La Vía del Buda te atraviesa desde la cabeza hasta los pies
por Kodo Sawaki (*)
En el Budismo
nos ocupamos de la cuestión de cómo hemos de vivir esta vida de la mejor manera
posible. Se trata de llevar una vida que verdaderamente merezca la pena ser
vivida. ¿Cómo podemos realizar con este cuerpo, que en cualquier momento puede
morir, una tarea que produzca frutos eternos?
Constantemente
te atrincheras en tu ego. Observas las cosas sólo bajo el punto de vista de tu
ego, por eso te equivocas. Aun cuando te inclinas ante Buda, algo va mal.
Incluso cuando haces zazen, lo haces mal.
Las cosas que hemos
aprendido no hacen más que nublarnos la vista. Si no pongo cuidado, también yo
empiezo a adquirir “hábitos de monje”. Si lo que mi maestro o los discípulos más
veteranos me han enseñado se convierte en un “hábito de monje” me quita la
libertad.
“¡Mira estos peces gordos!”. La razón de tanta charla insustancial entre los monjes estriba
sencillamente en que no tienen que preocuparse por el pan de cada día. ¿Qué
quieres hacer realmente con tu vida? Ésta no es una pregunta baladí. ¿Qué
sentido tiene la vida? ¿Por qué vivir? Ten cuidado de no estirar la pata antes
de que estas preguntas penetren hasta lo más hondo de ti.
Ten cuidado, si
no empezarás a creer que tu cuerpo –tal como es– es el cuerpo del Buda y del Dharma. Tu “cuerpo de dharma” no es más que una teoría hueca. ¿Dónde están si no los treinta y
dos rasgos de tu budeidad? ¿Dónde está tu aureola? No obstante, esto no
significa que vayas a alcanzar la budeidad por medio de la práctica. Si lo
crees así quedarás de nuevo atrapado por tu idea de “práctica”. Por buena que
pueda ser tu práctica, tu problema es que nunca olvidas tu “buena práctica”.
Se dice que no
hay la menor diferencia entre todos y cada uno de nosotros y Buda. ¿No hay de
verdad la menor diferencia?, me pregunto. Nada de eso, ¡cómo podría haber una
diferencia mayor! ¿Preguntas qué te diferencia de Buda? Eso que llevas contigo:
los hombres creen que son “hombres”, la mujeres que son “mujeres”. Ahí se
encuentra la raíz de la ilusión.
Deja de hacer
distinciones intelectuales. Sakiamuni Buda no intentaba sino deshabituarse del
pensamiento discriminador. Demasiados de nosotros desperdician la vida haciendo
distinciones. Pasamos toda la vida en el mundo de nuestro conocimiento
intelectual, que no penetra realmente en nuestro ser.
Desde la mañana
hasta la noche te ves en un continuo vaivén entre la alegría y la pena, y
ocuparte de tu particular estado de ánimo no hace sino empeorar las cosas: con
tus cavilaciones sobre la vida y la muerte te adentras más y más en un callejón
sin salida. El problema de la vida y la muerte es una ratonera psicológica,
sólo existe en tu mente. Puedes convencerte de que la solución de este problema
te llevará a escapar del ciclo de la vida y muerte, pero la solución en la que
piensas es sólo una solución dentro de tus ideas y la propia idea de querer
resolver el problema de la vida y de la muerte es parte del problema en sí.
Crees que te
has liberado de la avidez y la codicia y ahora te aferras tercamente a esta
idea. Crees que has acabado con tus ilusiones y de este modo no haces sino
crearte una ilusión más. Siempre queda algo que no quieres soltar de la mano.
Debes acabar con esta disociación y también con
esta mente que cree “acabar con”, e incluso debes acabar con la idea de acabar
con algo. Por eso en el Dharma del Buda nunca llegas a un punto final.
La sabiduría de
los Budas es una fuerza que echa sus raíces en zazen. Se manifiesta cuando te
deshaces de todos los conceptos e ideas persistentes de tu mente. Has de
deshacerte de esto y aquello, de todo por completo, y en el momento en que tu
mente de persona corriente se ha disuelto totalmente es cuando se manifiesta la
sabiduría de Buda; no en virtud de tus ideales e ideas, sino en virtud de tu
práctica de zazen.
Se trata de un
giro interior de 180 grados. Has de nacer de nuevo en lo más hondo de ti a fin
de liberarte de tu ego. No es algo imposible. Quizá no dure mucho tiempo; en
tal caso libérate de tu ego al menos en ese instante.
Una práctica
devota no tiene nada que ver con lo que la gente llama “ponerse manos a la
obra”. Tampoco significa que debamos
rompernos la cabeza. Significa sencillamente abandonarse a zazen. Ahí no
hay nada que ganar. Tampoco trates de resolver tus tareas escolares durante
zazen.
Si tienes bajo
control el asunto crucial de tu vida no sentirás rencor ni aun cuando alguien
quiera cortarte la cabeza. Ése ha de ser el objetivo de tu práctica de la vía
del Zen. Sólo cuando practiques zazen de este modo sabrás apreciar el auténtico
valor de tu vida.
“¿Incluso alguien como yo tiene naturaleza de
Buda?”. No seas tan torpe, no digas tonterías,
¿no te das cuenta de que siempre te has encontrado en medio de la naturaleza de
Buda? Cuando sentado en zazen despiertas de tu ilusión ya no se plantea la
cuestión acerca de la naturaleza del Buda; en zazen todo tu cuerpo es penetrado
por zazen, ¿quién podría dudarlo? Cuando bebes más de la cuenta todo tu cuerpo
está borracho, hasta la última célula. ¿O tienes todavía alguna duda?
La Vía del Buda
te atraviesa desde la cabeza hasta los pies. Cuando te encuentres en samadhi sentirás la Vía del Buda
penetrar en cada célula de tu cuerpo.
Todas las obras
escritas por Dogen Zenji son actas de su práctica de zazen. Cuando lees el Shobogenzo has de
considerarlo desde misma práctica diaria.
Dogen Zenji se encontró
con Nyojo Zenji[1] y se
cercioró de que shikantaza y shinjin-datsuraku [el
desprendimiento del cuerpo y de la mente] son suficientes, no hay necesidad de
nada más. Shinran Shonin[2]
y Honen Shonin[3] se valieron
únicamente de la práctica del Nembutsu, y de nada más. Al igual que
Dogen Zenji estudiaron a fondo las enseñanzas de las escuelas Tendai[4]
y Shingon[5],
pero no hicieron el menor uso de ellas. Esto es importante: si buscas la
verdad, basta con llegar al fondo de una cosa; todo lo demás está de sobra.
La meta de tu
vida ha de ser alcanzar la verdad. No debes inquietarte demasiado por lo demás.
¿Con qué fin
comes en realidad tu pan de cada día? ¿Sólo porque tienes hambre? ¿Y también en
lo demás haces sólo aquello de lo que tienes ganas? ¡Eres como un crío! Has de
tener claro para qué vives en realidad, con qué propósito comes tu pan de cada
día. Has de tener ante la vista un objetivo preciso. Hagas lo que hagas, has de
hacerlo con ese fin. Haz lo que puedas, y cuando llegues al final de la vida entonces has llegado al
final. Sólo necesitas una única tarea a la que merezca la pena, simple y
tranquilamente –sin ruidos innecesarios–, dedicar tu vida.
[1]
Nyojo Zenji es Tiantong Rujing, el maestro chino de Eihei Dôgen.
[4] La
escuela budista Tendai (ch. Tiantai) fue fundada por el maestro chino Zhiyi
(Chigi en japonés), en el 550 dC. Fue Introducida en Japón por Saichō en el año 807 dC. Se basa
principalmente en el Sutra del Loto (Hokkekyo, en jap.).
[5] La
escuela Shingon (Shingon shū) es una de las escuelas principales del budismo
japonés, y la más importante entre las esotéricas, o tántricas, fuera de la
India y el Tíbet. La palabra "Shingon" es la pronunciación japonesa
del término chino "Chen Yen", que a su vez es una representación de
la palabra sánscrita "mantra". El budismo Shingon surgió en el Japón
durante el período Heian (794-1185), cuando el monje Kūkai fue a China, estudió
el tantra y regresó, armado de muchos textos y obras de arte, y desarrolló su
propia síntesis de la práctica y doctrina esotérica, centrada en el Buda
cósmico Vairocana.
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(*) Kodo
Sawaki
ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés.
Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada" ya que
se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando
siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las
universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de
practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el
segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser
resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante
del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado
durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo
a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi,
Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.
La presente obra ha sido traducida desde el alemán por el
equipo de traductores de Luz Serena, dirigido por Dokushô Villalba.

Pués no sé si me has levantado la moral o he caido, en picado, en una cierta zozobra espiritual.
ResponderSuprimirLlevo toda la vida luchando por tener las cosas claras, pero ahora...
Quizás no lo entendí bién.
Un saludo.