La práctica religiosa
consiste en librarse de los conceptos e ideas obsesivas
por Kodo Sawaki (*)
Si estás crispado no podrás librarte de tus ideas obsesivas. Si por el
contrario abandonas tus aspiraciones, el mundo que te rodea cambiará al
instante como por arte de magia.
Constantemente te das cabezazos contra un muro. ¿Por qué? Porque te
empeñas en salirte con la tuya. No te entiendes para nada a ti mismo (ga-chi),
ves todo desde tu propia perspectiva (ga-ken), tratas de ser siempre
mejor que los demás (ga-man) y no amas a nadie más que a ti mismo (ga-ai).
No es de extrañar que tropieces en cada esquina. Esto es peligroso para ti y
para los demás. La práctica religiosa consiste antes que nada en mitigar esta
obstinada actitud vital.
Todo el mundo se deja engañar por su pasado: “¡Antes tenía mucho más dinero!” “¡Antes era joven y guapo!” Cuanto más piensan en ello más se
mortifican.
Es propio de la naturaleza humana aferrarse a los conceptos e ideas
personales. Llevamos una mole de granito en la cabeza. A esto es a lo que llamo
nuestra “individualidad”: no queremos deshacernos de lo que nos pertenece muy
personalmente.
Tus opiniones particulares son lo que te pertenece de modo totalmente
personal. Esas opiniones particulares giran en último término en torno a ti
mismo. Por eso lo que te pertenece de modo totalmente personal es el origen de
tus problemas e ilusiones.
Los hombres se aferran a su condición masculina, las mujeres insisten en
su condición femenina. Ambas partes se aferran obstinadamente a sus puntos de
vista. La práctica ha de consistir en aplacar ese obstinado apego. Cuando estés
realmente dispuesto a desprenderte por completo de ti mismo, no dependerás ya
ni de tu vida. Por eso es importante para la práctica desarrollar una mente
flexible y elástica, en lugar de aferrarte a tu estrecho marco personal. No te
enredes en pequeñeces, conságrate al todo cósmico, a lo ilimitado. Es la
disolución de este obstinado apego lo que designan expresiones como “espíritu
religioso” o “satori”.
Lo que llamamos “ego” no es más que una idea persistente a la que nos
aferramos en virtud de nuestras experiencias.
Si te desprendes de esta pequeña idea de “ego”, te descubrirás a ti
mismo en el prójimo. Te descubrirás a ti mismo en todas las cosas: en una taza
de té, en un par de sandalias. Y todas las cosas adquirirán gran importancia
para tu vida. Eso es lo que significa practicar el zen.
Vive tu vida poniéndote en el lugar de tus padres, de tu esposa, de tus
hijos. De ese modo te encontrarás contigo mismo en tus padres, en tu esposa, en
tus hijos.
La razón por la que dices que la enseñanza del Buda es difícil de
comprender es que no quieres olvidar el saber que has acumulado. Quien está
falto de fe, no escucha; por eso no puede profundizar en la enseñanza, por
mucho que se la expliquen. Sólo a quien reciba la enseñanza ofreciendo tan poca
resistencia como un barril sin fondo le será posible asimilarla.
Cuando inclinas tu cabeza ante el Buda sin ninguna afectación, se esfuma
tu actitud egoísta. Tu pequeño “yo” se disuelve en el todo. Eso no significa
que “tú” tengas el satori. Al
contrario, “tú” te desvaneces, tu “yo” no se hace ya presente.
Buscamos el camino, pero ninguno de nosotros tiene la menor idea de
dónde podría encontrarse: aquí no está, ahí tampoco. Por eso debemos empezar
por dejar de confiar en nuestras propias ideas. En el instante en que uno se ha
desprendido de todo, ve florecer un ciruelo: ¡el cosmos, henchido de la
naturaleza del Buda! Así es como Reiun zenji[1]
se dio cuenta de que Buda y él estaban ligados indisolublemente, de que él
mismo era Buda.
En la Vía del Buda no hallarás dos cosas distintas, sean las que sean.
No hay separación entre Buda y yo. Pero esto no quiere decir que yo esté ligado
a Buda como una mosca que trepa por la espalda de una estatua de Buda. Todo,
tal como es, es el Buda cósmico. Sólo soñamos que somos algo distinto: éste se
tiene por rico, ése por pobre, y aquel otro por un hombre o aquella por una
mujer; pero en realidad no hay ni hombre ni mujer, ni rico ni pobre. Cuando
tras tu muerte te conviertas en cenizas, nadie dirá: “Estas son las cenizas de una belleza” o “Estas son las cenizas de un patito feo”.
Vivimos nuestra vida cotidiana dentro de la naturaleza original del Buda
pero, pese a ello, nunca nos topamos con esa naturaleza. Es como el ojo, que
nunca se ve a sí mismo.
El samadhi comienza en el
momento en que vas más allá del sujeto y del objeto: yo y tú, quien ve y quien
es visto. Cuando esta distinción desaparezca, tú y tu práctica seréis uno.
Yo no existo, tú no existes, los ríos y montañas, los pastos y los
árboles no existen. Cuando “yo” existo, el cielo y el infierno existen. Cuando
“yo” no existo, tampoco existen el cielo ni el infierno.
La Puerta del Dharma del Gozo y la Serenidad[2]
no significa buscar el objeto de la fe. No busques en otro lado. Si buscas en
otro lado, te alejas de la realidad que se encuentra aquí y ahora.
La fe de la que hablo es la fe en el principio eterno, en la verdad
eterna. Esta fe consiste en abandonar las representaciones humanas.
¿Cómo es que en tiempos de Sakiamuni un viejo zoquete o una prostituta
se despertaron a la Vía? Eso se debe simplemente a que se desprendieron de su
incredulidad. No eran ni especialmente sabios ni doctos, ni habían escuchado
muchas enseñanzas del Dharma. Es sólo que no tenían ninguna duda. Fue la fuerza
de su fe inquebrantable lo que les condujo al despertar.
[1]
Reiun Zenji es el maestro chan chino Lingyun Zhiqin (jap. Reiun Shigon, f.d.),
uno de los discípulos del maestro chan chino Guishan Lingyun (jap. Isan Reiyû,
771-853). Se dice que Lingyun Zhiqin alcanzó la iluminación al ver las flores
de un durazno. Entonces compuso el siguiente poema:
“Durante
treinta años
he estado buscando un espada rival (un
objeto).
Muchas veces las hojas han caído y las
ramas se han desnudado.
Pero desde que vi el durazno en flor
no
he vuelto a tener duda alguna".
[2]
“La Puerta del Dharma del Gozo y de la Serenidad” es una expresión del maestro
Dôgen en referencia al zazen, que se encuentra en su obra Fukanzazengi, “Para la
difusión universal de los principios de zazen”. Una tradución comentada de
este texto puede encontrarse en la obra de Dokushô Villalba “Riqueza Interior”, Miraguano Ediciones,
Madrid.
___________________________
___________________________
(*) Kodo
Sawaki ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del
Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin
morada" ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el
país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas,
en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de
practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el
segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser
resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante
del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado
durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo
a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre
sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama
Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.
La presente obra ha sido
traducida desde el alemán por el equipo de traductores de Luz Serena, dirigido
por Dokushô Villalba.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada