparición del hielo del Ártico? Las petroleras están muy emocionadas por las perspectivas de nuevos yacimientos. Los países se disputan la posesión de nuevos territorios cuyos recursos minerales y combustibles fósiles estarán pronto disponibles para ser explotados. Este comportamiento revela la relación entre los sistemas políticos y económicos que tenemos y los que necesitamos. Ecológicamente, tales reacciones no son menos descabelladas que las de un alcohólico que cree que la solución a su resaca es otro trago por la mañana.

El calentamiento global es una de las crisis ecológicas, aunque juegue un papel mayor por sobre las demás (como la desaparición de muchas especies de plantas y animales que comparten la Tierra con nosotros). Casi todos los científicos están de acuerdo en que la biosfera está sufriendo un evento masivo de extinción de especies, la sexta que ocurre en la historia de la geología.

Edward O. Wilson, de la Universidad de Harvard, uno de los más respetados biólogos a nivel mundial es de los que predicen que así como venimos haciendo los negocios, acabaremos por llevar a la extinción a la mitad de las especies vivientes, en el curso de este mismo siglo. Para los budistas esta puede ser la estadística que más nos haga pensar. ¿Qué significa para un bodhisattva, quien anhela salvar a todos los seres sintientes, que la mayoría de ellos están siendo arrastrados a la extinción por nuestras actividades económicas y tecnológicas?

Los seres humanos, más allá de nuestras habilidades, conocimientos y tecnología, somos básicamente un producto de la naturaleza. Por lo tanto, nuestro destino depende en gran parte de ella. A veces recibimos la errónea creencia de que podemos controlarla con la ayuda de la tecnología. Por consiguiente ha llegado el momento de darnos cuenta de la importancia de la naturaleza, la importancia del planeta.


Verás, un día podríamos encontrarnos con que todas las cosas vivientes 
de este planeta, seres humanos incluidos, están condenadas.
14º Dalai Lama,
Collected Statements on the Environment

La efectividad de la desinformación corporativa respecto del calentamiento global, especialmente en los EEUU, sugiere que el elemento crítico de nuestro apuro es la falta de conciencia, lo que nos lleva de nuevo al Budismo. El camino budista trata del despertar de nuestras ilusiones. Como dice Thich Nhat Hanh: hoy necesitamos un despertar colectivo de nuestras ilusiones colectivas – incluyendo la ilusión de haber sido habilidosamente manipulados por las compañías petroleras.

Según Al Gore, las compañías petroleras y carboníferas gastaron $427 millones de dólares en lobby y publicidad tan solo en la primer mitad del 2008. Sin importar quién maneje la Casa Blanca o el Congreso, permanecen en los medios masivos, el sistema nervioso de la sociedad, por llamarlo así, las megacorporaciones cuyas principales preocupaciones son las rentabilidades de sus publicidades y el no mantenernos informados del verdadero estado en el que se encuentra la Tierra. No podemos simplemente confiar en nuestros sistemas políticos y económicos para solucionar el problema, porque en gran medida ellos son el problema.

Esto implica una necesidad cada vez más grande y urgente en los budistas de reflexionar sobre la urgencia ecológica. Y tratar de hacer resistir las fuentes de nuestras grandes tradiciones. La crisis ambiental es también una crisis para el Budismo, porque el Budismo es la religión involucrada más directamente con la paliación de las ilusiones y el sufrimiento, el dukkha de todos los seres vivos, no solo de los humanos. Esto significa que el Budismo tiene algo particular para contribuir en este momento crucial en el que la humanidad necesita reunir lo mejor que ha aprendido a lo largo de su historia.

El tipo de sociedad consumista que constituimos hoy es tan tóxica para el ambiente que la manera en que estamos manejándonos resulta ser una estocada contra nuestra propia supervivencia. Para reorientar nuestra obsesión con el consumismo necesitamos distintas perspectivas que abran nuevas posibilidades. Las nuevas tecnologías no pueden salvarnos sin una nueva visión del mundo, una visión que reemplace nuestro énfasis en un crecimiento ilógico y sin fin, tecnológica y económicamente hablando, por un enfoque reparador de nuestra relación como especie con la Tierra.

Más precisamente, ¿qué es lo que tendría el Budismo para contribuir a esta conversión? Sus tradiciones no proveen una solución simple a nuestra crisis ambiental, pero su conocida crítica a la codicia, mala voluntad y la ilusión de un ego, los tres venenos que funcionan tanto institucionalmente como personalmente, nos pueden situar en la dirección correcta. Es más, el énfasis del Budismo en la transitoriedad, interdependencia y no ego, implica un profundo diagnóstico de las causas de nuestro dilema. Para una gran mayoría nuestra situación ecológica actual es una mayor y más funesta versión de la eterna urgencia humana. Tanto colectiva como individualmente sufrimos de un sentido de 'yo' que se siente desconectado de las demás personas y de la misma Tierra.

En términos contemporáneos, el sentido individual de 'yo' es una construcción psicológica y social, sin existencia o realidad propia. El problema básico con este 'yo' es el ilusorio sentimiento de dualidad. La construcción de un 'yo' interno separado, me aliena, generando un mundo 'exterior' ajeno y diferente a mí. Lo que es destacable de la perspectiva budista es su énfasis en el dukkha construido en esta situación. Este sentimiento de separación es incómodo (dukkha), porque un 'yo' ilusorio e insustancial es inherentemente inseguro. Como consecuencia nos obsesionamos con las cosas que 'esperamos' nos darán control sobre nuestra situación, especialmente en la competencia por el poder, la fama, el sexo y las finanzas, a la que se refiere Thich Nhat Hanh. Irónicamente, estas preocupaciones usualmente refuerzan nuestro problemático sentido de separación.

La solución budista no es erradicar los egos, cosa que no puede ser concretada, porque substancialmente no existe tal cosa como un 'ego' que exista por si mismo. Como expone Thich Nhat Hanh, “Estamos aquí para despertar de la ilusión de la separación.” Cuando me doy cuenta de que 'YO' soy lo que el mundo entero está haciendo aquí y ahora, el cuidar a los otros se vuelve tan natural y espontáneo como cuidar mi propia pierna. Esta es una unión vital entre sabiduría y compasión. Mi bienestar, a la larga, no se distingue del bienestar de los demás.

¿Acaso no se corresponden las urgencias individuales precisamente con nuestras urgencias ecológicas actuales? La enorme dualidad está entre la humanidad y el resto de la biosfera, entre nuestro sentido del 'yo' colectivo y el supuestamente externo mundo natural. La civilización humana es una construcción colectiva que induce a una separación del mundo natural, un sentimiento de alienación que causa dukkha. Los paralelismos continúan: nuestra respuesta a la alienación ha sido la obsesión colectiva con asegurarnos o justificarnos económica y tecnológicamente. Irónicamente (una vez más), no importa cuánto consumamos o cuánto dominemos la naturaleza, nunca será suficiente; porque el problema no reside en no tener suficientes riquezas o poder, sino en la alienación de la Tierra que sentimos. No podemos 'volver a lo natural' ¡porque de hecho nunca pudimos irnos! Necesitamos despertar y darnos cuenta de que la Tierra es nuestra madre, así como nuestro hogar y que, en este caso, el cordón umbilical que nos une a ella nunca podrá ser cortado. Si la Tierra se enferma, nosotros enfermamos. Si la Tierra muere, nosotros morimos.

Esa percepción implica mayor sensibilidad respecto a lo que ocurre en la biosfera, y mucho más cuidado al alterarla. Esto incluye un reconocimiento de las limitaciones de nuestro conocimiento. No podemos controlar un mundo que es, lejos, mucho más complejo que nuestras habilidades para entenderlo. Robert Jensen describe esto como la "la humildad humana que necesitaremos si hemos de sobrevivir a los usualmente efectos tóxicos de nuestra 'brillantez'”.

Nuestras actuales relaciones económicas y tecnológicas con el resto de la biosfera son insostenibles. Necesitamos ser radicales en el conservacionismo - es decir, conservar lo que hoy día estamos destruyendo con la explotación-. Para sobrevivir y prosperar a través de las duras transiciones a enfrentar, nuestras formas de vida y nuestras expectativas deben ser reguladas. Esto requerirá nuevos hábitos y nuevos valores. Aquí, el énfasis Budista tradicional en el desapego y la simplicidad puede volverse un factor muy importante en cuanto ayuda a redescubrir y reevaluar el sacrificio personal.

"Necesitamos recuperar un profundo sentimiento de comunidad que ha desaparecido de muchas vidas. Esto significa abandonar cierto sentido de individualidad, como máquinas consumistas alentadas por la cultura contemporánea y profundizar nuestras nociones de lo que significa ser humanos en búsqueda de un sentido”.
Robert Jensen.

Reconocer la seriedad de nuestra situación es vivir con un profundo sentido de pesar por lo que colectivamente hemos y seguimos causando. No debemos cerrar los ojos a una posibilidad real fundamentada por recientes estudios científicos: la extinción de nuestra especie. Somos desafiados por un nuevo tipo de dukkha, que las generaciones budistas previas nunca han enfrentado. Reconocer a este dukkha nos ayuda a soltar la competencia ilusoria por el poder, la fama, el sexo y las financias, que de otra forma nos distrae de la tarea crucial que necesita ser realizada. Este pesar no niega la alegría de vivir, la cual se vuelve aún más preciada a trasluz de nuestra elevada percepción de que esta alegría es transitoria. La devoción a realizar esta tarea, juntos, puede ser también una fuente de júbilo.

 Nosotros proponemos que en este momento de extraordinaria crisis climática, se convoque a una conferencia internacional que una a los líderes de todas las tradiciones budistas con el objetivo de considerar una respuesta colectiva. La urgencia de nuestra situación podría requerir un Concilio Budista – algo que ha ocurrido solo seis veces en la historia del Budismo. Según el Canon Pali, el primer Concilio Budista tuvo lugar en Rajagaha poco después del parinirvana del Buda; el sexto fue en Rangoon (Yangon) en 1954. Todos estos Concilios se convocaron para afirmar y preservar el Dharma y el Vinaya, pero hoy llama a algo totalmente distinto. En vez de irnos hacia dentro y enfocar la clarificación del Budadharma, los maestros budistas necesitan ir hacia afuera y preguntarse como puede el Budadharma ayudarnos a entender y responder a esta emergencia. Necesitamos otro tipo de bodhisattvas, que tomen votos no solo por los seres individuales sino para salvar también los pilares que soportan la vida y a las especies que sufren en esta biosfera dañada.

Somos desafiados como budistas a trabajar y a aprender de cada uno de nosotros para poder responder más apropiadamente. Clarificando el Dharma esencial del Buda, inherente en sus diversas formas culturales, podemos fortalecer su profundo y vital mensaje para este momento crucial en la sociedad global. Si bien las instituciones budistas (así como otras instituciones religiosas) tienden a ser conservadoras, el énfasis budista en la transitoriedad e insustancialidad implica una apertura y una receptividad a nuevas posibilidades que definitivamente hoy son necesarias.

Sea o no considerada dicha reunión como una conferencia internacional o concilio budista, lo que es importante es que las distintas tradiciones budistas tengan la oportunidad de reunirse y considerar cuidadosamente nuestra situación colectiva. Se puede esperar que algunos líderes budistas tengan especializaciones en climatología y ecología, la reunión podría empezar con una presentación realizada por científicos respetados acerca de los datos más recientes y lo que implican. El resto del tiempo sería volcado a intensas discusiones entre los participantes, para responder compartiendo perspectivas de este momento crítico y generando una comprensión consensuada con recomendaciones hacia la comunidad budista.

La mayor parte de la gente aún ve el mundo desde la óptica de sus religiones y esto implica una responsabilidad social para con las religiones. Si las ópticas religiosas necesitan ser actualizadas para poder responder a la emergencia climática, las distintas religiones necesitan hacer un mejor trabajo comunicándose y aprendiendo las unas de las otras. Pero... ¿Cómo hacer eso, salvo que los distintos grupos dentro de cada religión se comuniquen mejor? ¡Qué ejemplo inspirador podría dar el Budismo si las distintas tradiciones budistas fueran capaces de juntarse y elaborar una respuesta conjunta a esta emergencia climática! Dada la falla de nuestros sistemas políticos y económicos, esta es una oportunidad para las religiones de aceptar el reto de una forma que ninguna otra institución humana está capacitada para abordar.

En este momento de gran necesidad, la Tierra nos llama. Si el Budismo no nos ayuda a escuchar su clamor, o no ayuda a responder a éste, entonces quizás no es el Budismo la religión que el mundo necesita hoy. Este planeta azul es un hábitat maravilloso. Su vida es la nuestra; su futuro es nuestro futuro. De hecho, la Tierra actúa como una madre para con todos nosotros. Dependemos como niños de ella. Respecto de problemas de alcance global como el efecto invernadero, las organizaciones y los países por separado son inútiles.

A menos que trabajemos todos juntos, no vamos a encontrar solución alguna. 
Nuestra madre Tierra nos está enseñando una lección de responsabilidad universal.
14º Dalai Lama,
Collected Statements on the Environment.

David R. Loy es maestro budista zen y doctor en Filosofía. David Loy es un norteamericano que vivió muchos años en Japón y que bucea hábilmente en las aguas académicas. Loy es por sobre todo un representante de lo que hoy en día se llama "Budismo Socialmente Comprometido", el budismo que se sale de los monasterios para inmiscuirse de manera activa en lo social. En especial, a este hombre le gusta pensar sobre las problemáticas económicas, sociales y ambientales actuales desde lo que la perspectiva budista puede aportar, y hace un puente ida-vuelta entre el pensamiento oriental y occidental: no sólo lo que el budismo le puede contribuir a occidente, sino también lo que occidente le puede aportar al budismo.

John Stanley

3 Septiembre 2008
Traducción: Daniel Barbier para la Fundación Maitreya


Fotografías de Maguy Borrás

viernes, 25 de junio de 2010

¿Por qué quiero ser bodisatva?



Ordenación de Bodisatva
Miércoles 18 de Agosto 2010
A las 12h.
en el Templo Zen Luz Serena



Por numerosos que sean los seres,
hago el voto de liberarlos a todos.
Por numerosas que sean las oscuridades,
hago el voto de iluminarlas todas.
Por profundo que sea el Dharma,
hago el voto de fundirme en él.
Por maravillosa que sea la Vía del Buda
hago el voto de realizarla.


¿Por qué quiero ser bodisatva?

Desde el primer momento en que me senté a meditar, como consecuencia de la determinación de querer ‘ser mejor persona’, hace ya casi tres años, hasta ahora, han transcurrido largas jornadas de introspección y escucha atenta de mi interior.

Ello me ha valido para conseguir una calmada serenidad que se ha traducido en una mejor interacción con el medio que me rodea. Colmado de compasión, con la firme aceptación de mi ser al completo, incluyendo las sombras más oscuras, muchas tensiones han desaparecido.

Mi instructor, con su abnegado ejemplo día tras día, trabajando codo a codo; los cortos pero intensos momentos vividos en Luz Serena, la lectura de los maestros…

Durante este tiempo he aprendido unos valores para ser más feliz en esta vida. El camino del Zen me ha despertado, me ha permitido bucear en mi interior, reconocer lo verdaderamente importante, cambiar el rumbo y comenzar a caminar en la dirección adecuada.

El momento presente, la conciencia del instante, la aceptación del cambio continuo, la observación atenta de mi ser, una mejor comprensión y mayor compasión hacia mí mismo y hacia los demás, la paciencia y perseverancia, el esfuerzo, la tenacidad, la voluntad, el amor, la humildad, todas cualidades que he reconocido como claves del camino y que ahora, en el PEB encuentro como votos del bodisatva. Por tanto, si esas son las directrices de la vida del bodisatva, yo quiero ser bodisatva, pues ya he experimentado la felicidad que supone comprometerse con ellas y practicarlas como parte de la forma de caminar por esta vida.

Inmersos en la catarata de vida creada por la civilización en que vivimos, a donde nos arrojan de pequeños como esclavos a los leones, no resulta fácil llegar a la otra orilla y cambiar el rumbo, dirigirnos hacia el camino que permite beber del manantial de agua dulce sin que saciar nuestra sed suponga caer irremediablemente y de forma vertiginosa hacia el vcío de la catarata.

Por tanto, con la firme determinación de querer seguir el sendero aguas arriba, ir contracorriente, necesito buscar refuerzos donde aferrarme, tal es la presión del agua. Considero que esos peldaños serán diversos dependiendo de la etapa del camino en la que me encuentre y uno de ellos, el que tengo más cerca, es el de ordenarme bodisatva.
Ganar energía y seguir avanzando.
Un compromiso y un repostaje, formar parte de una familia, crear el campamento base desde donde partiremos para la siguiente etapa, continuar hacia la cumbre de esa montaña que no vemos pero si sentimos.
He aquí por qué quiero ser bodisatva.

Extracto de una carta dirigida al maestro Dokushô Villalba por un practicante zen.