jueves, 9 de abril de 2009

ENTREVISTA BOUDDHISME ACTUALITÉS

Entrevista al maestro zen Dokushô Villalba
Autor del libro “Zen en la plaza del mercado” (Ed. Aguilar, 2008).
Para Bouddhisme Actualités.
Fué publicada en algún momento del 2008.


En Occidente “estar Zen” es algo así como estar en paz con uno mismo, pero al leer tu libro me he dado cuenta de que utilizamos la palabra con bastante frivolidad y que su significado es infinitamente más rico: ¿qué significa Zen?

R. Como bien dices, el término zen se ha puesto de moda y encontramos todo tipo de objetos de consumo llamados zen: perfume zen, ipod zen, gimnasios zen, restaurantes zen, decoración zen… Se trata de un uso abusivo e irrespetuoso del término. Zen es el nombre de una tradición budista que tiene mas de dos mil quinientos años de antigüedad, una escuela budista que tiene su origen en India pero que se conformó como tal escuela en China entre los siglos VI y VIII. Después fue transmitida a Vietnam, Corea y Japón. Literalmente, la palabra japonesa “zen” significa “recogimiento”, “interiorización” y hace referencia al estado de conciencia que se genera con la práctica de la meditación zen, llamada zazen.

En tu libro hablas de budismo Zen, no sé si porque hay varios tipos de budismo o porque lo diferencias del budismo como religión: ¿el budismo Zen es más un camino de crecimiento interior que una religión en el sentido de creencia en una vida después de la muerte, verdad?

R. Todas las formas de budismo tienen su origen en el fundador histórico, el Buda Sakiamuni, que vivió en el norte de India en el siglo V a.C. Con el tiempo, a medida que el budismo se iba extendiendo por distintas regiones y nuevos países fueron apareciendo nuevas interpretaciones de la enseñanza original y aparecieron distintas escuelas budistas. El budismo zen es una de estas escuelas que ha llegado a Europa procedente de Japón. ¿Es el budismo zen una religión? Depende de lo que se entienda por “religión”. Si por religión entendemos “creer en Dios”, el budismo zen no es una religión, ya que en nuestra tradición no trabajamos con la hipótesis de Dios. Pero si atendemos al sentido original del término religión, que procede del latín religare y que quiere decir, “volver a unir”, el budismo zen es una religión en el sentido de que su práctica permite que el ser humano vuelva a sentirse unido con la Totalidad.

De hecho, la experiencia personal es más importante que el dogma y por lo que he leído en tu libro, hay “poco” cuerpo dogmático, más bien es una cuestión de práctica, de entrenamiento mental...

R. La tradición budista zen no es una filosofía, ni una ideología ni un conjunto de creencias dogmáticas. Es sobre todo una experiencia personal. La tradición zen transmite un sistema de práctica psicofísica, la meditación, que adecuadamente ejercitado conduce a cada uno a la experiencia personal del despertar de la conciencia. A partir de esta experiencia, renovada en cada sesión de meditación, cada individuo puede crear su propia vida, asumiendo la responsabilidad de sus actos, a la luz de la conciencia despierta. En el zen se dice que todos los seres humanos somos Budas en potencia y que la práctica adecuada despierta y actualiza en la vida cotidiana el Buda que somos.

Invita a nuestros lectores no iniciados (o sea, a la mayoría) a que prueben sus beneficios, qué les dirías...

R. La meditación zen es muy simple. Se trata sólo de sentarse y sentirse. Sentarse en una postura corporal adecuada -como explico en mi libro-, en un estado de receptividad, de atención, sin pretender conseguir ni alcanzar nada sea lo que sea. No se trata de obtener beneficios, de conseguir algo. Sino más bien, de descansar profundamente en el no-hacer. No se trata de llegar a ser algo que no somos sino de dejarnos ser tal y como somos. La práctica del zen se basa en una profunda confianza en la naturaleza humana. Nada nos falta ni nada nos sobra. Nos dejamos ir con el vaivén de la respiración y cuando la mente se calma por ella misma, el universo entero aparece en su estado de perfección original, más allá de cualquier idea preconcebida de perfección o de imperfección.
Más que a llegar a ser alguien que no somos o a obtener algo que no tenemos, la meditación zen nos ayuda a soltar lo que no somos, lo que no necesitamos.

También es interesante que nos cuentes la vida de Buda porque es un gran desconocido en Occidente, aunque su biografía a veces parece más bien una fábula: vive encerrado en palacio rodeado de felicidad... hasta que descubre el dolor (ajeno, por cierto) y decide salir a afrontar la realidad y su carga de enfermedad, vejez y muerte. En realidad, su vida parece un cuento moralizante, casi una metáfora del camino del ser humano: cuando deja atrás la inocencia y la felicidad de la infancia y entra en la vida adulta. ¿O hay que tomárselo como una biografía al pie de la letra?

R. La narración de la vida del Buda Sakiamuni fue puesta por primera vez por escrito varios siglos después de su muerte. Aunque su existencia histórica está fuera de dudas, es muy probable que la historia del Buda que ha llegado hasta nosotros sea una hagiografía creada a lo largo de los siglos. Más allá de los hechos históricos, la vida del Buda es una metáfora del recorrido existencial de cualquier ser humano: su infancia transcurre en un ámbito familiar fuertemente protegido de las miserias del mundo, se divierte y crece como cualquier joven, se casa, tiene un hijo y poco a poco va tomando conciencia de la verdadera naturaleza de la existencia. Entra en contacto con el dolor provocado por la enfermedad, la vejez y la muerte y, cuando ha alcanzado todo lo que un ser humano puede desear en este mundo se pregunta: ¿es esto todo? Se da cuenta que por muy dichosos que seamos, tarde o temprano envejecemos, perdemos las facultades, el cuerpo enferma y, por último, sobreviene la muerte. La muerte es el fin de todos los sueños ilusorios. El Buda se preguntó: ¿cuál es la causa última del dolor y del sufrimiento? Y para responder a esta urgencia existencial abandonó su mundo, su palacio, su esposa, su hijo, y se retiró al bosque para meditar y descubrir la verdadera naturaleza de nuestra existencia y del malestar existencial que padecemos.

La dura realidad deprime al Buda en su contacto con el mundo hasta que aprende que renunciar a los placeres y alegrías puede ayudarle a encontrar una paz y una felicidad más duraderas. ¿Por qué crees que todas las culturas –también la cristiana- temen tanto a la alegría y al placer? También Buda, como Cristo, resiste a las tentaciones y tiende a anular su propio yo. Perdona que haga de abogado del diablo, pero no es un poco contranatura negarse los placeres de la vida y anular la propia personalidad? Desde la psicología moderna eso no parece sano...

R. El Buda no negó los placeres ni las alegrías de la vida. Por el contrario, el objetivo último de su búsqueda fue el verdadero gozo y la verdadera alegría. El Buda diferenció entre gozo sensorial, gozo emocional-psicológico y gozo suprasensorial. Los dos primeros tipos de gozo son condicionados, es decir, están sujetos a las circunstancias y su naturaleza es inestable y efímera. Las sensaciones y las emociones pueden ser agradables o desagradables. Muy a menudo lo agradable se vuelve desagradable y viceversa. Es imposible pasar la vida experimentando sólo sensaciones o emociones agradables. El placer es inseparable del dolor. Por ello, nuestras experiencias de gozo sensorial y emocional son siempre fugaces y después del placer nos encontramos con el dolor. Lo que el Buda enseño es que el verdadero gozo y la verdadera alegría no tienen como soportes las sensaciones ni las emociones, sino un estado de conciencia interior que permanece estable y pacífico tanto en medio de las experiencias de placer como de dolor. El Buda no negó ni rechazó el placer sensorial y emocional. La tradición budista no es ascética, pero tampoco es hedonista. El placer sensorial y el gozo emocional forman parte de la naturaleza humana pero no podemos encontrar en ellos un estado de gozo estable y duradero. Y dado que lo que anhelamos todos los seres es un estado de gozo estable y duradero, el Buda nos enseñó el camino para llegar hasta él. No se trata pues de anular la personalidad, sino de trascenderla, ir más allá de ella, incluyéndola.

Sin embargo, los tres estados nocivos básicos que plantea el Zen me parece que han resistido maravillosamente el paso de ¡miles! de años: el apego, el odio y la ignorancia. Seguro que todos los lectores entienden que haya que librarse del odio y de la ignorancia, pero ¿por qué es nocivo también el apego?

R. El apego es la otra cara de la moneda del odio. El amor-apego y el odio se recrean mutuamente. Nuestra actividad emocional siempre se manifiesta polarizada entre la atracción y el rechazo. Nos apegamos al “yo” y a “lo mío” y rechazamos lo “Otro”. Esta es la causa del egocentrismo, del etnocentrismo, del nacionalismo excluyente, del integrismo ideológico y religioso, sea cual sea el color que adopte. Apegarse a algo es causa de dolor y sufrimiento porque todo lo que nace, muere tarde o temprano. Todo está en continuo cambio, nada ni nadie permanece idéntico a sí mismo. Si una mujer joven y hermosa se apega a su belleza, tarde o temprano, cuando envejezca y pierda la juventud, sufrirá por ello. Lo mismo puede sucederle a un hombre joven apegado a su físico, a su virilidad o a su inteligencia. Ni la vida ni el cuerpo nos pertenecen. La vida nos atraviesa y nos conduce por un proceso de transformación continuo que termina por desembocar, como un río, en el océano de la muerte, que es la disolución del yo y de lo mío. Aquellas personas fuertemente apegadas al yo y la vida son las que sufren la agonía más dolorosa. El estado de no apego no significa no obstante “indiferencia” emocional. Cuando estamos alegres y somos felices, estamos alegres y somos felices. No tenemos porqué apegarnos a ello. Cuando estamos tristes y somos desgraciados, estamos tristes y somos desgraciados y tampoco tenemos porqué apegarnos a ello. La vida es una sucesión de alegrías y tristezas, de encuentros y de desencuentros, de pérdidas y ganancias. El no apego es la cualidad de fluir en la corriente de la vida.

En su largo proceso de “iluminación”, el Buda exploró su inconsciente, “mató” su yo, resistió las tentaciones, disolvió sus estados mentales nocivos... pero, si he entendido bien, eso le llevó muchos años. ¿Convertirse en Buda es sinónimo de haber crecido al máximo como persona?

R. El fin último de la práctica budista es el despertar de la naturaleza de Buda que dormita en el interior de cada ser humano. Convertirse en un Buda plenamente despierto es realizar el fin último de la naturaleza humana: desplegar las capacidades de bondad, compasión, conocimiento y poder interior. El “yo” no existe realmente. Es una autoimagen mental creada por los condicionamientos sociales y culturales. Somos mucho más de lo que creemos ser. Los estados mentales nocivos tienen que ver con el apego terco a esta autoimagen que llamamos “yo”. “Matar” el yo quiere decir darse cuenta de que no hay ningún “yo”, en tanto que entidad diferenciada de los demás seres vivos. Por ejemplo, el aire que respiro, el agua que bebo, el solq ue me caliente y me permite vivir ¿son yo o no? Convencionalmente decimos que esas cosas no son “yo”. Sin embargo, ningún “yo” podría vivir sin las aportaciones que hacen el aire, el agua y el sol. “Yo” no es algo limitado a este cuerpo individual. Nuestra piel no es la frontera entre el “yo” y el “no-yo”. El verdadero Yo es Todo porque el Todo es lo que está sustentando en cada instante la vida de esto que llamamos “yo”. La experiencia última de la vida es vivir la Unidad consciente con el Todo. Esta es la esencia de la verdadera experiencia religiosa.

La idea de “psicopatología” que subyace en la filosofía Zen también es muy interesante. Para Buda, la causa profunda de todo enfermedad es el deseo y sus derivadas (la avidez, la ansiedad, la avaricia, la codicia, la ambición, el apego...) y el odio (y su familia: la aversión, el rechazo, la agresividad, la cólera...). Y ambas están, además, originadas por la ignorancia. Así que esa tríada sería el origen de todo dolor, de toda aflicción. Desde este punto de vista, ¿aprender a no-desear nos ayuda a crecer como personas y a mantenernos psicológicamente sanos?

R. El Buda no negó la función del deseo en la vida humana. Para el budismo, el deseo es la manifestación de la fuerza vital misma. ¿Cómo podría ser negado? Ahora bien, lo que el Buda nos dijo fue que debemos aprender a desear con el fin de convertir la energía del deseo en fuente de verdadera paz y felicidad. El deseo es fuego interno. La humanidad dio un paso crucial cuando nuestros antepasados aprendieron a manejar el fuego. Domesticado, el fuego se convirtió en motor de progreso y civilización. No obstante, cuando el fuego campa a sus anchas se convierte en una fuerza destructora. Ahí tenemos los incendios que han destruido ciudades enteras y hectáreas y hectáreas de bosque. Lo mismo sucede con el fuego interno del deseo. Necesitamos una nueva cultura del deseo, necesitamos aprender a usar de buena forma nuestra capacidad de desear. Actualmente, las agencias de publicidad que trabajan para la religión del mercado se concentran en excitar en la gente todo tipo de deseos. El combustible del rito fundamental de nuestro tiempo -la producción-consumo- no es el petróleo sino el deseo convertido en codicia, en avaricia y ambición. La religión del mercado está incendiando el planeta al inflamar el deseo en la gente. Nadie tiene suficiente. Nadie está satisfecho. Se desea más y más y más… pero, finalmente, los recursos del planeta son limitados y no pueden satisfacer nuestros deseos ilimitados. He aquí la crisis del mundo moderno. Lo que el zen enseña es una estilo de vida basado en la simplicidad voluntaria. No es más feliz quien mas tiene sino quien menos desea.

Y siguiendo el mismo razonamiento, ¿aprender a amar y conocer, nos ayuda igualmente en el camino del crecimiento personal?

R. No se puede amar lo que no se conoce y no se puede conocer lo que no se ama. El amor no es sólo un sentimiento sino una forma de conocimiento que nos permite darnos cuenta de una realidad inaccesible para la mente racional y para los sentidos. Ya dijo Atoine de St. Exupery que “lo esencial es invisible a los ojos”. Crecer como seres humanos es crecer en amor y en conocimiento. Pero ¿qué significa amar? Básicamente, el amor es entrega, abandono de sí, fusión con el ser amado. La meditación zen es un acto de amor porque meditando aprendemos a entregarnos, a abandonarnos, a olvidarnos de nosotros mismos. Olvidándonos a nosotros mismos podemos hacernos uno con el ser amado. Y de esta experiencia de unidad surge el verdadero conocimiento.

Pero, en este contexto, el conocimiento no es saber “cosas”, “materias”, sino conocer-se, explorarse ¿no? Explícaselo un poco a nuestros lectores... O sea, conocer a través del camino de la meditación...

R. Efectivamente, cuando en el zen hablamos de conocimiento no nos estamos refiriendo al conocimiento intelectual ordinario. No se trata de acumular informaciones ni de ejercitar la memoria. El conocimiento zen es no dual. En este sentido, el conocedor y la cosa conocida son no dos. Cuando nos sentamos en meditación nos volvemos íntimas con nosotras mismas, sentimos nuestro cuerpo, el latido del corazón, el ritmo respiratorio, los sentimientos y pensamientos que cruzan nuestro campo de conciencia… Nos sentimos plenamente integrados en nuestra piel, en nuestra carne, en nuestra sangre y en nuestros huesos. Nos fundimos con el ser real que somos, liberándonos así de las falsas imágenes que nos hacemos de nosotros mismos. Aprendemos a dejar de juzgarnos, de valorarnos, de compararnos, de competir con los demás. Nosotros mismos, cada uno de nosotros mismos, somos un universo completo y la meditación zen nos ayuda a vivir en el centro de universo que somos.

¿En la filosofía Zen tiene sentido hablar de crecimiento personal o sólo de estadios de control mental hasta llegar (luego te preguntaré por esto) a la “iluminación” final?

R. En el zen no se habla de crecimiento personal ni de control mental. En el zen no hay nada que tenga que crecer ni nada que haya que controlar. Lo que la meditación zen nos enseña es a ser lo que realmente somos, tal y como realmente ya somos. La meditación zen no es una técnica de control mental ni de crecimiento personal. Más bien al contrario, con la práctica de zazen, las personas se liberan de las falsas representaciones mentales que se han fabricado sobre ellas mismas. Esto es como cuando la niebla se disipa y el paisaje aparece en toda su magnificencia y belleza. El paisaje siempre ha estado ahí. No hacía falta crearlo ni traerlo de ningún sitio. Aparece solo cuando la niebla se disipa. La meditación zen facilita la disolución de esa niebla que llamamos ignorancia.

También me ha llamado mucho la atención que lo que consideramos “lo último” en Psicología, la Psicología Cognitiva, resulta que hace tres o cuatro mil años que ya lo descubrieron los maestros Zen... Porque para ellos, la ignorancia como causa última del dolor psicológico no es otra cosa que una serie de “errores cognitivos”, ¿no? (percepción errónea de la realidad, pensamiento dualista, negar la transitoriedad de nuestros males...)

R. Exacto. El término ignorancia la traducción del japonés mumyo, que significa “no claro”, es decir, oscuro. Esta oscuridad perceptiva es un error cognitivo, un error de percepción que nos impide ver las cosas tal y como son. Por ejemplo, un hombre regresa de madrugada a su casa borracho después de haberse divertido en una fiesta. Al cruzar el jardín ve una serpiente enorme. Coge un hacha y la corta en pedazos. Después se va a dormir la mona. A la mañana siguiente decide que es un buen día para regar el jardín. Busca la manguera y … ¡se la encuentra partida en pedazos! En su ebriedad confundió una manguera con una serpiente. También nosotros, en la ebriedad producida por la ignorancia, confundimos las cosas reales con las representaciones mentales que nos hacemos sobre ellas. Esto no sería grave si nuestra manera de vivir y de relacionarnos con el mundo no se viera afectada. Vivimos como si no fuéramos a morir nunca, consumimos como si los recursos naturales fueran ilimitados, contaminamos el aire sin darnos cuenta de que así nos envenenamos a nosotros mismos, derrochamos el agua como si ni tuviera valor… en nuestra forma de vida hay un error de percepción fundamental. A esto es a lo que el budismo llama ignorancia.

De hecho, todo el Zen, todo el trabajo de meditación, es un entrenamiento “cognitivo”, no?

R. Sí, el camino budista es una forma de corregir los errores de percepción. La meditación zen es un sistema de seguridad, una especie de control de calidad del proceso cognitivo. Lo primero y más urgente es corregir la percepción errónea que tenemos de nosotros mismos. No somos lo que creemos ser ni lo que nos han dicho que somos. Somos lo que somos. ¿Cómo podemos saber qué somos realmente? A través de la experiencia directa de nosotros mismos, más allá de todas las representaciones. Cuando nos sentamos en zazen estamos solos con nosotros mismos, nos volvemos íntimas con nosotras mismas, estamos sintiéndonos, conociéndonos directamente, explorando nuestros sentimientos y nuestro inconsciente. Para ello utilizamos una herramienta cognitiva esencial: la atención. La vía del zen es un camino en el que se cultiva y se potencia conscientemente la cualidad de la atención. La causa de todo error cognitivo es una atención deficiente. La enseñanza del cultivo de la atención debería ser una asignatura obligatoria en las escuelas. Hoy día, gran parte del fracaso escolar se debe a una insuficiencia de atención por parte de los niños. Tienen tantos estímulos en su entorno que su atención se dispersa en todas las direcciones y no son capaces de concentrarla a voluntad. Bueno, esto no le sucede sólo a los niños, también a los adultos.

Y como al psicoanálisis, veo que le interesan más las causas que los síntomas, ir a la raíz de los problemas...

R. En el zen se dice que no hay que preocuparse por las flores ni por las ramas sino que hay que ir directamente a la raíz. La cultura de usar y tirar, la superficialidad y la vanalidad que caracterizan a nuestras sociedades de producción-consumo sólo atiende a lo evidente, a los síntomas. Si sentimos angustia existencial lo que queremos es quitarnos rápidamente la molestia consumiendo ansiolíticos, drogas, alcohol o comprando compulsivamente. La publicidad promete el paraíso en treinta segundos si adquieres el producto anunciado. Incluso se atreven a decir que si no eres feliz te devuelven el dinero. Cuando algo va mal nos resistimos a mirar profundamente en sus causas y tratamos de evadirnos. De ahí la cultura del entretenimiento que nos crea la ilusión de vivir en el mejor de los mundos posibles. Pero tenemos que ser conscientes de que tarde o temprano todos vamos a morir, uno por uno. Tarde o temprano tendremos que enfrentarnos al momento inevitable en el que nuestra existencia individual llega a su fin. Por lo que sabemos, somos los únicos seres vivos con conciencia de nuestra propia muerte. Y esta es la causa fundamental de nuestra angustia existencial, seamos o no conscientes de ello. ¿Qué sentido tienen nuestras experiencias de vida cuando llega el momento de morir? El gran tabú de nuestra cultura ya no es el sexo sino tanatos, la muerte. Pareciera que hemos creado un sistema cultural sólo para negar la realidad de nuestra fragilidad y vulnerabilidad ante la muerte.

Y también se adelantó a la Psicología Humanista cuando nos señala la importancia de dotar de sentido a nuestra vida, ¿no? ¿Cuáles son nuestros principales aliados para dotar de sentido a nuestra vida desde el punto de vista de la tradición Zen?

R. Desde la antigüedad, el budismo ha señalado lo que el neurólogo y psiquiatra austríaco Viktor Frankl ha puesto de relieve en los tiempos modernos: que el ser humano es, antes que una mente racional, un animal dotado de conciencia y que esa conciencia le insta a darse cuenta, a buscar y a vivir de acuerdo a un sentido. De una lectura interesada de Darwin se podría extraer la conclusión de que el único sentido es la lucha por la supervivencia y que en esta lucha sólo vencen los más fuertes. Esto ha dado lugar a una especie de darwinismo social como el que profesan los neoconservadores. Otros, como el científico Jacques Monod, han afirmado que el azar y la necesidad son las fuerzas que dirigen la vida. Esta actitud da lugar a un pesimismo existencial que conduce a un callejón sin salida, al suicidio individual y colectivo. Para el budismo, el sentido último de la vida humana no es otro que el estado de gozo, de paz y de felicidad, pero no entendido en un sentido hedonista o materialista. Se trata, como he dicho antes, del verdadero gozo. Si nos observamos, todo lo que hacemos tiene como fin último el sentirnos mejor. La experiencia de la felicidad es definida de forma distinta por los distintos seres vivos pero lo que nos une a todos es precisamente el hecho de tender hacia ese estado de gracia al que llamamos felicidad o gozo vital. Es importante no olvidar que nuestra meta última es ser lo más felices posible. El budismo zen es una economía de la felicidad. Aspiramos a una felicidad global, plena, una felicidad que incluya a todos los seres vivientes, sean cuales sean sus creencias, sus etnias, sus géneros, el color de su piel o la lengua que hablen.

¿Qué actitudes mentales cultiva el Zen?

R. La meditación zen desarrolla dos actitudes básicas: la estabilidad y la lucidez. Estabilidad en el sentido de calma profunda frente a la realidad siempre cambiante. Estabilidad, o ecuanimidad, frente al incesante oleaje emocional. Paciencia en el sentido de no reactividad compulsiva frente a los estímulos. La lucidez es la cualidad más preciada de la conciencia. Hace referencia al hecho de darse cuenta. La meditación zen es una fábrica de darse cuenta, una fabrica de producción de conciencia. La calma emocional nos da libertad para responder adecuadamente a los estímulos. La lucidez nos permite comprender y tomar conciencia de las situaciones.
Teniendo como bases la estabilidad emocional y mental y la lucidez, la meditación zen nos permite abrirnos interior y exteriormente, expandiendo nuestro campo de conciencia más allá de las fijaciones y obsesiones que caracterizan nuestro carácter neurótico. La experiencia de apertura total a la vida nos da confianza, una confianza básica en que, sea lo que sea que nos ocurra, todo está bien y todo es tal y como tiene que ser.

Dices que los pilares del sentido de nuestra vida desde este punto de vista Zen son la conducta ética, la meditación y la sabiduría; me gustaría que le explicaras un poco a los lectores qué beneficios pueden obtener con la práctica de la meditación.

R. La conducta ética se refiere a la forma de vivir: en qué y cómo usamos nuestro tiempo y nuestra energía vital, cómo nos vivimos en el cuerpo, qué hace, cómo se comporta el cuerpo; qué palabras pronunciamos y desde qué estado emocional lo hacemos; qué clase de pensamientos alimentamos; cómo nos ganamos el sustento; cómo usamos los bienes, etc. En definitiva, la conducta ética habla de la sabiduría aplicada a la vida: cuál es la mejor forma de vida, la más justa, la más solidaria, la más armoniosa.
La meditación en zazen es el espacio que nos concedemos para hacer las paces con nosotras mismas, para entrar en nuestro reino interior y mantener una relación íntima, real y profunda con el ser que somos. Nos aporta la interiorización necesaria para permanecer en contacto con la profundidad de nuestra experiencia subjetiva, con nuestros verdaderos anhelos, o miedos, o necesidades.
La sabiduría es la visión iluminada que brota de la meditación. Gracias a esta nueva visión más clara y lúcida comprendemos mejor como vivir de la mejor forma posible. Los tres aspectos se retroalimentan.
¿Qué beneficios puede tener esto? Bueno, la pregunta me hace sentir como un vendedor de coches y no tengo la intención de vender las excelencias del Zen. La cosa es muy sencilla. No pretendo convencer a nadie de nada. La cuestión es sentarse y sentirse, aprender a hacerlo. Y después, que cada uno y cada una decida por sí mismo, por sí misma.

La meditación es un ejercicio de introspección muy poderoso que requiere entrenamiento y trabajo: para liberarse de las sensaciones, de las emociones y de los pensamientos. Me gustaría que trataras de explicar qué le queda a uno en la cabeza cuando se ha librado aparentemente de sus contenidos habituales. Es difícil de imaginar para los profanos...

R. ¿Cómo le explicarías a un ciego de nacimiento la cualidad del color rojo? ¿Cómo explicarías a alguien que nunca la ha probado que el agua del mar es salada? Hay cosas que sólo se comprenden mediante la propia experiencia. El estado de conciencia habitual es como un cielo siempre nublado y en constante movimiento. Las nubes van y vienen, son densas o sutiles, rosas o grises… pero la mente ordinaria está siempre cubierta de contenidos mentales. Con la meditación aprendemos a situarnos más allá de todos los contenidos mentales, sensoriales y emocionales. Es como cuando volamos en avión. Ascendemos, ascendemos, atravesamos la capa de nubes (a veces con turbulencias) y por último alcanzamos el cielo abierto, limpio y resplandeciente en el que sólo la luz brilla inundándolo todo. A alguien que nunca haya volado en avión esto puede sonarle a ciencia ficción pero aquellos que lo han experimentado saben que es cierto.

¿Esa iluminación es sinónimo de felicidad? ¿En qué consiste la felicidad en el contexto Zen?

R. El budismo distingue distintos niveles de intensidad en la experiencia del gozo-felicidad. En primer lugar está la felicidad sensorial, que tiene como base y condición las sensaciones agradables. En segundo lugar está la felicidad emocional-psicológica, que tiene como base y condición estados mentales y psicológicos agradables y positivos. Estos dos primeros niveles de felicidad con condicionados y efímeros. Al depender de factores transitorios, la felicidad resultante es igualmente transitoria. Aunque los seres humanos aspiramos legítimamente a la felicidad sensorial y emocional-psicológica, no podemos encontrar un verdadero estado de bienestar basándonos exclusivamente en ella, ya que por su propia naturaleza es efímera. El anhelo de felicidad que nos motiva no puede quedar satisfecho exclusivamente con el tipo de felicidad sensorial y emocional-psicológica. La inquietud espiritual es una aspiración a un tipo de felicidad más profunda, estable y duradera. El budismo enseña que podemos acceder a este estado de felicidad, llamado sukkha, en sánscrito. Este estado de gozo que no depende de las circunstancias es una de las características de la experiencia de la iluminación.

Me gusta mucho el planteamiento “colectivo” que tiene el Zen de la felicidad, en el sentido de que como todos los seres formamos parte de la misma realidad, la meta de todos nuestros esfuerzos no puede ser otra cosa que el bien común, ¿no?

R. Si somos sensatamente egoístas no tenemos más remedio que trabajar por la felicidad de todos aquellos que nos rodean. Nadie puede ser realmente feliz en medio de un mundo desgraciado. Nadie puede construirse una isla de felicidad personal en medio de un océano de dolor y de sufrimiento. Por ello, desde el punto de vista del budismo zen, trabajar por el bien de los demás significa trabajar por el propio bien y trabajar por el propio bien es trabajar por el bien de los demás. Todos somos uno y todos estamos unidos, más allá de las aparentes diferencias.

Ese es un planteamiento elevado por solidario, pero un lector puede decirnos: meditando no se acaba con el hambre en el mundo. ¿Qué le dirías?

R. ¿Cuál es la causa del hambre en el mundo? La estupidez humana. Cada día se arrojan a la basura toneladas de alimentos en buen estado en los países desarrollados. La obesidad es una epidemia en las sociedades opulentas. Nuestro estilo de vida está basado en le derroche, en el consumo irresponsable. Alguien que haga de la meditación zen una constante en su vida comienza a darse cuenta de lo que es realmente necesario y de lo que resulta superfluo. Al no buscar ya la felicidad en la adquisición de bienes externos sino en el cultivo del autocontentamiento interno, los practicantes zen adoptan la sobriedad como estilo de vida. Y el consumo responsable es la mejor muestra de solidaridad que podemos hacer con respecto a aquellos que mueren o enferman por no disponer de lo humanamente necesario.

No sé muy bien si el Zen es más una filosofía de vida o una religión, pero me gustaría preguntarte si tiene algún planteamiento para después de la muerte.

R. El Zen no es una filosofía puesto que sus planteamientos no surgen de la especulación intelectual, aunque su manifestación adopta a veces una forma filosófica. Tampoco es una religión al uso, en el sentido de que no está basado en un conjunto de ritos, creencias o dogmas. Pero si atendemos al significado etimológico de la palabra religión - que procede del latín religare: volver a unir- el Zen es una religión en cuanto que es un camino que vuelve a unir al individuo humano con la totalidad de la vida. Es una vía que conduce a la experiencia de la Unidad Fundamental, la cual es la esencia última de todas las religiones. También en Occidente se tiende a asociar la práctica religiosa con la creencia en la vida después de la muerte. Esto es un prejuicio etnocéntrico. Con respecto a la cuestión del más allá de la muerte, el budismo Zen se sitúa en un punto intermedio entre el eternalismo -o creencia en la vida eterna del individuo- y el nihilismo - o creencia en la desaparición total de la vida.

En tu libro explicas los “niveles” de meditación y los “lugares psicológicos” con los que se va trabajando (haré un recuadro para completar la entrevista), pero ¿cuáles dirías que son los “síntomas” infalibles que nos hacen ver que hemos culminado la experiencia Zen, la luz que hemos de ver al final del camino...?

R. Las cualidades más importantes de la experiencia de la iluminación o despertar son el Pleno Gozo Interno, la Visión Penetrante que percibe la verdadera naturaleza de la realidad y la Compasión por todas las formas de vida. Estas cualidades se manifiestan necesariamente en la vida cotidiana, de forma que la actitud y el comportamiento cotidiano del practicante de meditación es la prueba más evidente de su despertar interno.

El título del libro me llamó mucho la atención al principio porque parece que nada más lejos que la meditación y una plaza del mercado... Después, leyéndolo, he visto que el título tiene sentido porque el fin último de la meditación no es aislarse y disfrutar de un nirvana particular sino reintegrarse y compartir con los demás esa experiencia. Ese es el objetivo final o lo es el hecho de liberarse del dolor, del sufrimiento y de la aflicción...?

R. La liberación del dolor y de la aflicción personal no es más que un paso previo o un medio hábil necesario para alcanzar la liberación del dolor y de la aflicción de todos los seres vivientes. El voto principal que hacemos los budistas al comprometernos con la práctica de meditación es el de trabajar por el bien de todos los seres vivientes. Y puesto que el ser viviente que cada uno tiene más cerca de sí mismo es uno mismo, pues trabajamos por nuestro propio bien, para empezar, y continuamos trabajando para el bien de todos. Esto quiere decir que la meta del budismo zen no es la felicidad personal. Vivimos en el seno de una vasta red de relaciones con los demás seres vivos. Jesucristo volvió a la plaza de los pueblos después de haber pasado cuarenta días retirado en el desierto. No se quedó viviendo como un eremita, absorto en la fusión con Dios o con la Realidad Inefable, sino que regresó allí donde estaban los seres humanos y curó a los enfermos de cuerpo y de alma, y expulsó a los mercaderes del templo. El título de mi libro hace referencia, por una parte, a esta necesidad de vivir la espiritualidad en la vida cotidiana, en el seno de nuestras relaciones. Y, por otra, hace referencia a la urgente necesidad de despertar los más genuinos y profundos valores espirituales en medio de un sistema social que ha convertido el mercantilismo en la razón de ser de la existencia humana. De nuevo, el Cristo que somos cada uno debe arrojar a los mercaderes del templo a fin de que prevalezcan los sentimientos e intuiciones más genuinamente humanos y que podamos recuperar el carácter sagrado de nuestra existencia y de todos los seres vivos.

Y una última cuestión, ¿no es un precio demasiado alto librarse de todos los deseos, alegrías, placeres y pensamientos... para poder eliminar los negativos?

R. El budismo zen no niega ni rechaza los deseos, las alegrías y los pensamientos. A lo que nos enseña es a no apegarnos a ellos. Necesitamos una nueva cultura del deseo. Necesitamos aprender a desear a fin de que la tremenda fuerza del deseo sea puesta al servicio de la verdadera felicidad individual y colectiva. La exacerbación de los deseos individuales, sean cuales sean, sea al precio que sea, es la estrategia del marketing y de la publicidad puestas al servicio de un sistema de producción y consumo irresponsable que no sólo no nos está aportando una verdadera felicidad sino que es tremendamente injusto, insolidario y que está destruyendo la naturaleza. O aprendemos a desear o perecemos.

Por favor, añade lo que quieras. Y muchas gracias.

Un poema zen:

“Después del canto del búho
el silencio de la montaña
es más profundo aún”.

Lo esencial no puede ser expresado con palabras.

viernes, 27 de marzo de 2009

Viaje a Bucarest

El miércoles 25 de marzo llegué a Bucarest para promocionar la edición rumana de mi libro "Zen en la plaza del mercado", que ha sido editado por Elena Francis Publishing.

Esa misma noche me entrevistaron en el canal de TV B1, en el programa en directo Nasul, líder de audiencia desde hace ocho años. A continiación el video de la entrevista en dos partes. No es muy buena porque el presentador no tenía ni idea del tema ni puso mucho de su parte. Además la traducción del francés al rumano lo complicó todo. Pero bueno, aquí está:

Primera parte:


Segunda parte:


La noche del jueves 26 fué la presentación oficial del libro en un centro Ayurveda de la capital. Hice varias entrevistas cortas para varios canales de TV y para diversas revistas semanales y mensuales. En la foto, con mi editora rumana Eleni Francis, antes de comenzar la presentación.























Elena Francis jugando con mi sombrero.













El público durante la presentación:

















La noche del viernes 27 di una conferencia pública en la sede el Citibank. En la foto con Mihai Pirusca, el traductor de mis obras al rumano, y Elena Francis, la editora.





















Y una instantánea de mi intervención:























El sábado 28 tuvimos una jornada de introducción a la práctica de la meditación zen. Tuvo lugar en una de las salas del Hotel Merriot (impresionante arquitectura de la era Ceaucescu). Aquí una foto del hotel y el grupo que partició en la jornada.































El domingo fue para descansar. Elena y Horia me llevaron al monasterio ortodoxo de Cernica, cerca de Bucarest. Fue muy interesante conocer de cerca el estilo arquitectónico de un monasterio ortodoxo tan antiguo y entrar en contacto con esta tradición espiritual.
En la siguiente foto con Horia:
















El monasterio ortodoxo de Cernica:
















Monjes ortodoxos conversando delante de sus celdas en el monasterio ortodoxo de Cernica:














Frescos del monasterio de Cernica:
















Y bueno, eso fue todo. El lunes 30 regresé a España.

martes, 24 de marzo de 2009

DOKUSHÔ VILLALBA, PRIMER MAESTRO ZEN ESPAÑOL.

Esta entrevista de Angeles Durán ha sido publicada esta semana en la Revista Mía.


Reconocido como maestro de Dharma por la Escuela Soto Zen japonesa en 1990, este monje budista de origen andaluz ha consagrado su vida a mostrar la Vía del Zen.

Dokushô Villalba es el primer maestro zen español. Todo un hecho histórico. Francisco nació en 1956, en Utrera (Sevilla), en el seno de una familia humilde, hijo de un padre jornalero que se empeñó en que sus hijos tuvieran estudios. “Recibí la educación católica de la época –recuerda- y aunque parezca un tópico, desde niño tenía una sensibilidad especial. No podía ver a la gente ni a los animales sufrir. Así que con apenas 14 años comencé a trabajar en organizaciones caritativas asistiendo a los más desfavorecidos. Pero, poco a poco me di cuenta de que la pobreza era también fruto de un sistema social injusto”. Por lo que decidió enrolarse en la lucha política opuesta a la dictadura, ligándose a movimientos de ideología próxima a la izquierda primero, y a la anarquista después. Su ideal de juventud era conseguir la justicia social. Su sueño, terminar Magisterio y vivir en un pueblo enseñando otros valores a los niños.

Sin embargo, el desencanto llegó. “Me di cuenta que era muy difícil cambiar un sistema educativo que más que ir encaminado a desarrollar el espíritu crítico y la creatividad, estaba encarrilado en la creación de un tipo de ciudadano que se insertara en el engranaje social establecido, al que además no se podía cuestionar. Por otra parte, la lucha política también me decepcionó. La clase obrera quería tener lo que poseía la burguesa. Y yo no iba por ahí, mi planteamiento era más humanista. Deseaba una transformación no un cambio de papeles.” Y el desencanto le sumió en una crisis existencial profunda.

Sin embargo, el encuentro fortuito con el zen supondría un giro radical en su vida. “Animado por los amigos asistí a una conferencia que un monje zen español daba en la Universidad de Sevilla”. Aquella charla le hizo decidirse a viajar a París en busca del Venerable Taisen Deshimaru, introductor del Zen en Europa y su primer maestro. A su fallecimiento, peregrinó a Japón para estudiar en los principales templos. Su segundo maestro, Shuyu Narita Roshi, confirmó su desarrollo espiritual al conferirle la transmisión del Dharma.

En 1990 la Escuela Soto Zen japonesa reconoce a Dokushô Villalba como maestro zen. “La tradición del zen es imposible de realizar sin la relación maestro-discípulo, pues se transmite de forma directa, de corazón a corazón”. Hoy, asegura, es más fácil acceder al maestro que cuando él tenía 19 años, pues el zen se ha ido haciendo cada vez más popular, hasta el punto en que en la actualidad en casi todas las ciudades de Europa, existe un centro de meditación. Pero la cara tiene su cruz. Y, advierte con cierta tristeza: “la palabra zen está siendo utilizada de forma banal por esta sociedad consumista que todo lo mercantiliza. Así, encontramos restaurantes zen, perfumes zen, interiorismo zen, incluso un ipod zen”.

Y para deshacer tal descalabro aclara: “El zen es un término japonés que designa a una de las principales escuelas del budismo, una tradición de despertar existencial y espiritual con más de 2.500 años de antigüedad que tiene sus raíces en la experiencia del Buda histórico, Sakiamuni. Para el zen, la causa principal de la angustia, la ansiedad y el malestar existencial es la ignorancia, entendida ésta como una ausencia de claridad mental que nos lleva a percibir de forma errónea la realidad”. Su práctica central es la meditación zazen. “Yo la defino en dos palabras: sentarse y sentirse. Sentarse en el sentido de parar y tomar conciencia de nuestra respiración. La contemplación es un arte tan sutil y refinado que supone una auténtica ingeniería mental y espiritual, que nos aporta paz y estabilidad interior. Es el arte de no hacer nada. Pero…¡es tan difícil no hacer nada!.”

“Zen en la plaza del mercado: Claves zen para comprender y sanar el malestar existencial en la era de la globalización” es su último libro. En él podemos sumergirnos en la esencia de esta tradición milenaria y comprender qué puede aportar su práctica al hombre del siglo XXI, un ser que desposeído de valores tales como la compasión, la empatía y la solidaridad vive sin referentes válidos en un mundo egoísta que sólo conoce una religión, a la que Dokushô denomina , ´La Religión del Mercado´, y que rinde pleitesía al dios dinero. Fundador del Templo Luz Serena situado en Requena (Valencia), el maestro vive entregado a enseñar la Vía del Zen desde hace más de 30 años. “Porque cuando uno recibe un tesoro tiene el deber de compartirlo”.

martes, 10 de marzo de 2009

Maestrul ZEN Dokusho Villalba Roshi in Romania

Maestrul Zen, Dokusho Villalba Roshi, vine in Romania

Del 25 al 30 de Marzo 2009

- Presentación de la edición rumana de "Zen en la plaza del mercado".
- Conferencias públicas.
- Jornada de introducción a la práctica de zazen.

Maestru ZEN, scriitor si filosof , Dokusho Villalba este fondatorul Comunitatii Budiste Soto Zen Spaniole, al Templului Budist Luz Serena, fiind unul dintre cei mai cunoscuti militanti pentru integrarea spiritualitatii orientale cu cea occcidentala.

Asociatia de Terapii Transpersonale in colaborare cu Editura Elena Francisc Publishing organizeaza vizita Maestrului Zen, Dokusho Villalba Roshi, in Romania.

Maestru ZEN, scriitor si filosof , Dokusho Villalba este fondatorul Comunitatii Budiste Soto Zen Spaniole, al Templului Budist Luz Serena, fiind unul dintre cei mai cunoscuti militanti pentru integrarea spiritualitatii orientale cu cea occcidentala.

La Templul Luz Serena (Valencia) conduce sesiuni de meditatie zen cu sute de participanti din toata lumea. In conferintele si workshop-urile sale de meditatie pe care le tine in intreaga Europa si in America de Sud, integreaza domenii precum psihoterapia si spiritualitatea, ecologia si traditiile samanice, meditatia Zen si artele vizuale. In cele trei zile in care maestrul va fi in Romania, va sustine o conferinta, un workshop de meditatie Zazen si va participa la lansarea cartii sale.

Joi, 26 martie este "Seara Maestrului ZEN". O intalnire informala cu mestrul Dokusho Villalba care va vorbi asistentei despre sansele de a invinge stresul, alienarea, starea de disconfort generata de societatea timpurilor moderne, cu ajutorul filosofiei Zen. In cadrul acestei intalniri va fi lansata cartea "ZEN- A FI in era globalizarii" , un bestseller international al carei autor este maestrul Dokusho Villalba, care va semna personal noua aparitie EFP.

Maestrul Dokusho Villalba Roshi sustine vineri o conferinta publica iar sambata conduce un workshop de meditatie.

"ZEN nu este o practica spirituala, ci mai mult decat atat, caci se situeaza dincolo de spiritual si de material. ZEN inseamna a-ti concentra toata fiinta in ceea ce faci, orice ai face. Inseamna A FI. Inseamna a manca stunci cand mananci, a merge atunci cand mergi. A FI aici si acum, in orice moment. Nu este un mijloc de a atinge un scop. Este doar ceea ce este deja, la intensitate maxima. ZEN nu serveste la nimic anume... Si totusi.."

Mai multe detalii puteti afla de pe site-ul Editurii Elena Francisc Publishing.





Más información en rumano: http://www.psychologies.ro/Stiri/Maestrul-ZEN-Dokusho-Villalba-Roshi-in-Romania.html?a=4503/717169

viernes, 6 de marzo de 2009

Enteógenos y Espiritualidad

Junto a sus evidentes potencialidades psicoterapéuticas las experiencias que procuran las sustancias visionarias tienen una relevancia que va bastante más allá de lo estrictamente psíquico. La relevancia ontológica de las nuevas pautas perceptivas que se sirven, la textura de lo real y su interdependencia respecto de la conciencia son todos ellos asuntos que están en el primer plano de este tipo de experiencias. Tales horizontes nos llevan directamente de la mano a las eternas cuestiones del espíritu, del pensamiento así como a las posibilidades de experiencia de la conciencia humana. Tanto será así que la integración de las intuiciones y estados que sirven estas sustancias vendrá necesariamente de la mano de un acercamiento a las diversas vías de las diversas tradiciones espirituales. Desde lo dicho se entenderá la importancia de esta entrevista y de que el Maestro Zen Dokushô Villalba se brinde a exponer sus criterios respecto este tipo de experiencias

Ed Ernst Jünger en "Pasados los setenta" reflexiona sobre la idoneidad de las sustancias visionarias o enteógenos a la hora de interpelar a los hombres acerca del sentido numinoso y espiritual de la existencia humana. Para Jünger el modo de vida contemporáneo, tan agitado, materialista y apartado de lo espiritual, convertiría a los enteógenos, desde la rotundidad de sus efectos, en el revulsivo capaz de catalizar aperturas en la dirección del espíritu. De ahí la actualidad que para Jünger tales experiencias terminarán por tener en el siglo XXI. ¿Qué opinas de esta reflexión?, ¿qué pueden aportar estas experiencias al hombre de hoy en día?, ¿cabe integrar la radicalidad de la experiencia que brindan estas sustancias en el desarrollo interior del hombre contemporáneo?

D.V El uso apropiado de los enteógenos puede ayudar al hombre de hoy a entrar en contacto con la esencia espiritual de la realidad pero creo que la población en general sigue sin estar preparada, psicológica y espiritualmente, para apreciar y usar el poder y los estados de conciencia generados por estos aliados ancestrales de la humanidad. La experiencia inducida por los enteógenos sólo adquiere sentido en ciertos contextos de significados, de experiencias, de formas de vida. Los valores que rigen la civilización occidental en estos momentos no sólo no favorecen el acceso y la integración de los estados expandidos de conciencia sino que los niega y los criminaliza. La prueba es que sustancias que ancestralmente han sido consideradas y usadas como puertas hacia lo numinoso y hacia la liberación, hoy en día, son usadas como soportes de conductas adictivas que conducen directamente al infierno y a la disgregación psicológica y espiritual. Ahora bien, en la medida en la que grupos reducidos de personas, preparadas psicológica y espiritualmente, dotadas de contextos apropiados de significados, usen e integren el poder transformador de los enteógenos, éstos podrán ir teniendo una influencia indirecta cada vez mayor en la sociedad, a través de estos pioneros de la exploración de la conciencia. Por ejemplo, en el Japón medieval, eran pocos los que practicaban meditación zen, sin embargo, el budismo zen llegó a impregnar gran parte de la sociedad y de la cultura japonesa tradicional. Unos cuantos granos de azúcar pueden endulzar un vaso de agua.

Ed Las intuiciones y los estados que tales experiencias brindan, por coherencia con lo vivido, llaman a su actualización en nuestra vida corriente. ¿En este sentido cual sería la relevancia de la psicoterapia y del enfoque psicológico a la hora de abordar la integración de los efectos de los enteógenos? ¿Consideras relevante lo que estas experiencias pueden aportar a la psicoterapia?

D.V No sólo considero relevante lo que éstas experiencias pueden aportar a la psicoterapia sino también lo que las psicoterapias pueden aportar a estas experiencias. El apoyo es biunívoco. Para poder adentrarse en los vastos territorios de la conciencia que abren los enteógenos, es imprescindible contar con una buena estructura emocional y psicológica. Lo que el chaman yaki Don Juan llamaba "disponer de un buen tonal ", de la misma forma que un avión que tiene que volar a diez mil metros de altitud necesita un fuselaje impecable y bien integrado. Allá arriba, la presión es muy fuerte. Si el fuselaje no estuviera perfectamente encajado, estallaría y se disgregaría por los aires. Y esto es lo que puede sucederle a alguien que se adentra en los estados expandidos de conciencia (EEC) sin una integración emocional y psicológica adecuada. Y esta integración es que la que aporta el trabajo psicoterapéutico.En el sentido contrario, los enteógenos pueden ser usados como excelentes herramientas para la exploración y la transformación de la personalidad, del carácter, de los viejos traumas enquistados en el inconsciente y, al mismo tiempo, abren el techo de la psicoterapia llevando al explorador más allá de sus estructura psicológica, en términos de Don Juan hacia el nagual, hacia la esencia espiritual que se haya, por naturaleza, libre de todo condicionamiento. Ciertos enteógenos ya se están usando con éxito en procesos de psicoterapias y creo que, en el futuro, cuando estas sustancias sean, al menos parcialmente despenalizadas, constituirán una herramienta fundamental en nuestra sanación emocional y psicológica individual y colectiva.

Ed Al hilo de lo dicho, ¿en que medida habría de considerarse para la integración de tales efectos un método que transcendiera el trabajo más estrictamente psicoterapéutico para adentrarse en enfoques más espirituales, iniciáticos o transpersonales? ¿En que medida el enfoque espiritual y el psicológico son complementarios?

D.V Como he dicho antes, considero que el equilibrio psicológico es imprescindible para adentrarse en el reino espiritual o invisible. Los EEC son estados de desidentificación, de liberación del anclaje psicológico. En este sentido provocan una conmoción considerable en la estructura de la personalidad e incluso una fuerte disgregación. Esta tremenda fuerza centrífuga y disolvente tiene que estar necesariamente contrarrestada por un principio de identidad claro y sólido, por un poder centrípeto que es el que coagula al individuo alrededor de una autoconciencia individual. Después del "vuelo", el psiconauta necesita aterrizar, es decir, encontrar una tierra sólida que le de soporte y le permita recuperar su "cordura". Esta tierra firme viene dada por una estructura psicológica sana e integrada.No obstante, los EEC trascienden con mucho el marco estrictamente psicoterapéutico y pueden constituir una auténtica iniciación espiritual, es decir, una puerta de entrada a la realidad invisible que está más allá de cualquier condicionamiento, incluido del parámetro del tiempo-espacio. Digamos que para experimentar sin riesgo de disgregación fatal el aspecto incondicionado de nuestro ser, necesitamos estar bien ajustados en nuestros aspectos condicionados.

En muchas culturas actuales, la ingesta de enteógenos sigue siendo la modalidad principal de iniciación espiritual. En nuestra propia cultura occidental, los misterios de Eleusis, a los que fueron iniciados figuras tan importantes en el desarrollo del pensamiento occidental como Platón, Aristóteles, Plotino, y otros muchos, fueron ritos de iniciación espiritual en los que la ingesta del cornezuelo del centeno constituían la experiencia central. Esto está muy lejos del abuso de las sustancias, por un lado, y de la criminalización indiscriminada, por otro, que se hace en nuestros días. Pero si, por ejemplo, nuestras sociedades actuales crearan el contexto de significados apropiados y rituales adecuados en los que nuestros jóvenes mayores de edad fueran iniciados por psicoterapeutas o psiconautas expertos, la adicción a las drogas dejaría de ser uno de los principales problemas de salud pública y el uso racional de los enteógenos se convertiría en fuente de salud psicológica y espiritual.

Ed. Huxley y Jünger mantuvieron cierta polémica sobre los modos de integración de los usos de estas sustancias. Huxley consideraba como deseable el uso a gran escala de estas sustancias sobre la base de un formado y sincero interés por lo espiritual. Jünger, en cambio, abogaba por un uso vehiculado a través de entornos específicos a la altura de ciertos saberes y estableciendo ciertas cautelas y restricciones. ¿Cual es tu opinión al respecto?

D.V Mi corazón, es decir, mi deseo, estaría más cerca de Huxley, pero mi sentido común y la constatación de la realidad actual me acercan más a la posición de Jünger. No creo en el uso a gran escala de los enteógenos porque, repito, ello requeriría un contexto de significados compartido por la mayoría de la población. Y esto está muy lejos de la situación actual. Creo más bien en un desarrollo progresivo, en pequeños grupos minoritarios de personas adecuadamente motivadas, que de una forma u otra elaboran contextos de significados apropiados, que reciben las formas de rituales tradicionales o crean sus propios rituales modernos, que se acercan con respeto, con prudencia a los EEC. Por lo general, aquellos que se acercan de esta forma a los enteógenos son personas cultas que quieren seguir creciendo espiritualmente y que suelen desempeñar roles claves en el tejido social: artistas, músicos, escritores, terapeutas, guionistas, productores de cine o de tv, responsables de la salud pública, etc. En la medida en la que esta vanguardia aprende a adentrarse con seguridad en los EEC y a integrarlos en sus vidas cotidiana comienzan a crear una nueva cultura, un nuevo contexto de significados que expresan y expanden a través de su oficio.

Lo que sí considero importante es la despenalización de estas sustancias y el reforzamiento de campañas de concienciación no puritanas ni represivas que eviten el abuso o el uso indiscriminado. Debemos tener muy claro que la penalización indiscriminada de los enteógenos no obedece a criterios de salud pública sino que constituye una auténtica caza de brujas a través de la cual el contexto de significados imperante trata de protegerse y de perpetuarse a sí mismo. El materialismo y el mercantilismo actuales no sobrevivirían ni una década si la población expandiera sus conciencias a través de un uso racional de los enteógenos.

Ed Ponderas tanto la valoración de las transmisiones tradicionales como la necesidad de lenguajes y marcos rituales acordes con nuestra cultura. Por lo que a este tema se refiere lo cierto es que encontramos una gran diversidad que esconde tanto iniciativas orientadas como pura confusión e incluso negocio. ¿Cabe trasladar sin más los lenguajes y rituales chamánicos a un medio cultural occidental? ¿Cómo y en qué medida podemos inspirarnos en toda la experiencia acumulada por las tradiciones chamánicas sin por ello caer en el circo del neochamanismo de la New-Age?

D.V La clave está en una adecuada actualización de la esencia y de la forma de las transmisiones tradicionales. Esta actualización requiere de al menos dos elementos básicos: en primer lugar que un occidental sea verdaderamente iniciado, a través de las formas tradicionales a la experiencia fundamental, y que, a partir de esta experiencia, este occidental sea capaz de desarrollar la creatividad necesaria para que esa experiencia sea presentada en un lenguaje y sea facilitada a través de formas rituales adaptadas o actualizadas a la época actual. Conozco bien la situación porque yo mismo me encuentro inmerso en ella. He recibido una formación budista zen tradicional, he practicado y aprendido en el marco monástico zen japonés que es casi medieval. Al retornar a España y tratar de transmitir lo aprendido me di cuenta enseguida que la forma tradicional japonesa no era operativa ni inteligible para mis coetáneos. Por ello, me veo inmerso en un proceso de reactualización de los contenidos y de las formas. A menudo comparto estas preocupaciones con amigos y colegas que se encuentran en la misma situación aunque en otros contextos. Gente que ha aprendido con chamanes sudamericanos, con lamas tibetanos, con maestros sufis y que se dan cuenta de que no basta con traer las formas rituales "extranjeras" tal cual. Necesitan una actualización. No obstante, esta actualización no puede ser una improvisación o una invención, sino que debe tener sus raíces en una profunda comprensión y experiencia de las formas tradicionales.La experiencia fundamental del Conocimiento Ultimo es una y universal, más allá del tiempo y del espacio. Lo que han hecho los grandes guías como Buda, Lao-tsé, Jesucristo, Mahoma y otros avatares no ha sido ni más ni menos que actualizar (volver actual) o encarnar en un tiempo y en un espacio concreto esta verdad universal.

La eficacia y la profundidad de la actualización dependen pues de la profundidad de la experiencia del actualizador y de su creatividad. Esto está muy lejos de la pura imitación, de las improvisaciones desenraizadas y de la búsqueda de clientela.

Ed Sobre las experiencias que deparan estas sustancias se ha advertido su fuerte capacidad para el deslumbramiento y, por eso mismo en tanto contrapartida, su fuerte capacidad desequilibrante a nivel psicológico. ¿Desde tu punto de vista cuales serían las problemáticas más importantes asociadas a tales experiencias?

D.V La personalidad, la estructura psicológica, está básicamente constituida por mecanismos de defensa. Estos mecanismos aseguran la continuidad psicológica del sujeto, del individuo, es decir, de la autoconciencia o de la imagen de sí. Estos mecanismos son necesarios, aunque una excesiva defensividad aísla al individuo del mundo y lo recluye en la prisión de un yo acorazado. Estos mecanismos no sólo nos defienden de las amenazas exteriores sino que, sobre todo, nos defiende de nuestras propias pulsiones o de contenidos que se haya en nuestro propio inconsciente. Por lo tanto, nuestros propios mecanismos de defensa son los que nos impiden acceder, por ejemplo, a la memoria de un trauma pasado y al hacerlo, nos impiden también tomar conciencia de él y sanarlo. Gran parte del trabajo en psicoterapia consiste en vencer o burlar los mecanismos de defensa del paciente para poder llevarlo hasta la raíz oculta de su problemática. Este es un trabajo muy delicado. Los mecanismos de defensa no pueden ser dinamitados sin más. Necesitan ser desmontados poco a poco o sustituidos por otros más amplios y flexibles. Los enteógenos pueden hacer saltar por los aires los mecanismos de defensa sin que el sujeto esté psicológicamente preparado para afrontar la experiencia.

Por otra parte, la ausencia de referencias conocidas durante los EEC puede llevar al explorador a estados de angustia, de ansiedad, de desmembramiento, parecidos a brotes de esquizofrenia o de psicosis temporales. Personas con semillas ocultas de esquizofrenia o de psicosis pueden vivir estos estados de forma especialmente trágica y su psicosis latente puede emerger con fuerza, incluso uno vez que los efectos de la sustancia han pasado. Por ello, toda la prudencia es poca. Toda exploración debe contar con las garantías necesarias, el acompañamiento apropiado y el momento oportuno.

Ed Se habla del buen y del mal viaje... Huxley reivindicaba la integración creativa de los supuestos malos viajes a la vez que cuestionaba tales categorías. ¿Cual es tu opinión al respecto?

D.V No hay un solo tipo ni un solo grupo de causas de los llamados malos viajes. A la hora de emprender una exploración hay que tener en cuenta al menos tres factores: En primer lugar, la calidad y la pureza de la sustancia a ingerir, así como la dosis más adecuada para el momento. Algunos malos viajes son provocados por la mala calidad de la sustancia, porque está deteriorada o ha sido adulterada. También puede ser porque la dosis ha sido excesiva, más potente que la que el explorador podía integrar en ese momento. En este punto, cada uno debe hacerse responsable de sí mismo, no sobrepasar el límite natural que le marca el momento y procurar asegurar la calidad de la sustancia.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta el contexto marcado por las circunstancias. Cada exploración requiere un entorno adecuado, seguro, confortable, un tiempo sin agobios y una compañía propicia. Algunos malos viajes vienen dado por un contexto inapropiado o por una compañía desafortunada.

En estos dos aspectos citados, creo que debemos hacer todo lo posible para asegurarnos un "buen viaje".Sin embargo, existe un tercer factor que es fundamental. A saber, el estado interno del explorador, su predisposición, su estado emocional y psicológico, su motivación, su valentía, su entereza psicológica, etc.… Especialmente la motivación, el propósito con el que se inicia la exploración, es determinante. El propósito actúa como una flecha que arrastra la conciencia y la experiencia hacia el blanco fijado, evitando la dispersión y el ganduleo por la psiques. El propósito es una intención que protege la integridad en medio del caos. No obstante, aunque estos tres factores hayan sido reunidos, puede surgir un "mal viaje". Pero en este caso, este mal viaje estará provocado sobre todo por la confrontación con nuestras zonas oscuras, la sombra. Este pasaje es inevitable y todo explorador debe atravesar una y otra vez su propia sombra, hasta integrarla y reconciliarse con ella. Digamos que hay malos viajes evitables y otros que son inevitables. A veces estos últimos no tienen porqué ser considerados malos viajes, aunque se pase mal, sino verdaderas iniciaciones a lado oscuro de la conciencia.

Ed Se habla de la capacidad de los enteógenos para suscitar estados parapsicóticos, estados disociativos, estados expandidos de conciencia, intuiciones de estados espirituales, el llamado estado de conciencia testigo… ¿A que nos estamos refiriendo con esto?¿Qué irrumpe de la mano de los efectos de los enteógenos?

D.V No creo que los enteógenos tengan especialmente la capacidad de hacer emerger la conciencia testigo. Los enteógenos con psiquedélicos, es decir, catalizadores de la psique. Los enteógenos no aportan nada que la psique no tenga ya. Lo que hacen es catalizar las capacidades o las actitudes propias de cada mente. Por ejemplo, una persona que nunca haya practicado ni experimentado la conciencia testigo difícilmente la experimentará con los enteógenos. Estos son potenciadores, repito, de lo que cada uno lleva. Si alguien ha desarrollado la mirada interna, a través de la meditación o de cualquier otra práctica, los enteógenos potenciarán esta mirada interna. Si alguien entra en una experiencia enteogénica con una mente dispersa y confusa, los enteógenos aumentaran esta dispersión y confusión. Por ello, el propósito y la actitud interior son determinantes a la hora de entrar en los EEC.

Uno no se vuelve más consciente por el simple hecho de tomar estas sustancias mágicas. Es cierto que uno accede a una cantidad de información mucho mayor que en los estados ordinarios de conciencia. Pero el asunto no es la cantidad de información de la que se dispone, sino qué uso se hace de ella, cómo se integra, cómo se articula. Es en este punto en el que la preparación psicológica y espiritual previa a la experiencia, y la posterior integración juegan un papel determinante.

Ed De acuerdo a lo dicho, ¿cómo valorarías las imágenes internas que suelen brindar tales experiencias?

D.V Los EEC son muy parecidos a los estados oníricos y sus contenidos muy similares a los de los sueños. Según las enseñanzas budistas, los contenidos oníricos pueden ser de tres tipos: en primer lugar, los relacionados con las experiencias ordinarias recientes, con lo que hemos hecho en el día de hoy, o ayer o el año pasado, es decir, proceden de la actividad del yo consciente. Estos son los más superficiales y los menos interesantes; en segundo lugar, los que proceden del inconsciente profundo –ya sea individual, colectivo o cósmico-. Por ejemplo, los enteógenos usados en el marco de un proceso psicoterapéutico permiten acceder a traumas relacionados con nuestra biografía personal que permanecen ocultos a la conciencia ordinaria. Más allá de la propia biografía personal, es posible acceder a contenidos del inconsciente colectivo e incluso universal. Aquí podemos entrar en contacto con una gran cantidad de información. Podemos visitar los reinos animales, vegetales y minerales, los reinos del submundo de los que habla la tradición chamánica universal. Podemos conectar incluso con informaciones contenidas en el ADN. También es posible entrar en contacto con los reinos sutiles, el supramundo o los estados celestiales. Los diseños de muchos de los templos y edificaciones sagradas, de cualquier tradición, por ejemplo, las pirámides de Meso y Sudamérica, son visiones obtenidas por los hombres y las mujeres de conocimiento en sus vuelos espirituales, en gran parte inducidos por enteógenos.Muchas de las imágenes que aparecen en los EEC proceden de este nivel. Las imágenes visuales son las formas a través de las cuales nuestro cerebro representa estas informaciones que, en su propia naturaleza, no son necesariamente visuales.

Por último, ciertas imágenes proceden directamente de la fuente espiritual, del verdadero ser esencial. Estas son imágenes muy cargadas de significado que pueden transformar completamente la vida del que las experimenta. Podríamos hablar de ellas como de auténticas iluminaciones.

Ed Otra de las cosas que maravilla de tales experiencias es ese mirar regenerado en el que todo parece vivo. ¿Cual sería la relevancia y el sentido de esa mirada?

D.V Hay que decir que no todos los enteógenos ni todas las experiencias enteogénicas conducen necesariamente a esta experiencia de "unidad con el latido de la vida en todo". A veces, es la muerte y la sombra, o el submundo lo que aparece. Los hongos psilocíbicos, la ayahuasca, el mismo LSD, o el MDMA pueden inducir esta experiencia de conexión con la vibración esencial de la vida. Cuando esto sucede, salimos de nuestra burbuja racional y sentimos cómo vibran cada una de nuestras células al unísono con cada una de las células y de las partículas elementales del cosmos. Suele ser una experiencia expansiva, liberadora, muy gozosa. Una inmersión en la confianza básica en la vida, en la bondad fundamental que sostiene el cosmos, en la belleza que lo impregna todo. Una mirada así tiene necesariamente profundas repercusiones en la estructura de la personalidad, habitualmente cerrada sobre sí misma, haciéndola más flexible, más abierta, más confiada y bondadosa. No obstante, como dice el dicho: "Después del éxtasis, la colada". Después de un EEC de este tipo queda todavía trabajo por hacer en el aquí y ahora, en nuestra vida cotidiana. Suele suceder que después de una gran expansión viene una gran contracción. Después del éxtasis, tenemos que volver a aterrizar sobre el duro suelo de la vida cotidiana. Pero, si la experiencia es adecuadamente integrada, su repercusión continúa a lo largo del tiempo porque aquello que ha sido abierto, aunque eventualmente se cierre de nuevo, no vuelve al punto inicial.

Ed Se ha afirmado que una de las potencias más importantes que brindan estas experiencias es su capacidad para la conciliación de contrarios (interior-exterior, cuerpo-mente) a través de la modificación o expansión de conciencia. Tal capacidad para la integración de contrarios, ¿qué relación tiene con el desarrollo de la conciencia?

D.V Digamos que la naturaleza básica de la realidad es no-dualista. La visión dualista es fruto de un condicionamiento cognitivo característico de ciertas formas culturales, como la nuestra. Lo que los enteógenos propician -aunque no necesariamente sucede esto en todos los casos-, es un descondicionamiento de nuestra percepción limitada. Podríamos comparar en este sentido el efecto de los enteógenos con la acción del sol sobre la bruma. Cuando hay bruma, la visión es muy limitada. No sabemos realmente qué hay más allá de un metro, sólo podemos tener una visión de corto alcance. Cuando sale el sol, la bruma se disipa. Entonces aparecen las montañas y los ríos que siempre han estado ahí. No es el sol el que "crea" las montañas y los ríos. Lo que hacen los rayos solares es disipar los obstáculos que nos impedían ver que las montañas y los ríos siempre han estado ahí. De la misma forma, los enteógenos no reconcilian los opuestos. Lo que hacen es disolver la percepción condicionada que nos impedía ver que la realidad es no-dos. Y esta experiencia de la unidad fundamental tiene una estrecha relación con el desarrollo de la conciencia porque una conciencia atrapada en la dualidad es necesariamente una conciencia limitada, restringida, opacada e inexacta. La conciencia dualista es como ese sol que vemos desde dentro de una espesa capa de bruma. Un sol limitado. Ahora bien, cuando la bruma desaparece, nos damos cuenta de que el sol irradia por todas partes y su luz penetra hasta el más recóndito rincón de la realidad.

Ed La música se está convirtiendo en uno de los referentes privilegiados a la hora de servir un encuadre a estas experiencias. Pienso en los ícaros (1) del daimismo o en las catarsis y estados emocionales que intentan inducir ciertas músicas del alma. También me viene a la cabeza la llamada música espejo que proporcionando un suelo no interfiere en demasía la experiencia de cada cual. Por otro lado las tradiciones chamánicas junto a estas músicas del alma han sabido atender al valor del silencio (2). La importancia que se está dando a la música como contexto natural de toma suscita diversos debates. Hay quienes destacan el emerger del propio psiquismo en un silencio ritualizado. Otros en cambio apuntan la necesidad de un contexto musical que arrope más al psiconauta a través de esas músicas espejo. Finalmente también hay quien, en una línea más de musicoterapia, destaca la necesidad de recrear a través de la música determinados estados emocionales que profundicen en la evolución del alma. ¿Cuál es tu postura sobre todos estos debates?

D.V Depende de lo que se quiera obtener de la experiencia, es decir, depende del propósito. Creo que todas las opciones que has citado son aceptables y válidas. El psiconáuta que propone y dirige la sesión debe tener claro en qué franja de la conciencia quiere trabajar y exponerlo así a los participantes. Si el trabajo va a ser de exploración emocional, una música apropiada ayuda enormemente a evocar emociones ocultas o reprimidas. Si el trabajo va a ser más meditativo o contemplativo, la música apropiada puede ayudar también, aunque esta debería ser alternada con grandes espacios de silencio. Hay músicas que favorecen la desestructuración necesaria del discurso racional. Otras apoyan estados de contemplación. Otras intervienen en la re-estructuración final también imprescindible… Depende lo que se quiera. Personalmente, dado que mi área de trabajo no es la psicoterapia, prefiero una alternancia de músicas que ayudan a emprender el vuelo y conducen la conciencia a un estado contemplativo, con grandes espacios de silencio en los que sea posible conectar con la "música de las esferas", esa sinfonía inefable y vibracional que lo inunda todo. No obstante, no todo el mundo puede permanecer en largos espacios de silencio sin extraviarse en los vericuetos de las creaciones mentales y sin perder el estado de Presencia continuo, es decir, de alerta y despertar. Por ello, los chamanes utilizan a veces instrumentos musicales simples pero de una gran calidad e intensidad vibratoria, como maracas, sonajas, cuerdas, pitos, flautas, tambor, etc. A través del uso adecuado de estos instrumentos, el conductor de la sesión trae continuamente la mente de los participantes a la experiencia inmediata, al aquí y ahora, evitando que la conciencia sea absorbida por la imaginería subjetiva. Un uso consciente de música "encapsulada" y reproducida por un lector de cd, por ejemplo, puede tener el mismo efecto.

Ed Algo que llama la atención de los investigadores es la capacidad de estas sustancias a la hora de cuestionar nuestra identidad y nuestra identificación con todo ese flujo de emociones y pensamientos que consideramos como propios. Como maestro zen, ¿quiénes somos realmente más allá de toda esa actividad racional y emocional?

D.V Más allá de esa incesante actividad mental, sensorial, emocional somos un perfecto vacío luminoso, inmutable, atemporal e incondicionado. En esencia somos un no-ser. Como dice el Tao Te King: "La fuente del ser es el no-ser". La experiencia del "no-ser" es un agujero blanco en el tiempo y en el espacio en el que se disuelven todas nuestras identificaciones limitadas. "Ni esto ni aquello" como se dice en el Vedanta Advaita. A veces, la intensidad y la cantidad de estados tan diversos, contradictorios y caóticos que se experimentan en ciertos EEC nos obligan a soltar nuestras identificaciones y seguridades habituales y a fluir en una corriente caleidoscópica imposible de controlar o de dirigir. Para las mentes no preparadas, esta imposibilidad de aferrarse a nada puede provocar estados de angustia, de paranoia, de miedo a la locura; puede desencadenar reacciones de control neurótico… y conducir directamente al infierno, al mal viaje. Es como cuando una ola gigantesca te coge y te lleva, revolviéndote en todas las direcciones. Sin embargo, cuando el explorador puede soltar sus amarras y dejarse llevar en la confianza básica, este aluvión de visiones, sensaciones, percepciones, emociones etc. se convierte en una ayuda al soltar todas las identificaciones y a acceder a la conciencia testigo. La conciencia testigo es como un espejo que no rechaza ni se aferra a nada. La naturaleza del espejo es precisamente un vacío omniabarcante y omnireflectante, un no-ser desde el que brota con inmenso poder creador la multiplicidad del ser y de los fenómenos.

Ed ¿Pueden constituir tales experiencias una vía interior de por si o exigen más bien la integración y el encaje de las mismas en una serie de prácticas concretas tales como la meditación?

D.V Los EEC nunca han sido, en ninguna tradición, una vía en sí misma, sino un aspecto, un factor importante, un catalizador dentro de un camino iniciático mucho más complejo. Recordemos, por ejemplo, el caso de Carlos Castaneda y Don Juan. El camino de conocimiento o de despertar espiritual incluye necesariamente otras prácticas previas a las experiencias puntuales de EEC y también prácticas posteriores que permiten la integración de esos estados. La meditación, por poner un ejemplo, es una vía de realización completa en sí misma, pero que puede ser reforzada puntualmente, bien por un proceso psicoterapéutico, bien por experiencias concretas de EEC inducidos por los enteógenos, aunque no necesariamente. La meditación aporta una disciplina mental, corporal, emocional y espiritual que es de gran ayuda en los EEC y, al mismo tiempo, es una excelente herramienta de integración posterior de estos estados. Desde mi punto de vista, es un error grave considerar los EEC inducidos por los enteógenos como un camino en sí mismo.

Ed Si no me equivoco indicas la idoneidad de las técnicas de meditación a la hora de encarar la propia experiencia con visionarios o enteógenos. ¿En qué medida esto es así? ¿Cómo y por qué orientan la experiencia las técnicas meditativas?

D.V Una experiencia larga en la práctica de la meditación no orienta necesariamente las experiencias visionarias. La orientación de las experiencias visionarias viene dada por el propósito, por la sustancia, por el conductor, por el grupo, etc. La experiencia en meditación afecta sobre todo a la actitud interior , es decir, a la forma como el psiconauta se relaciona con los contenidos, a su reactividad a estos contenidos, a su capacidad de integrarlos. En pocas palabras, lo que la meditación desarrolla es la Conciencia Testigo, es decir, la capacidad de permanecer consciente de lo que se está experimentando sin reaccionar compulsivamente ante ello. La Conciencia Testigo aporta objetividad, des-identificación, ecuanimidad, claridad, libertad con respecto a los contenidos. Esta capacidad de auto-objetivar los contenidos de la propia experiencia se encuentra en la base tanto de la sanación emocional como del despertar espiritual. Uno de los problemas con el uso de enteógenos es que la conciencia de las personas no experimentadas puede ser fácilmente aturdida por la enorme riqueza, por la cantidad ingente de información que de pronto aflora a la conciencia. El oleaje puede ser percibido como una catástrofe inminente. En medio de este maremoto, la conciencia puede convertirse en un trozo de corcho azotado por fuerzas sobrehumanas. En estos casos, la conciencia desconecta y se sumerge en la inconsciencia. El psiconauta cae en un ensueño profundo y, por lo tanto, se vuelve incapaz de sacar provecho de la experiencia. En este caso, la sustancia actúa como un narcótico. Y, si bien es cierto que este estado de narcosis es lo que buscan algunas personas que recurren a los enteógenos, esta situación no tiene nada que ver con el uso de los entéogenos como aliados del Despertar espiritual y de la sanación emocional. Para que una experiencia sea enriquecedora y significativa es fundamental permanecer con los ojos del Espíritu perfectamente abiertos.

Ed Stanislav Grof utilizó los enteogenos en la Checoslovaquía de los setenta con enfermos terminales con unos resultados sorprendentes. Estas sustancias se revelaron tremendamente eficaces a la hora de ayudar a encarar la muerte de una manera más serena. Muchos terapeutas han reivindicado su uso a la hora de abordar determinados miedos y en especial el miedo a la muerte. ¿Cual es tu perspectiva sobre este asunto?

D.V Mi experiencia y mis investigaciones teóricas de los últimos años me han hecho comprobar que ciertos enteógenos facilitan la experimentación consciente del miedo rey de todos los miedos que es el miedo a la muerte, el miedo a la propia disolución. En un sentido amplio, podríamos decir que todos los EEC son de alguna forma experiencias de "muerte", puesto que nos obligan a ir más allá de la identificación ordinaria con un yo limitado.Hay ciertas sustancias que pueden acercar al explorador al proceso mismo de muerte biológica y psicológica. No olvidemos que una de las traducciones del término "ayahuasca" es precisamente "la liana de los muertos". En todas las culturas tradicionales, el rito de iniciación a la adultez es una experiencia de muerte-renacimiento. Actualmente, un neuropsiquiatra neozelandés, afincado en Londres, de nombre Carls Jansen, ha puesto a punto una terapia de muerte-renacimiento en la que usa la ketamina. Esta terapia va dirigida en principios a curar drogadicciones y, en particular, el alcoholismo. Es una terapia legal que se sigue en un hospital público, subvencionada por el Estado. En mi experiencia, la ketamina administrada en circunstancias apropiadas, dentro de un contexto de significados adecuado, es la sustancia que más nos acerca a la experiencia física, psicológica y espiritual de la muerte. El Dr. Jansen ha puesto en evidencia que las fases del viaje con ketamina son muy similares a las fases de las experiencias cercanas a la muerte (ECM), que en los últimos años han sido tan estudiadas en Occidente. Sincrónicamente, estas fases son también muy similares a las descritas por los libros tradicionales sobre el buen morir, como el Libro Tibetano de los Muertos, por ejemplo. Al mismo tiempo, estas fases coinciden en un grado muy alto con los estados superiores de conciencia generados por la meditación budista.

En los últimos años se está dando en España, y en Occidente en general, un movimiento ciudadano que trata de recuperar la experiencia de la muerte como una de las más importantes y significativas del ciclo vital del ser humano. En este sentido, siento que una práctica de preparación a la muerte apoyada en sustancias tales como la ketamina o la ayahuasca pueden hacer una contribución considerable a nuestra manera de entender y de abordar la muerte y, por lo tanto, la vida.

Entrevista realizada por José Carlos Aguirre y que será publicada próximamente en un obra monográfica dedicada al uso y al abuso de los enteógenos.

Notas.

(1) Reciben el nombre de Icaros las invocaciones que en forma de canciones, salmodias o himnos se suelen cantar en las ceremonias que contextualizan el uso de visionarios o enteógenos. Por regla general tales invocaciones manejan pautas arquetípicas de evolución del alma.

(2) Si bien es cierto que el silencio caracteriza los usos más iniciáticos de los enteógenos en las culturas tradicionales no es menos cierto que las tomas más comunitarias, y en esa medida con gente menos experta, se afianzan en músicas, salmodias, cánticos y recitaciones diversas.

Limite ou non limite?

L'approche bouddhiste propose la fréquentation du temps éternel. Rencontre avec un maître zen qui connaît la psychothérapie et qui parle de transfert et de limite dans ce lieu délicat où cette dernière vient fréquenter l'illimité.

Réel : Pourquoi parlez-vous de tension entre nature conditionnelle et nature inconditionnelle ?

DOKUSHÔ SENSEI : Cette tension est historique et pas seulement chez les bouddhistes. Comment vivre l'illimité dans les limites et comment clarifier les limites à la lumière de l'illimité que nous sommes ? Nous, les êtres humains, nous nous trouvons dans un croisement dû à notre nature qui est au-delà du temps, au-delà de l'espace, au-delà des circonstances et des conditionnements personnels et historiques. En même temps, nous sommes des êtres qui naissons dans l'histoire, dans un espace, dans une culture et dans une famille. Nous sommes donc soumis à des conditionnements qui, parfois, nous empêchent d'entrer en contact avec ce qu'il y a de plus inconditionnel en chacun de nous, ce que l'on appelle dans le bouddhisme notre "nature du bouddha".

Réel : Dans l'approche bouddhiste, cette perte de l'origine est réputée "non coupable", non issue du péché.

D.S. : Elle est non coupable. En fait, la culpabilité est le symptôme de la perte de l'innocence originelle. Dès que l'on a une expérience de "recontact" avec l'origine, la culpabilité disparaît automatiquement et l'innocence et la pureté originelle apparaissent. Nous croyons avoir perdu l'origine, c'est une illusion cognitive qui prend forme dans une structure émotionnelle psychologique et corporelle qui devient très concrète, mais ce n'est en fait qu'une illusion. Cela ne veut pas dire qu'elle n'existe pas ; la perte existe, mais ce n'est qu'une illusion. L'on n'abandonne pas l'origine, l'on n'est jamais coupé de la voie quoi que l'on fasse, où que l'on soit, mais on crée l'illusion de se voir écarté et l'on perd la mémoire du "soi" originel.

Réel : La révolution industrielle nous a-t-elle névrosés ? Nous a-t-elle éloignés de nous ?

D.S. : La révolution industrielle a sans doute coupé la société de la nature en créant de grandes villes, de grands centres de production et cela était déjà une coupure du rythme naturel, du rythme du jour et de la nuit et des saisons. Elle a également déchiré le tissu familial. Traditionnellement, les gens travaillaient là où ils habitaient avec leur famille, mais la révolution industrielle a fait que les pères sont partis travailler très loin, en dehors du contexte familial. Souvent, les mères sont parties également pour chercher du travail et les enfants sont restés sans contact avec les parents. Petit à petit, cela s'est développé de plus en plus et aujourd'hui on peut dire que la société technologique dans laquelle nous vivons est vraiment une grande usine, à échelle industrielle, de névrosés et de malades mentaux.

Réel : Le bouddhisme est très ancien. Comment peut-il évoluer par rapport au monde d'aujourd'hui ?

D.S. : Le bouddhisme a environ 2500 ans. Son instruction formelle est peut-être dépassée, mais le véritable chemin reste toujours valable. Nous, les maîtres, qui sommes responsables de la tradition bouddhiste, sommes entrain de chercher à amener une vérité intemporelle dans notre temps au contexte historique si particulier.

Réel : Peut-on dire, aujourd'hui, que l'approche psychothérapeutique fait partie du chemin bouddhiste ?

D.S. : Cela dépend de la psychothérapie pratiquée. Si elle est un moyen de guérir la souffrance émotionnelle et psychologique, elle fait complètement partie du bouddhisme. La psychologie occidentale et la psychothérapie sont des applications spécifiques de la vérité enseignée par le bouddhisme, avec des méthodologies spécifiques et adaptées aux structures émotionnelles et mentales des êtres humains que nous sommes. Il faut une psychothérapie "à toit ouvert", qui donne la possibilité au patient de se connecter avec sa nature spirituelle et avec son besoin de transcendance. Dans la liste des besoins faite par Abraham Maslow, un des pères de la psychologie humaniste, il y avait le besoin de transcendance de soi. Une fois que la réalisation de soi en tant qu'être humain est faite, il y a un besoin beaucoup plus profond, qui est de se transcender soi-même, c'est-à-dire d'entrer en contact avec sa nature inconditionnelle.

Réel : Que pensez-vous de la notion de transfert ?

D.S. : Chaque maître bouddhiste est différent. Il y a aussi une différence entre les maîtres orientaux et occidentaux qui ont des sensibilités différentes. Dans mon cas, je me suis intéressé à la psychothérapie depuis de nombreuses années et j'ai même suivi un processus personnel. Il y a des concepts, comme celui de transfert et de contre-transfert, que j'ai incorporé dans ma façon de faire et dont je tiens compte. Si l'on ne sait pas gérer cela, il y a beaucoup de problèmes qui apparaissent dans la relation entre le maître et le disciple.

Réel : Le Dharma, la démarche bouddhiste, cela construit ou cela déconstruit ?

D.S. : Il y a plusieurs aspects. Il y a une construction d'une structure de vertus, d'une structure plus saine, plus large, plus souple, plus apte pour le bonheur. Le drame de la névrose, c'est l'excessive rigidité qui empêche la pulsion fondamentale de la vie de s'adapter aux circonstances toujours changeantes de la réalité. Une structure plus saine permet de vivre beaucoup mieux en tant qu'être humain. Dans le Dharma, nous trouvons d'abord une phase de déconstruction de ces structures névrosées, pour ensuite construire une représentation du "moi" beaucoup plus réelle. Le problème réside dans le représentation mentale que l'on se fait de soi-même. Le Dharma a donc les deux aspects, de déconstruction et de construction. On ne peut pas construire quelque chose de bien sur un vieux inmeuble. Il faut d'abord enlever ce qu'il y a en trop pour pouvoir rebâtir une structure beaucoup plus saine.

Réel : Il y a des êtres fragiles qui ne peuvent pas supporter une déconstruction.

D.S. : C'est pour cela qu'il n'est pas conseillé - de mon point de vue - que des personnes qui sont dans des états "limites" ou qui sont psychotiques aient une pratique très poussée du bouddhisme, de la méditation, des sadhanas ou des retraites. Il est préférable de travailler d'abord avec des techniques de reconstruction de la personnalité. C'est seulement dans la mesure où la personnalité est bien établie que l'on peut passer à l'étape de transcendance de la structure psychologique. On peut prendre l'exemple d'un avion qui doit être très bien assemblé et où chaque pièce doit être exactement à sa place. Alors l'avion pourra monter très haut et supporter de grosses pressions sans exploser. Si une pièce de l'avion n'est pas bien emboîtée, il souffre à la première pression et tout se déchire.

Réel : Par le passé, vous avez été anarchiste. Vous avez goûté au haschisch et au LSD. Le Zen
vous a-t-il donné un cadre ou vous a-t-il apporté plus qu'un cadre ?

D.S. : Il m'a apporté beaucoup plus qu'un cadre. Le Zen est déconstructeur des mauvaises illusions. Il m'a remis en contact avec mon "moi" profond et il s'est passé un changement très profond chez moi. Je n'ai pas complètement renié mes idées et ma sensibilité passée. Je travaille toujours pour une société beaucoup plus humaine. Je pense que le sage s'approprie les substances traditionnelles qu'ont utilisées les cultures anciennes et que cela peut servir pour le développement de la conscience humaine. Maintenant, tout cela je le vis d'une façon beaucoup plus harmonieuse et heureuse.

Réel : L'ego peut-il prendre au piège le Dharma ?

D.S. : Tout à fait. L'ego peut se servir du Dharma pour affermir ses propres défenses. L'ego est un ensemble de mécanismes de défenses. Le Dharma peut aussi se servir de l'ego et cela c'est beaucoup mieux. L'ego devient le véhicule d'une vérité beaucoup plus profonde. Le danger, c'est lorsque l'ego devient un super-ego. C'est alors très dangereux pour une communauté religieuse, bouddhiste ou non. En Europe, c'est un piège dont les maîtres doivent tenir compte.

Réel : Comment peut-on être maître zen et en même temps un homme de cœur ?

D.S. : Ce n'est pas du tout incompatible. On a parfois une image artificielle de ce qu'est le Zen. Au Japon, le Zen a une certaine rigidité. Je fais partie de la première génération d'européens qui a reçu la transmission du Dharma d'un Maître japonais. Mais je suis du Sud de l'Espagne et donc quelqu'un qui a le sang chaud, très habitué à vivre à partir du cœur. Alors, il se fait un mélange entre l'efficacité et la sobriété, entre la profondeur du Zen et le cœur chaleureux. Cela est tout à fait possible. J'espère que dans l'avenir, en Europe, le Zen aura beaucoup de cœur et de chaleur.

Propos recueillis par Georges Didier

Dokushô Villalba Sensei est maître zen et fondateur de la Communauté Bouddhiste Soto Zen en Espagne. Ecrivain, il a notamment publié en français Enseignement d'un Maître Zen (Editions du Rocher, 2006).

Entrevista publicada en Réel. Le journal qui prend la parole. 24 pages tous les mois pour tout connaître de l'actualité en psychothérapie (annuaire national des psychothérapeutes) mais aussi des liens avec l'écologie, le politique, la psychanalyse. http://www.journalreel.info/