| Brisa fresca Ancho amor de mar * * * Ancho corazón * * * Inmóvil el mundo Arboles, trinos, murmullos. En la plaza juegan los niños, Ojor de sapo ** * Entre hojas * * * Sombra de árboles Sobre azul silencio ¡Ay, la tarde La brisa en los pinos * * * Glú-glú dice la fuente, Estalla la palmera Niña de viento, Bellas jóvenes Por los jardines ¡Ay, niña, Esa noche... Tres viejos amigos Tres viejos amigos: Amiga luna, Ebria la luna, El poeta borracho La luna se extingue Dokushô Villalba |
viernes, 6 de marzo de 2009
Haikus de primavera
Derechos y responsabilidades.
El siglo XX pasará a la historia, entre otras cosas, por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es un hecho histórico que a todos los seres humanos que viven sobre este Planeta se nos reconozcan los mismos derechos fundamentales: a la vida, al trabajo, a la opinión libre y a la libre expresión, a una vida digna, al sustento, al techo y a la educación. No obstante, como dice el refrán, del dicho al hecho hay mucho trecho. Necesitaremos tal vez varios siglos más para que estos Derechos no sean sólo una declaración formal escrita en papel mojado. Tendremos que seguir trabajando muy atentamente para que estos derechos sean efectivamente reconocidos y aplicados, tanto en nuestro medio social inmediato como en otras culturas y sistemas sociales. Tenemos un largo camino por delante.
Los ciudadanos de los países llamados democráticos nos hemos aprendido muy bien esta cantinela de nuestros derechos. Como niños mimados del progreso y de la sociedad del bienestar creemos incluso que tenemos derecho a todo. Cuando sentimos que abusan de nosotros exclamamos: “¡No hay derecho!”. Es imprescindible que defendamos nuestros derechos cuando sentimos que son pisoteados. No obstante, olvidamos demasiado a menudo que el uso del derecho debe ir imprescindiblemente asociado al uso de la Responsabilidad. Por ejemplo, como habitantes de una ciudad como Utrera, tenemos derecho a un entorno digno, a calles limpias, a barrios bien planificados, al servicio de alcantarillado, de recogida de basuras, de suministro de agua potable, de alumbrado público, etc. Al mismo tiempo, también tenemos responsabilidades y debemos cumplirlas con el mismo empeño con el que exigimos nuestros derechos. Tenemos la responsabilidad de cuidar nuestro entorno no contaminándolo, por ejemplo, con ruidos molestos, no tirando papeles ni basuras en las vías públicas. Tenemos el derecho de exigir responsabilidades a nuestros representantes elegidos pero al mismo tiempo tenemos el deber de exigirnos a nosotros mismos responsabilidades por lo que hacemos.
Este año, la declaración Universal de los Derechos Humanos será completada con la Declaración Universal de las Responsabilidades Humanas. No puede haber Derechos sin Responsabilidades de la misma forma que el ejercicio de la Responsabilidad necesita el respeto al Derecho.
En estos tiempos de abuso y dejación siento que es más importante que nunca practicar el principio según el cual:
“No trates a los demás como no te gustaría que te trataran a tí mismo.
Trata a los demás como te gustaría que te trataran a tí mismo”.
Dokushô Villalba
Los ciudadanos de los países llamados democráticos nos hemos aprendido muy bien esta cantinela de nuestros derechos. Como niños mimados del progreso y de la sociedad del bienestar creemos incluso que tenemos derecho a todo. Cuando sentimos que abusan de nosotros exclamamos: “¡No hay derecho!”. Es imprescindible que defendamos nuestros derechos cuando sentimos que son pisoteados. No obstante, olvidamos demasiado a menudo que el uso del derecho debe ir imprescindiblemente asociado al uso de la Responsabilidad. Por ejemplo, como habitantes de una ciudad como Utrera, tenemos derecho a un entorno digno, a calles limpias, a barrios bien planificados, al servicio de alcantarillado, de recogida de basuras, de suministro de agua potable, de alumbrado público, etc. Al mismo tiempo, también tenemos responsabilidades y debemos cumplirlas con el mismo empeño con el que exigimos nuestros derechos. Tenemos la responsabilidad de cuidar nuestro entorno no contaminándolo, por ejemplo, con ruidos molestos, no tirando papeles ni basuras en las vías públicas. Tenemos el derecho de exigir responsabilidades a nuestros representantes elegidos pero al mismo tiempo tenemos el deber de exigirnos a nosotros mismos responsabilidades por lo que hacemos.
Este año, la declaración Universal de los Derechos Humanos será completada con la Declaración Universal de las Responsabilidades Humanas. No puede haber Derechos sin Responsabilidades de la misma forma que el ejercicio de la Responsabilidad necesita el respeto al Derecho.
En estos tiempos de abuso y dejación siento que es más importante que nunca practicar el principio según el cual:
“No trates a los demás como no te gustaría que te trataran a tí mismo.
Trata a los demás como te gustaría que te trataran a tí mismo”.
Dokushô Villalba
jueves, 5 de marzo de 2009
“La llave de nuestra felicidad se haya en el interior de nuestra propia mente”
Entrevista a Dokushô Villalba
por José Manuel Moreno
03/Marzo
Aunque el nombre que le pusieron sus padres era Francisco, Dokusho es el que recibió con la ordenación de sacerdote budista zen. Nacido en Utrera, ha vivido en Sevilla, en Paris, en Madrid, en Valencia, en Japón... hoy nos relata sus experiencias y explica su filosofía de vida.
- ¿Qué supone para usted recibir el Mostachón de Oro? ¿Le ha sorprendido?
– El Mostachón de Oro es una distinción que concede la Orden del mismo nombre, que es una institución formada por personalidades destacadas de la sociedad y de la cultura utrerana. Para mí es un honor que tales personas hayan decidido distinguirme con su reconocimiento y su aprecio. Sé que hace unos años unos amigos utreranos me propusieron para el galardón, pero entonces no era el momento. Y ahora sí, me ha sorprendido. No me lo esperaba, la verdad.
- ¿De qué manera cree usted que ha contribuido al conocimiento y engrandecimiento de Utrera? Razón por la cual ha recibido el galardón.
– La verdad que yo no sé si he contribuído al conocimiento y al engrandecimiento de Utrera. Tal vez Usun Yoon lo esté haciendo más que yo. Lo que sí es cierto es que viajo mucho y participo en muchos encuentros y acontecimientos culturales y religiosos y siempre, en mi biografía, aparece que Utrera es la ciudad en la que nací. Pero siempre he dicho, y los que me conocen lo saben, que no tengo muy desarrollado el sentimiento patriótico, ni hacia la nación ni hacia la llamada patria chica.
- ¿En qué circunstancias y por qué decidió seguir el camino de la filosofía Zen?
– En el año 1977 yo era estudiante de Magisterio en Sevilla. Después de haber pasado por la lucha política contra la dictadura tuve una especie de crisis existencial y en ese momento asistí a una conferencia sobre Budismo Zen, que impartía un monje budista zen en la Facultad de Filosofía. Después comencé a practicar meditación zen con él y al cabo de un año ví claramente que ese era el camino de vida que quería seguir. Y hasta ahora.
- ¿En qué punto de su propio camino se encuentra ahora mismo?
– Tengo 52 años. Comencé a practicar la meditación zen con 20 años. Ahora hace pues 32 años que sigo la Vía del Zen y me sigo sintiendo como un principiante. Durante estos últimos 32 años ha pasado mucha agua bajo el puente. Comencé siendo un muchacho desorientado y ahora dirijo un templo budista zen y una comunidad con miles de personas que me tienen como referencia en su práctica espiritual. Pero como dijo un viejo maestro zen coreano antes de morir: Esto era yo hace ochenta años. Ochenta años después sigo siendo lo mismo.
- En dicho camino ha recorrido medio mundo ¿Con qué se queda de todos esos lugares que ha visitado a lo largo de su vida?
– Sería difícil decirlo. ¡Hay tanta belleza en este mundo! La vista del Teide nevado después de salir del mar de nubes es inolvidable, así como es impresionante el Monte Fuji en Japón. La bahía de Río de Janeiro desde el Concorvado me dejó sin aliento pero nunca olvido las puestas de sol que contemplaba cuando era joven desde la Cuesta del Merendero.
- Usted es fundador y reside en el Templo Zen Luz serena. ¿Qué le motivó a llamarlo así?
– La Luz Serena no es sólo el nombre de un lugar físico sino un estado de espíritu. Hace referencia a la lucidez de la conciencia y a la serenidad del corazón. Es el estado propio que se alcanza con la meditación zen cuando se ha practicado durante muchos años, un estado de serenidad luminosa.
- Por último ¿Es posible alcanzar la felicidad? ¿Por dónde empezar y hacia dónde dirigirse?
– La felicidad está siempre muy cerca, al alcance de nuestra mano. La felicidad es el estado innato del ser humano. ¿Has visto un recién nacido? Su luz, su bondad, su confianza básica en la vida… Pero algo sucede después que lo estropea todo: nos volvemos avariciosos, rencorosos, complicados… Inventamos dioses y religiones, adoramos ídolos con la esperanza de recuperar lo que hemos perdido, el paraíso original del que nos dicen que fuimos desterrados. Pero para el Budismo ese paraiso original sigue existiendo en la inocencia de nuestro propio corazón y puede ser recuperado cuando nos liberamos del sentimiento de culpa y de las demás emociones dañinas que nos afligen innecesariamente. No es necesario dirigirse a nadie ni a ningún sitio ya que la llave de nuestra felicidad se encuentra en nuestra propia mente.
Fuente: http://www.andaluciainformacion.es/portada/?a=33632&i=1
por José Manuel Moreno
03/Marzo
Aunque el nombre que le pusieron sus padres era Francisco, Dokusho es el que recibió con la ordenación de sacerdote budista zen. Nacido en Utrera, ha vivido en Sevilla, en Paris, en Madrid, en Valencia, en Japón... hoy nos relata sus experiencias y explica su filosofía de vida.
- ¿Qué supone para usted recibir el Mostachón de Oro? ¿Le ha sorprendido?
– El Mostachón de Oro es una distinción que concede la Orden del mismo nombre, que es una institución formada por personalidades destacadas de la sociedad y de la cultura utrerana. Para mí es un honor que tales personas hayan decidido distinguirme con su reconocimiento y su aprecio. Sé que hace unos años unos amigos utreranos me propusieron para el galardón, pero entonces no era el momento. Y ahora sí, me ha sorprendido. No me lo esperaba, la verdad.
- ¿De qué manera cree usted que ha contribuido al conocimiento y engrandecimiento de Utrera? Razón por la cual ha recibido el galardón.
– La verdad que yo no sé si he contribuído al conocimiento y al engrandecimiento de Utrera. Tal vez Usun Yoon lo esté haciendo más que yo. Lo que sí es cierto es que viajo mucho y participo en muchos encuentros y acontecimientos culturales y religiosos y siempre, en mi biografía, aparece que Utrera es la ciudad en la que nací. Pero siempre he dicho, y los que me conocen lo saben, que no tengo muy desarrollado el sentimiento patriótico, ni hacia la nación ni hacia la llamada patria chica.
- ¿En qué circunstancias y por qué decidió seguir el camino de la filosofía Zen?
– En el año 1977 yo era estudiante de Magisterio en Sevilla. Después de haber pasado por la lucha política contra la dictadura tuve una especie de crisis existencial y en ese momento asistí a una conferencia sobre Budismo Zen, que impartía un monje budista zen en la Facultad de Filosofía. Después comencé a practicar meditación zen con él y al cabo de un año ví claramente que ese era el camino de vida que quería seguir. Y hasta ahora.
- ¿En qué punto de su propio camino se encuentra ahora mismo?
– Tengo 52 años. Comencé a practicar la meditación zen con 20 años. Ahora hace pues 32 años que sigo la Vía del Zen y me sigo sintiendo como un principiante. Durante estos últimos 32 años ha pasado mucha agua bajo el puente. Comencé siendo un muchacho desorientado y ahora dirijo un templo budista zen y una comunidad con miles de personas que me tienen como referencia en su práctica espiritual. Pero como dijo un viejo maestro zen coreano antes de morir: Esto era yo hace ochenta años. Ochenta años después sigo siendo lo mismo.
- En dicho camino ha recorrido medio mundo ¿Con qué se queda de todos esos lugares que ha visitado a lo largo de su vida?
– Sería difícil decirlo. ¡Hay tanta belleza en este mundo! La vista del Teide nevado después de salir del mar de nubes es inolvidable, así como es impresionante el Monte Fuji en Japón. La bahía de Río de Janeiro desde el Concorvado me dejó sin aliento pero nunca olvido las puestas de sol que contemplaba cuando era joven desde la Cuesta del Merendero.
- Usted es fundador y reside en el Templo Zen Luz serena. ¿Qué le motivó a llamarlo así?
– La Luz Serena no es sólo el nombre de un lugar físico sino un estado de espíritu. Hace referencia a la lucidez de la conciencia y a la serenidad del corazón. Es el estado propio que se alcanza con la meditación zen cuando se ha practicado durante muchos años, un estado de serenidad luminosa.
- Por último ¿Es posible alcanzar la felicidad? ¿Por dónde empezar y hacia dónde dirigirse?
– La felicidad está siempre muy cerca, al alcance de nuestra mano. La felicidad es el estado innato del ser humano. ¿Has visto un recién nacido? Su luz, su bondad, su confianza básica en la vida… Pero algo sucede después que lo estropea todo: nos volvemos avariciosos, rencorosos, complicados… Inventamos dioses y religiones, adoramos ídolos con la esperanza de recuperar lo que hemos perdido, el paraíso original del que nos dicen que fuimos desterrados. Pero para el Budismo ese paraiso original sigue existiendo en la inocencia de nuestro propio corazón y puede ser recuperado cuando nos liberamos del sentimiento de culpa y de las demás emociones dañinas que nos afligen innecesariamente. No es necesario dirigirse a nadie ni a ningún sitio ya que la llave de nuestra felicidad se encuentra en nuestra propia mente.
Fuente: http://www.andaluciainformacion.es/portada/?a=33632&i=1
Seminario sobre Estudios Budistas Zen
En el Templo Zen Luz Serena tendrá lugar desde el 20 al 22 de Marzo, el primer seminario del tercer año del Programa de Estudios Budistas que la Comunidad Budista Soto Zen viene desarrollando desde hace años. El tema de este seminario será "Los orígenes del Zen en China", y será impartido por Dokushô Villalba.
Regimen residencial abierto a todos.
Más información:
www.budismozen.es
www.luzserena.net
www.estudiosbudistas.org
o bien en luzserena@luzserena.net
Telf. 96 230 10 55
martes, 3 de marzo de 2009
Conferencia
“Budismo y Globalización”
14 Marzo del 2009
a las 17h.
En el marco del VI Encuentro de Religiones.
Presentación de la edición española del Sutra del Loto.
Organizado por Asociación para el Diálogo Interreligioso de la Comunidad de Madrid.
Centro Cultural Nicolás Salmerón, C/ Mantuano, 51, Madrid
Metro Concha Espina (salida Plaza de Cataluña).
Autobuses 7, 16, 29, 51, 52
14 Marzo del 2009
a las 17h.
En el marco del VI Encuentro de Religiones.
Presentación de la edición española del Sutra del Loto.
Organizado por Asociación para el Diálogo Interreligioso de la Comunidad de Madrid.
Centro Cultural Nicolás Salmerón, C/ Mantuano, 51, Madrid
Metro Concha Espina (salida Plaza de Cataluña).
Autobuses 7, 16, 29, 51, 52
ENTREVISTA ANDALUCIA INFORMACION
“La llave de nuestra felicidad se haya en el interior de nuestra propia mente”,
afirma Dokushô Villalba.
por José Manuel Moreno
03/Marzo 2009
Aunque el nombre que le pusieron sus padres era Francisco, Dokusho es el que recibió con la ordenación de sacerdote budista zen. Nacido en Utrera, ha vivido en Sevilla, en Paris, en Madrid, en Valencia, en Japón... hoy nos relata sus experiencias y explica su filosofía de vida.
¿Qué supone para usted recibir el Mostachón de Oro? ¿Le ha sorprendido?
–El Mostachón de Oro es una distinción que concede la Orden del mismo nombre, que es una institución formada por personalidades destacadas de la sociedad y de la cultura utrerana. Para mí es un honor que tales personas hayan decidido distinguirme con su reconocimiento y su aprecio. Sé que hace unos años unos amigos utreranos me propusieron para el galardón, pero entonces no era el momento. Y ahora sí, me ha sorprendido. No me lo esperaba, la verdad.
¿De qué manera cree usted que ha contribuido al conocimiento y engrandecimiento de Utrera? Razón por la cual ha recibido el galardón.
–La verdad que yo no sé si he contribuído al conocimiento y al engrandecimiento de Utrera. Tal vez Usun Yoon lo esté haciendo más que yo. Lo que sí es cierto es que viajo mucho y participo en muchos encuentros y acontecimientos culturales y religiosos y siempre, en mi biografía, aparece que Utrera es la ciudad en la que nací. Pero siempre he dicho, y los que me conocen lo saben, que no tengo muy desarrollado el sentimiento patriótico, ni hacia la nación ni hacia la llamada patria chica.
¿En qué circunstancias y por qué decidió seguir el camino de la filosofía Zen?
–En el año 1977 yo era estudiante de Magisterio en Sevilla. Después de haber pasado por la lucha política contra la dictadura tuve una especie de crisis existencial y en ese momento asistí a una conferencia sobre Budismo Zen, que impartía un monje budista zen en la Facultad de Filosofía. Después comencé a practicar meditación zen con él y al cabo de un año ví claramente que ese era el camino de vida que quería seguir. Y hasta ahora.
¿En qué punto de su propio camino se encuentra ahora mismo?
–Tengo 52 años. Comencé a practicar la meditación zen con 20 años. Ahora hace pues 32 años que sigo la Vía del Zen y me sigo sintiendo como un principiante. Durante estos últimos 32 años ha pasado mucha agua bajo el puente. Comencé siendo un muchacho desorientado y ahora dirijo un templo budista zen y una comunidad con miles de personas que me tienen como referencia en su práctica espiritual. Pero como dijo un viejo maestro zen coreano antes de morir: Esto era yo hace ochenta años. Ochenta años después sigo siendo lo mismo.
En dicho camino ha recorrido medio mundo ¿Con qué se queda de todos esos lugares que ha visitado a lo largo de su vida?
–Sería difícil decirlo. ¡Hay tanta belleza en este mundo! La vista del Teide nevado después de salir del mar de nubes es inolvidable, así como es impresionante el Monte Fuji en Japón. La bahía de Río de Janeiro desde el Concorvado me dejó sin aliento pero nunca olvido las puestas de sol que contemplaba cuando era joven desde la Cuesta del Merendero.
Usted es fundador y reside en el Templo Zen Luz serena. ¿Qué le motivó a llamarlo así?
–La Luz Serena no es sólo el nombre de un lugar físico sino un estado de espíritu. Hace referencia a la lucidez de la conciencia y a la serenidad del corazón. Es el estado propio que se alcanza con la meditación zen cuando se ha practicado durante muchos años, un estado de serenidad luminosa.
Por último ¿Es posible alcanzar la felicidad? ¿Por dónde empezar y hacia dónde dirigirse?
–La felicidad está siempre muy cerca, al alcance de nuestra mano. La felicidad es el estado innato del ser humano. ¿Has visto un recién nacido? Su luz, su bondad, su confianza básica en la vida… Pero algo sucede después que lo estropea todo: nos volvemos avariciosos, rencorosos, complicados… Inventamos dioses y religiones, adoramos ídolos con la esperanza de recuperar lo que hemos perdido, el paraíso original del que nos dicen que fuimos desterrados. Pero para el Budismo ese paraiso original sigue existiendo en la inocencia de nuestro propio corazón y puede ser recuperado cuando nos liberamos del sentimiento de culpa y de las demás emociones dañinas que nos afligen innecesariamente. No es necesario dirigirse a nadie ni a ningún sitio ya que la llave de nuestra felicidad se encuentra en nuestra propia mente.
Fuente: http://www.andaluciainformacion.es/portada/?a=33632&i=1
afirma Dokushô Villalba.
por José Manuel Moreno
03/Marzo 2009
Aunque el nombre que le pusieron sus padres era Francisco, Dokusho es el que recibió con la ordenación de sacerdote budista zen. Nacido en Utrera, ha vivido en Sevilla, en Paris, en Madrid, en Valencia, en Japón... hoy nos relata sus experiencias y explica su filosofía de vida.
¿Qué supone para usted recibir el Mostachón de Oro? ¿Le ha sorprendido?
–El Mostachón de Oro es una distinción que concede la Orden del mismo nombre, que es una institución formada por personalidades destacadas de la sociedad y de la cultura utrerana. Para mí es un honor que tales personas hayan decidido distinguirme con su reconocimiento y su aprecio. Sé que hace unos años unos amigos utreranos me propusieron para el galardón, pero entonces no era el momento. Y ahora sí, me ha sorprendido. No me lo esperaba, la verdad.
¿De qué manera cree usted que ha contribuido al conocimiento y engrandecimiento de Utrera? Razón por la cual ha recibido el galardón.
–La verdad que yo no sé si he contribuído al conocimiento y al engrandecimiento de Utrera. Tal vez Usun Yoon lo esté haciendo más que yo. Lo que sí es cierto es que viajo mucho y participo en muchos encuentros y acontecimientos culturales y religiosos y siempre, en mi biografía, aparece que Utrera es la ciudad en la que nací. Pero siempre he dicho, y los que me conocen lo saben, que no tengo muy desarrollado el sentimiento patriótico, ni hacia la nación ni hacia la llamada patria chica.
¿En qué circunstancias y por qué decidió seguir el camino de la filosofía Zen?
–En el año 1977 yo era estudiante de Magisterio en Sevilla. Después de haber pasado por la lucha política contra la dictadura tuve una especie de crisis existencial y en ese momento asistí a una conferencia sobre Budismo Zen, que impartía un monje budista zen en la Facultad de Filosofía. Después comencé a practicar meditación zen con él y al cabo de un año ví claramente que ese era el camino de vida que quería seguir. Y hasta ahora.
¿En qué punto de su propio camino se encuentra ahora mismo?
–Tengo 52 años. Comencé a practicar la meditación zen con 20 años. Ahora hace pues 32 años que sigo la Vía del Zen y me sigo sintiendo como un principiante. Durante estos últimos 32 años ha pasado mucha agua bajo el puente. Comencé siendo un muchacho desorientado y ahora dirijo un templo budista zen y una comunidad con miles de personas que me tienen como referencia en su práctica espiritual. Pero como dijo un viejo maestro zen coreano antes de morir: Esto era yo hace ochenta años. Ochenta años después sigo siendo lo mismo.
En dicho camino ha recorrido medio mundo ¿Con qué se queda de todos esos lugares que ha visitado a lo largo de su vida?
–Sería difícil decirlo. ¡Hay tanta belleza en este mundo! La vista del Teide nevado después de salir del mar de nubes es inolvidable, así como es impresionante el Monte Fuji en Japón. La bahía de Río de Janeiro desde el Concorvado me dejó sin aliento pero nunca olvido las puestas de sol que contemplaba cuando era joven desde la Cuesta del Merendero.
Usted es fundador y reside en el Templo Zen Luz serena. ¿Qué le motivó a llamarlo así?
–La Luz Serena no es sólo el nombre de un lugar físico sino un estado de espíritu. Hace referencia a la lucidez de la conciencia y a la serenidad del corazón. Es el estado propio que se alcanza con la meditación zen cuando se ha practicado durante muchos años, un estado de serenidad luminosa.
Por último ¿Es posible alcanzar la felicidad? ¿Por dónde empezar y hacia dónde dirigirse?
–La felicidad está siempre muy cerca, al alcance de nuestra mano. La felicidad es el estado innato del ser humano. ¿Has visto un recién nacido? Su luz, su bondad, su confianza básica en la vida… Pero algo sucede después que lo estropea todo: nos volvemos avariciosos, rencorosos, complicados… Inventamos dioses y religiones, adoramos ídolos con la esperanza de recuperar lo que hemos perdido, el paraíso original del que nos dicen que fuimos desterrados. Pero para el Budismo ese paraiso original sigue existiendo en la inocencia de nuestro propio corazón y puede ser recuperado cuando nos liberamos del sentimiento de culpa y de las demás emociones dañinas que nos afligen innecesariamente. No es necesario dirigirse a nadie ni a ningún sitio ya que la llave de nuestra felicidad se encuentra en nuestra propia mente.
Fuente: http://www.andaluciainformacion.es/portada/?a=33632&i=1
martes, 24 de febrero de 2009
Comentarios sobre el libro Zen en la plaza del mercado
Zen en la plaza del mercado: Claves zen para comprender y sanar el malestar existencial en la era de la globalización es el libro del maestro Zen Dokushô Villalba. Monje budista Zen español que ha dedicado gran parte de su vida a la práctica y la enseñanza del budismo Zen. Empezando por Francia, diversas ciudades de España, Japón y actualmente el templo de Budismo Zen Luz Serena que se encuentra en la localidad de Requena (Comunidad valenciana).
Este libro me decidí a comprarlo un día en el que no tenía intención alguna de hacerlo, pero sentía curiosidad simplemente por verlo y tocarlo, y desgraciado de mí, decidí comprarlo. Con ese plan, no sabía muy bien que iba esperar del libro, así que decidí no esperar nada y dedicarme a atestiguar cada página, tan ricas y llenas de sabiduría.
El libro consta de tres partes, en la primera hace una introducción, a mi entender, sublime. Describe muy bien que es el budismo, que es el Zen y cómo se practica la práctica del Zazen. Todos aquellos que creen que el meditar es sentarse con las piernas cruzadas y dejar pasar el tiempo en un estado de aburrimiento y resignación deberían leer -pues es como si un analfabeto recién traido de la selva le llevas a un bibilioteca y ve a un montón de gente sentada mirando algo que dicen ser un papel, pensará “¡qué aburrido, pero eso para que vale!” mientras que los estudiantes están en el mundo el intelecto interior tan rico de ideas e ideales-. Leyedo este libro me he dado cuenta de la gran influencia budista que tiene Ken Wilber, no obstante es practicante Zen desde hace más de 30 años, y en su teoría del modelo integral se le nota. Así como se le nota a Dokushô Villalba cómo interiormente resuena con el modelo, distingue muy bien las cara interior y exterior de lo individual y de lo colectivo. Sin duda dos hombres sabios. Dokushô el guru y Ken el Pandit. (Nota: quiero aclarar que la conexión Wilber-Villalba es personal e ideológica. Hasta donde yo se no tienen relación alguna).
En la segunda parte del libro empieza con una introducción al actual sistema de lo que llama el Dios mercado, es decir, el hombre al servicio del comercio y no el comercio al servicio del hombre. Me ha recordado al reciente documental que he visto (cortesía de Nosce) El dinero es deuda. Para mí es la parte que más flojea, con creces, hasta el punto que casi dejo de leer el libro porque me estaba resultando la clásica crítica al modelo socioeconómico actual desde una persepectiva meramente externa, victimista y opresiva. Y no digo que las diez leyes del mercado que se saca de la manga no sean ciertas, pero son demasiado parciales. La realidad es mucho más compleja, y en estas leyes reduce todo el malestar humano actual al sistema que se nos ha impuesto.
“Nuestros gustos musicales, nuestras aficiones, nuestros pensamientos, nuestra manera de ver las cosas, las novelas que leemos, las noticias de la prensa escrita, de la hablada y de la visualizada, las películas a las uqe tenemos acceso, el color de las paredes de nuestra casa, los adornos del mueble bar, lo políticamente correcto, nuestros conceptos del bien y del mal, todo es fruto de una programación a distancia, es decir, de una teleprogramación.”
Es a este tipo de párrafos parciales tomados como absolutos los que hacen bajar el nivel de la primera (y la tercera) parte del libro. Con la tercera parte, Zen en la plaza del mercado, integra la filosofía y práctica budista en el sistema sociocultural en el que vivimos para alejarlo de la disociación en la que nos encontramos y devolverlo a un equilibrio donde el comercio y el mercado esté al servicio del ser humano. En esta parte une la enseñanza de Buda a la sociedad aplicándolas a nosotros mismos mediante la visión correcta, la intención correcta, la palabra correcta, la conducta correcta, el medio de vida correcto, el esfuerzo correcto, la atención correcta y la meditación correcta
En resumen, en Zen en la plaza del mercado me he encontrado la visión de todo un Maestro Budista compartiendo las enseñanzas del budismo. Un libro en el que se describe de manera sublime qué es el budismo, en el que pone de manifiesto las claves para comprender y sanar el malestar existencial en la era de la economía de mercado, que erra en la argumentación socio-económica del status-quo actual y que da con las claves de desarrollo personal, y del despertar del individuo para la transformación colectiva.
Con el corazón y los pies desnudos
regresas a la plaza del mercado.
Tu sonrisa brilla bajo las cenizas.
No haces milagros y, sin embargo,
allí por donde pasas,
florece la primavera.
LA DOMA DEL BUEY,
KAKUAN SHIEN (1100-1200)
El zen en la plaza del mercado - tercera parte.
2 Octubre 2008
Fuente: Ondas en la superficie del Ser
http://integrativo.net/blog/2008/10/02/valoracion-zen-en-la-plaza-del-mercado/
Este libro me decidí a comprarlo un día en el que no tenía intención alguna de hacerlo, pero sentía curiosidad simplemente por verlo y tocarlo, y desgraciado de mí, decidí comprarlo. Con ese plan, no sabía muy bien que iba esperar del libro, así que decidí no esperar nada y dedicarme a atestiguar cada página, tan ricas y llenas de sabiduría.
El libro consta de tres partes, en la primera hace una introducción, a mi entender, sublime. Describe muy bien que es el budismo, que es el Zen y cómo se practica la práctica del Zazen. Todos aquellos que creen que el meditar es sentarse con las piernas cruzadas y dejar pasar el tiempo en un estado de aburrimiento y resignación deberían leer -pues es como si un analfabeto recién traido de la selva le llevas a un bibilioteca y ve a un montón de gente sentada mirando algo que dicen ser un papel, pensará “¡qué aburrido, pero eso para que vale!” mientras que los estudiantes están en el mundo el intelecto interior tan rico de ideas e ideales-. Leyedo este libro me he dado cuenta de la gran influencia budista que tiene Ken Wilber, no obstante es practicante Zen desde hace más de 30 años, y en su teoría del modelo integral se le nota. Así como se le nota a Dokushô Villalba cómo interiormente resuena con el modelo, distingue muy bien las cara interior y exterior de lo individual y de lo colectivo. Sin duda dos hombres sabios. Dokushô el guru y Ken el Pandit. (Nota: quiero aclarar que la conexión Wilber-Villalba es personal e ideológica. Hasta donde yo se no tienen relación alguna).
En la segunda parte del libro empieza con una introducción al actual sistema de lo que llama el Dios mercado, es decir, el hombre al servicio del comercio y no el comercio al servicio del hombre. Me ha recordado al reciente documental que he visto (cortesía de Nosce) El dinero es deuda. Para mí es la parte que más flojea, con creces, hasta el punto que casi dejo de leer el libro porque me estaba resultando la clásica crítica al modelo socioeconómico actual desde una persepectiva meramente externa, victimista y opresiva. Y no digo que las diez leyes del mercado que se saca de la manga no sean ciertas, pero son demasiado parciales. La realidad es mucho más compleja, y en estas leyes reduce todo el malestar humano actual al sistema que se nos ha impuesto.
“Nuestros gustos musicales, nuestras aficiones, nuestros pensamientos, nuestra manera de ver las cosas, las novelas que leemos, las noticias de la prensa escrita, de la hablada y de la visualizada, las películas a las uqe tenemos acceso, el color de las paredes de nuestra casa, los adornos del mueble bar, lo políticamente correcto, nuestros conceptos del bien y del mal, todo es fruto de una programación a distancia, es decir, de una teleprogramación.”
Es a este tipo de párrafos parciales tomados como absolutos los que hacen bajar el nivel de la primera (y la tercera) parte del libro. Con la tercera parte, Zen en la plaza del mercado, integra la filosofía y práctica budista en el sistema sociocultural en el que vivimos para alejarlo de la disociación en la que nos encontramos y devolverlo a un equilibrio donde el comercio y el mercado esté al servicio del ser humano. En esta parte une la enseñanza de Buda a la sociedad aplicándolas a nosotros mismos mediante la visión correcta, la intención correcta, la palabra correcta, la conducta correcta, el medio de vida correcto, el esfuerzo correcto, la atención correcta y la meditación correcta
En resumen, en Zen en la plaza del mercado me he encontrado la visión de todo un Maestro Budista compartiendo las enseñanzas del budismo. Un libro en el que se describe de manera sublime qué es el budismo, en el que pone de manifiesto las claves para comprender y sanar el malestar existencial en la era de la economía de mercado, que erra en la argumentación socio-económica del status-quo actual y que da con las claves de desarrollo personal, y del despertar del individuo para la transformación colectiva.
Con el corazón y los pies desnudos
regresas a la plaza del mercado.
Tu sonrisa brilla bajo las cenizas.
No haces milagros y, sin embargo,
allí por donde pasas,
florece la primavera.
LA DOMA DEL BUEY,
KAKUAN SHIEN (1100-1200)
El zen en la plaza del mercado - tercera parte.
2 Octubre 2008
Fuente: Ondas en la superficie del Ser
http://integrativo.net/blog/2008/10/02/valoracion-zen-en-la-plaza-del-mercado/
Visita de la Directora General de Ciudadanía e Integración el templo Luz Serena
Visita de la Comunidad Budista Soto Zen-Templo Luz Serena.Dentro de las actuaciones que sigue la Dirección General de Ciudadanía e Integración para fomentar el diálogo interreligioso con las diversas confesiones asentadas en la Comunitat Valenciana, la directora general de Ciudadanía e Integración, Mabel Manglano, acompañada de la Jefa del Área de Ciudadanía y Redes Sociales, Isabel Zafrilla, visitó el 23 de septiembre la comunidad budista Sotozen, en la población de Casas del Río (Requena).
Allí fueron recibidas por el maestro Zen y director del Templo Dokushô Villalba y por Isabel García, responsable de relaciones institucionales del Templo, que les acompañaron en una visita guiada del mismo y sus instalaciones.
Tras recibir la información sobre el funcionamiento y estructura de la comunidad se estudió el contenido del convenio de colaboración que la conselleria de Inmigración y Ciudadanía tiene previsto firmar con dicha comunidad, y además se concretó la posibilidad de celebrar un encuentro interreligioso en el que estarán presentes diferentes confesiones, como lugar de diálogo e intercambio de ideas sobre la convivencia religiosa.
Para finalizar la visita se celebró una comida con todos los monjes del Templo.
24.09.2008

Fuente: http://www.cic.gva.es/index.php?option=com_content&task=view&id=927&Itemid=9
lunes, 23 de febrero de 2009
VIDAS SINGULARES
El maestro zen de la campiña
Un utrerano, hijo de jornaleros y antiguo activista de Acción Católica, es uno de los referentes del budismo zen en el mundo. Propone crear una nueva cultura del deseo, alejada del consumismo.
Patricia Godino
05.05.2008
A Dokusho Villalba le siguen llamando Paco o Paquito cuando regresa a su Utrera natal. Da igual que tenga la cabeza rapada al cero, vista los ropajes marrones característicos de los maestros budistas o que el ceceo propio de la campiña sevillana haya dejado paso a una voz grave, pausada y serena. Él, en el pueblo, es Paco Villalba, el hijo de una pareja de jornaleros y maestro zen del templo Luz Serena, en Valencia.
Parece un binomio imposible, pero se trata de los orígenes y de la vida actual de “un joven que iba para funcionario” y es hoy maestro de una rama del budismo que se remonta al siglo V. Lo que muchos conocen como zen, a través de la televisión y la publicidad actual, “nada tiene que ver” con lo que es en realidad, según Dokusho. El zen viene de antiguo. Llegó a Occidente en la segunda mitad del siglo pasado y fue muy apreciado por los intelectuales y artistas de la época.
Dokusho Villalba, uno de esos pioneros de la tradición del “despertar existencial”, recuerda cuál fue la espita que lo llevó a convertirse en lo que es hoy. “Desde que era niño he sido muy sensible al sufrimiento. Mis padres eran jornaleros andaluces de sol a sol. No entendía muy bien por qué unos vivíamos tan mal y otros tan bien. Estudié en los salesianos de Utrera y tuve una educación católica tradicional”, cuenta este maestro zen cuyo padre ha sido costalero y devoto de la Virgen de la Consolación, patrona del pueblo. “Comencé a trabajar de joven en los grupos de Acción Católica, en campañas de alfabetización en los barrios marginales y entré a formar parte de la Hermandad Obrera de la Acción Católica, germen de Comisiones Obreras, con el afán de ayudar a transformar la estructura social. De ahí pasé a la lucha política contra la dictadura franquista. Pero me di cuenta que no era suficiente porque el virus estaba en el interior de cada ser humano y las estructuras sociales habían sido creadas por el hombre”, relata.
En 1977, Paco, con 21 años, estudiante de Magisterio, con novia, de familia humilde e inmerso en el confuso aperturismo de los primeros años de democracia, tuvo una crisis “fuerte”. Un día acudió a una conferencia que daba un monje zen en la Facultad de Filosofía. Y vio la luz. “Me interesó, empecé a practicar la meditación en un centro de Sevilla y me di cuenta que había un camino para mí”, dice. Así, dejó Magisterio, trasladó su residencia a París, recibió la ordenación de sacerdote budista zen del maestro japonés Taisen Deshimaru y completó su formación en varios monasterios de Japón.
“Mi familia creía al principio que me había captado una secta o algo así”, dice entre risas. “Eran muy creyentes y el hecho de que yo abrazara otra religión fue un pequeño gran drama para la época. Con el tiempo vieron que estaba bien y que, simplemente, había optado por otra forma de vida”, asegura a la vez que apunta que las diferencias existentes entre el budismo y el soto zen son “anecdóticas”.
En la religión que profesa Dokusho el humor, por ejemplo, tiene “una importancia total”. “La tradición budista es una de las pocas que tiene la capacidad de trascenderse a sí misma, de relativizarse. El zen no está basado en escrituras ni dogmas, surge todo a través de la meditación”, explica este monje, divorciado y padre de un adolescente de 18 años. También tiene una hermana, Gracia, monja budista en Sevilla y acupuntora. Precisamente fue la capital andaluza la que acogió el primer centro zen de España, que aún funciona hoy, y ciudad que ha irradiado al resto de provincias el interés por esta forma de meditación.
Pero que nadie se llame a engaño. Según el maestro Dokusho, “el zen no propone recetas fáciles”, propias de la caricatura que de la práctica del budismo se ha hecho por parte de los que no lo conocen. “A lo que invita el zen es a la reflexión para que cada uno encuentre el camino para ser feliz. A saber lo que necesitamos, lo que realmente deseamos, explica.
A eso enseña en su libro, Zen en la plaza del mercado (Aguilar), a ayudar a crear una “nueva cultura del deseo en una sociedad de consumo”. “Generar deseos es muy fácil y gratuito, pero satisfacerlos cuesta caro. Nos encontramos con un montón de deseos insatisfechos que generan frustración y malestar existencial. La solución no es satisfacer todos los deseos sino aprender a reducirlos para que uno pueda ser feliz con menos”, propone este monje que define al hombre pobre como “aquél que nunca tiene suficiente”.
En una sociedad globalizada y consumista, Dokusho es tajante: “Se puede vivir fuera del mercado. Eso no implica pérdida sino libertad”. Comercio justo, consumo justo, producción justa. Son ideas que propone este utrerano al que le gusta terminar sus entrevistas con este haiku , poema tradicional japonés: “Después del canto del búho el silencio de la montaña es más profundo aún". Lo esencial no puede ser expresado con palabras. Por eso Dokusho, Paco, Paquito, el mayor de cinco hermanos de una familia de jornaleros, prefiere la meditación al ruido del mercado.
Más información: www.dokusho.eu
Fuente: Diario de Sevilla
http://www.diariodesevilla.es/article/rda67/117830/maestro/zen/la/campina.html
Un utrerano, hijo de jornaleros y antiguo activista de Acción Católica, es uno de los referentes del budismo zen en el mundo. Propone crear una nueva cultura del deseo, alejada del consumismo.
Patricia Godino
05.05.2008
A Dokusho Villalba le siguen llamando Paco o Paquito cuando regresa a su Utrera natal. Da igual que tenga la cabeza rapada al cero, vista los ropajes marrones característicos de los maestros budistas o que el ceceo propio de la campiña sevillana haya dejado paso a una voz grave, pausada y serena. Él, en el pueblo, es Paco Villalba, el hijo de una pareja de jornaleros y maestro zen del templo Luz Serena, en Valencia.
Parece un binomio imposible, pero se trata de los orígenes y de la vida actual de “un joven que iba para funcionario” y es hoy maestro de una rama del budismo que se remonta al siglo V. Lo que muchos conocen como zen, a través de la televisión y la publicidad actual, “nada tiene que ver” con lo que es en realidad, según Dokusho. El zen viene de antiguo. Llegó a Occidente en la segunda mitad del siglo pasado y fue muy apreciado por los intelectuales y artistas de la época.
Dokusho Villalba, uno de esos pioneros de la tradición del “despertar existencial”, recuerda cuál fue la espita que lo llevó a convertirse en lo que es hoy. “Desde que era niño he sido muy sensible al sufrimiento. Mis padres eran jornaleros andaluces de sol a sol. No entendía muy bien por qué unos vivíamos tan mal y otros tan bien. Estudié en los salesianos de Utrera y tuve una educación católica tradicional”, cuenta este maestro zen cuyo padre ha sido costalero y devoto de la Virgen de la Consolación, patrona del pueblo. “Comencé a trabajar de joven en los grupos de Acción Católica, en campañas de alfabetización en los barrios marginales y entré a formar parte de la Hermandad Obrera de la Acción Católica, germen de Comisiones Obreras, con el afán de ayudar a transformar la estructura social. De ahí pasé a la lucha política contra la dictadura franquista. Pero me di cuenta que no era suficiente porque el virus estaba en el interior de cada ser humano y las estructuras sociales habían sido creadas por el hombre”, relata.
En 1977, Paco, con 21 años, estudiante de Magisterio, con novia, de familia humilde e inmerso en el confuso aperturismo de los primeros años de democracia, tuvo una crisis “fuerte”. Un día acudió a una conferencia que daba un monje zen en la Facultad de Filosofía. Y vio la luz. “Me interesó, empecé a practicar la meditación en un centro de Sevilla y me di cuenta que había un camino para mí”, dice. Así, dejó Magisterio, trasladó su residencia a París, recibió la ordenación de sacerdote budista zen del maestro japonés Taisen Deshimaru y completó su formación en varios monasterios de Japón.
“Mi familia creía al principio que me había captado una secta o algo así”, dice entre risas. “Eran muy creyentes y el hecho de que yo abrazara otra religión fue un pequeño gran drama para la época. Con el tiempo vieron que estaba bien y que, simplemente, había optado por otra forma de vida”, asegura a la vez que apunta que las diferencias existentes entre el budismo y el soto zen son “anecdóticas”.
En la religión que profesa Dokusho el humor, por ejemplo, tiene “una importancia total”. “La tradición budista es una de las pocas que tiene la capacidad de trascenderse a sí misma, de relativizarse. El zen no está basado en escrituras ni dogmas, surge todo a través de la meditación”, explica este monje, divorciado y padre de un adolescente de 18 años. También tiene una hermana, Gracia, monja budista en Sevilla y acupuntora. Precisamente fue la capital andaluza la que acogió el primer centro zen de España, que aún funciona hoy, y ciudad que ha irradiado al resto de provincias el interés por esta forma de meditación.
Pero que nadie se llame a engaño. Según el maestro Dokusho, “el zen no propone recetas fáciles”, propias de la caricatura que de la práctica del budismo se ha hecho por parte de los que no lo conocen. “A lo que invita el zen es a la reflexión para que cada uno encuentre el camino para ser feliz. A saber lo que necesitamos, lo que realmente deseamos, explica.
A eso enseña en su libro, Zen en la plaza del mercado (Aguilar), a ayudar a crear una “nueva cultura del deseo en una sociedad de consumo”. “Generar deseos es muy fácil y gratuito, pero satisfacerlos cuesta caro. Nos encontramos con un montón de deseos insatisfechos que generan frustración y malestar existencial. La solución no es satisfacer todos los deseos sino aprender a reducirlos para que uno pueda ser feliz con menos”, propone este monje que define al hombre pobre como “aquél que nunca tiene suficiente”.
En una sociedad globalizada y consumista, Dokusho es tajante: “Se puede vivir fuera del mercado. Eso no implica pérdida sino libertad”. Comercio justo, consumo justo, producción justa. Son ideas que propone este utrerano al que le gusta terminar sus entrevistas con este haiku , poema tradicional japonés: “Después del canto del búho el silencio de la montaña es más profundo aún". Lo esencial no puede ser expresado con palabras. Por eso Dokusho, Paco, Paquito, el mayor de cinco hermanos de una familia de jornaleros, prefiere la meditación al ruido del mercado.
Más información: www.dokusho.eu
Fuente: Diario de Sevilla
http://www.diariodesevilla.es/article/rda67/117830/maestro/zen/la/campina.html
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