miércoles, 12 de marzo de 2008

El actualmodo de vida no trae paz ni felicidad.

El actual modo de vida no trae paz ni felicidad: hay que cambiarlo

El monje budista sevillano participa hoy en Granada en el Congreso Ecología y Religiones.
Entrevista de Inés Gallastegui publicada en el diario Ideal de Granada el 6 de marzo del 2008.

Francisco Fernández Villalba nació en 1956 en una familia de jornaleros de Utrera (Sevilla) y, tras una crisis existencial, en 1978 'renació' como el monje Dokushó Villalba en París, de la mano del maestro budista zen Taisen Deshimaru. En ese intervalo, coqueteó con el catolicismo, el comunismo y las drogas psicodélicas. Tras su ordenación como maestro, ha completado su formación en París y Japón. En 1989 fundó el Templo Zen Luz Serena, en Valencia, donde reside con una pequeña comunidad y acoge retiros de meditación. Es autor de numerosos libros de difusión del budismo zen y hoy hablará en el marco del I Congreso Internacional Ecología y Religiones (Escuela de Arquitectura Técnica, 12.00 horas).

-¿Qué supuso en su vida el descubrimiento del budismo?

-Supuso una revolución interior total y una transformación de mi forma de vida. Supuso una clarificación mental, emocional y espiritual, una apertura a los demás y a la realidad del mundo. La meditación zen te ayuda a superar la visión egocéntrica.

-¿Qué es el zen: una religión, una filosofía o una forma de vida?

-El budismo zen no es una religión, ni una filosofía, ni una ideología, aunque es un poco de todo eso. Es un estilo de vida basado en la simplicidad y en la práctica de la meditación como una forma de permanecer en contacto con uno mismo, con las propias necesidades y emociones.

-El budismo se basa en la figura del maestro, pero es menos jerárquico que otras religiones...

-En el budismo zen no hay un aparato que dicte a los seguidores qué deben hacer y qué no. No es una institución de poder, sino una tradición espiritual que se basa en la transmisión entre maestro y discípulo, a través de una relación personal, de corazón a corazón. Lo más importante es que cada practicante experimente el estado de despertar, el buda.

-Entonces, ¿no es posible ser un budista autodidacta?

-Uno no tiene por qué ser budista para practicar meditación zen, pero tiene que aprender a meditar y necesita un maestro que le enseñe. He escrito libros de introducción a la práctica del zen, pero siempre remarco que el libro nunca sustituye al maestro. La meditación zen no es sólo una técnica; se transmiten también una actitud y un espíritu, y eso sólo puede hacerse de persona a persona.

-¿Con qué obstáculos culturales se encuentra el budismo para su difusión en occidente?

-El primero es la ignorancia que existe en Occidente de las religiones orientales en general y del budismo zen en concreto. En Occidente se intenta catalogar todo, y el zen no puede ser catalogado según las categorías habituales. Tiene un aspecto filosófico, pero no es una filosofía surgida del pensamiento discursivo. Es una religión en el sentido original del término: viene de 'religare', algo que une al individuo con la totalidad. Pero no es una religión teísta, ritualista ni dogmática. Una de mis principales funciones es explicar, a través de libros, conferencias y seminarios, qué es el zen. Cada vez son más las personas que encuentran en la vía del zen una bocanada de aire fresco.

-También hay una moda 'zen'. ¿Es algo superficial?

-'Zen' significa meditación, estado de introspección profunda. Pero se está utilizando como marca comercial: hay un iPod 'zen', una línea de cocina 'zen', un gel de baño 'zen' y gimnasios 'zen'... Es un abuso del término. Los creadores de tendencias siempre buscan nuevos estímulos para excitar al público a comprar, aunque sea utilizando el término zen, que es una filosofía del no consumo, de la simplicidad y la sobriedad.

-Asegura
que la meditación es muy útil en el mundo actual. ¿Es compatible con nuestro estilo de vida estresado, en el que apenas da tiempo de pensar?

-Yo creo que en nuestro modo de vida estresado se piensa demasiado, aunque sea en tonterías. No se trata de llevar una vida estresada y después hacer un poco de meditación para contrarrestar el estrés. A través de la práctica de la meditación nos damos cuenta de que este modelo de vida es absurdo, no lleva a ningún lugar, no conduce a la paz ni a la felicidad, y por tanto necesitamos cambiarlo.

-¿Qué tipo de personas se acercan a usted, a sus centros y sus retiros?

-Hay de todo. Hay igual número de hombres y mujeres, tienen entre 35 y 55 años y un nivel cultural medio-alto. Lo que impulsa a casi todo el mundo es una crisis existencial. Sobre todo a partir de los 45 ó 50 años, cuando uno ha conseguido lo que anhelaba a nivel social o material, los hijos están en la universidad y uno comienza a preguntarse: '¿Esto es todo? ¿En esto consistía la vida?'. Algunas personas encuentran en el zen una manera de responder a las preguntas.

-¿Hay maestras zen?

-Sí, por supuesto. En Japón hay menos porque es una sociedad más machista. Pero en Europa y, sobre todo, en Estados Unidos, hay maestras zen, y también lesbianas y gays que son maestros zen.

-Parece que el budismo no interviene tanto en la vida moral, social y política como lo hacen, por ejemplo, el catolicismo o el islam...

-No. En el budismo la libertad de conciencia es muy importante. Los maestros budistas raramente imponen comportamientos éticos a sus seguidores o discípulos. Inspiran, orientan, pero siempre es el individuo el que asume su responsabilidad y es fiel a su propia conciencia. El budismo está basado en una profunda confianza en el ser humano.

-Participa en el I Congreso Ecología y Religiones. ¿Por qué el budismo es ecologista?

-No sé si el budismo es ecologista: yo no represento al budismo. Estoy en el congreso porque llevo muchos años haciendo ver la profunda relación que hay entre la degradación ecológica actual y una determinada cosmovisión. Hace ya 2.500 años que el Buda enseñó el principio de interdependencia: ningún ser vivo existe por sí mismo; su vida sólo tiene lugar gracias a las relaciones que mantiene con todos los demás seres vivos. Y es el principio fundamental que ha descubierto la ecología moderna. En el sistema religioso y filosófico que ha marcado a Occidente, el ser humano fue puesto por Dios sobre todas las criaturas para que se sirviera de ellas, las usara y les causara temor, pavor y terror, tal y como se recoge en el Génesis. No sé cuál es el sentido original de esta enseñanza del Génesis, pero el hecho es que en la cultura occidental se ha interpretado que el hombre tiene carta blanca para hacer lo que le dé la gana en el medio ambiente, considerándose más como hijo de un Dios abstracto que como un hilo dentro de una trama de vida concreta.

-Su último libro se titula 'Zen en la plaza del mercado' (Ed. Aguilar). ¿Qué significa eso?

-En la tradición zen volver a la plaza del mercado significa volver, después de una experiencia espiritual profunda, a la vida cotidiana, a la relación con los demás. Pero en el libro la plaza del mercado representa el mercantilismo actual. El culto al mercado es el heredero de los monoteísmos tradicionales: se ha dejado de creer en Dios, pero se cree en el dios dinero. Es una forma de monoteísmo totalitario que se está imponiendo en todo el planeta y que es el principal causante de la degradación social y ecológica.

www.dokusho.eu
igallastegui@ideal.es

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