por Kodo Sawaki (*)
¿Cómo ha de vivir una persona?. Tú no tienes ni idea. Tu esposa no tiene
ni idea. Tus hijos no tienen ni idea. El mundo está lleno de gente que no tiene
la menor idea de cómo debe vivir.
“¿No tienes suficiente para vivir?
Muérete entonces”. Cuando
una vez le dije esto a una persona, puso cara de terror. ¿Vives para trabajar o
trabajas para vivir? La mayoría de la gente parece pasar toda la vida
preocupándose de procurarse el sustento. De esta manera vives tu vida a la defensiva,
combatiendo en una guerra perdida. Cuando vives, vive para tu tareas y para
esta tarea debes también comer.
Como persona también debes pensar en algún momento para qué vives
realmente esta vida. ¿Por qué vives? ¿Tienes claro el sentido de esta vida y te
alegras de haber nacido como persona?
Vivimos nuestra vida como niños que juegan al escondite: buscar, atrapar
y ser atrapado. En nuestra búsqueda nos enredamos más y más en la maleza y,
antes de que en medio de ese jaleo consigamos atrapar algo, nos encontramos ya
en el ataúd.
Distingues entre lo que te gusta y lo que no te gusta. Persigues lo que
te gusta y huyes de lo que no te gusta. Tu ilusión es como el juego del
escondite. Vivir sereno e impertérrito equivale a poner fin a ese juego. Incluso
en medio del dolor no debes esperar nada mejor. No trates de disminuir el
dolor, huir de él o correr tras algo diferente. En eso consiste la auténtica
serenidad.
Quien siempre quiere degustar nuevos manjares lo pasa mal cuando éstos
le faltan. Hay quien quiere siempre disfrutar de la vida, pero en algún momento
ese disfrute se esfumará. Halla la felicidad quien, nacido pobre, pasa por una
dura escuela. Él comprende que la escasez no es necesariamente escasez y que la
satisfacción no es necesariamente satisfacción. Es la persona corriente la que
hace mucho teatro por nada. Constantemente da vueltas en círculo, corre tras lo
que le gusta, huye de lo que le disgusta. La mayor felicidad consiste en
meterse de lleno en lo que venga.
No hace falta que te pases la vida buscando “paz de espíritu” como si buscaras un agujero en el que esconderte.
Si tu vida diaria consiste en preocuparte, entonces encuentras la paz de
espíritu en medio de esas preocupaciones.
Tratar de obtener un satori
personal, sólo para ti, es un gran error. Ni siquiera tu cuerpo te pertenece a
ti solo. No vives separado de todo. El satori
ha de ser una raíz que compartes con el cielo y la tierra. Satori es un cuerpo que compartes con las diez mil cosas. De ahí
que todo lo que posees individual y personalmente es una ilusión carente de
valor, por mucho que tú lo valores.
Cuando llueve, llueve. Cuando hace viento, hace viento. ¿Quién sabe si
eso es bueno o malo? Lanzas maldiciones. Sí, ¿y qué? Tu punto de partida ha de
ser ese “¿y qué?”
Forcejeamos y nos empeñamos en buscar algo en un mundo en el que no hay
nada que encontrar…
Nos revolvemos como si tratáramos de zafarnos de algo y llamamos a esa
agitación nuestras “emociones”. Deja
de porfiar y hallarás la paz. Si no la encuentras es porque no paras de
porfiar.
El mundo de las distinciones no es más que un Fata Morgana. Vivimos en
este mundo como quien en sueños monta un gran teatro, sin darse cuenta de que
está soñando.
Para la persona corriente no hay ninguna realidad. En medio de la
realidad de todas las cosas ve sólo alucinaciones.
En el mundo no hay felicidad ni infelicidad. Es como si en sueños te
enamoras o te separas de tu pareja. Cuando despiertas no hay nada de eso. Una
figuración.
¿Por qué se presentan precisamente de esa manera los diez mil fenómenos
de este mundo? Si te lo preguntas verás que no hay la menor razón. ¿Qué sentido
tiene que cada uno de nosotros sea como es? ¡Absolutamente ninguno! Todo es
como es, sin sentido ni finalidad.
La vida es la melodía de lo no nacido. No tiene ningún “sentido”. No
digas que es “dulce” o “amarga”, “bella” o “ardua”. Lalalí, lalalá. No es tan
complicado.
“Mu” no significa “nada”. Significa lo que los humanos no
podemos imaginar.
“Del nacimiento hasta la
muerte: sólo esto. ¡Esto!” dijo el maestro Sekito Kisen.
Es irrelevante que te guste o que no te guste. Las cosas son como son.
No hay lugar para preferencias. La maleza no se inquieta por nada, simplemente
crece.
Igual da que sueñes con el cielo o con el infierno; cuando duermes,
duermes. Tu sueño es sólo eso … un sueño.
Por la noche sueñas de todo. También tienes sueños no aptos para
menores. Pero cuando despiertas por la mañana compruebas que no era nada.
¿Quieres llegar a los ochenta? Cuando tu vida se acaba, se acabó. ¡Sea
como sea!
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(*) Kodo
Sawaki ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del
Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada"
ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país,
viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las
universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de
practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el
segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser
resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante
del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado
durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo
a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre
sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama
Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.
La presente obra ha sido
traducida desde el alemán por el equipo de traductores de Luz Serena, dirigido
por Dokushô Villalba.

Dokushô, ha sido citado en algún punto de http://elcuartodelosviajes.wordpress.com/2011/04/17/un-poquito-de-actualidad/
ResponderSuprimirUn cordial saludo
He encontrado esta pagina por casualidad y he leido este articulo,pero hay algo que no entiendo.Cuando tu vida se acaba se acabó.Entonces no tiene sentido tampoco luchar para estar en paz con uno mismo?
ResponderSuprimirmuy bueno
ResponderSuprimirVivimos nuestra vida como niños que juegan al escondite: buscar, atrapar y ser atrapado. En nuestra búsqueda nos enredamos más y más en la maleza y, antes de que en medio de ese jaleo consigamos atrapar algo, nos encontramos ya en el ataúd.
ResponderSuprimirLa cosas son las cosas.. así de simple, también añadiría que la vida es mas ancha que larga.
ResponderSuprimirMe gusta el texto elegido. GRACIAS.
Todo, cada cosa, aún sin propósito es un regalo. He podido recordar una araña tejiendo su tela y un rayo de sol, atravesando unas gotas cristalinas que se suspendían en ella. Entonces la araña se detuvo en su tela y yo en ella. Tenía hambre de días sin comer, pero no importaba.
ResponderSuprimirLa vida es un don maravilloso, aún sin nada. Esta visión y estado es como estar enamorado y descubrir una plenitud que trasciende las palabras. Sin duda, ha de ser un estado de Gracia que nadie ha podido despedazar, ni siquiera yo misma.
El sentido de la vida es la vida misma.
ResponderSuprimirEl sentido de la muerte es la misma muerte.
Durante la vida, solo vida.
Durante la muerte, solo muerte.
EN CIERTA película aparecía un joven musitando delante de la tumba de un ser querido: “Mamá siempre decía que morir es parte de la vida”. Luego, ante un breve primer plano de la lápida, añadía: “¡Ojalá no lo fuera!”.
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