por Kodo Sawaki (*)
La vida es como una pelea conyugal. Esperamos en vano que alguien llegue
y la zanje por nosotros. No obstante, la única autoridad competente capaz de
zanjar la disputa se encuentra en nosotros mismos. A esto es a lo que llamo fé.
El Budismo te da esta fuerza interior. Has de vivir como si el bodisatva
Avalokitesvara habitara en tu corazón y te visitara cada día. Has de cultivar esta relación a tal
punto que Avalokitesvara se haga presente en todo instante y lugar; así no sólo
te liberarás de tu propio sufrimiento, sino que también harás que se desvanezca
todo el sufrimiento a tu alrededor.
Todas tus acciones han de surgir de la invocación del nombre del Buda.
Por edificante que pueda resultar escuchar la doctrina del Buda, por
formidable que pueda ser el satori
que experimentas, si este satori se mantiene
ahí arriba, alto como una campana que cuelga del techo, sin que tú tires de la
cuerda de la práctica, la insatisfacción continuará prendiendo en tu vida. ¡Tu
práctica ha de ser como el tañido de esa campana!
Has de observar tu vida con los claros ojos de Avalokitesvara, para así
transformarla y materializar esa claridad en la propia práctica diaria: ¡no te
pierdas de vista a ti mismo!
No basta con mirar el mundo desde arriba, desde tu elevado punto de
vista. Tan pronto sepas en que dirección va tu camino, has de echar a andar con
paso firme hacia adelante. Si conoces tu camino, vayas donde vayas no te
extraviarás. Hagas lo que hagas, no tendrás nada que temer.
Zazen ha de desplegar su actividad en tu vida. Has de sentir la actividad de zazen en toda tu vida. También
esta vida, en su frescura, es zazen.
Si captas la enseñanza en toda su magnitud, tu práctica será más
profunda. Has de tener presente la práctica en cada instante.
El samadhi real es aquello que
pone orden en tu vida. Es la mente que ordena tu vida. Hablo a menudo del
verdadero yo o de que estamos ligados al universo; en último término se trata
de vivir completamente nuestra vida. Para ello primero hemos de tamizarla y
cuidarnos de que todo encaje correctamente: haz lo que debas hacer y deja estar
lo que debas dejar estar.
Para quien practica zazen, su práctica se manifiesta cuando orina,
cuando come y en el sonido que hacen sus sandalias o zapatos al andar. Que
recitemos un sutra antes de entrar en
la bañera se debe a que zazen mismo se toma un baño.
No debes encerrar tu satori en
un recipiente hermético. Si has entrado una vez en contacto con esta cosa con
la que no hay nada que hacer, has de fundar en ella toda tu vida. Si tomas té,
toma té; si estás comiendo, come. Tanto si duermes como si te levantas o te
desplomas, esta luminosa claridad ha de llenar toda tu vida.
Día a día has de marchar de nuevo desde cero a partir de ti mismo, has
de vivir tu vida dándolo todo de ti. También un novicio ha de darlo todo de sí
para ser realmente, por completo, un novicio. En zazen se trata de darlo todo
para ser uno con zazen; a la hora del té, para ser uno con el té; al comer,
para ser uno con la comida. Al trabajar, das todo de ti en el trabajo y cuando
duermes, duermes como un lirón.
La vía del Buda está siempre bajo tus pies. Cuando orinas es la manera
en que orinas, al estornudar es el estornudar. Es el sonido de tus pasos. La
vía del Buda llena todo el universo.
No hagas nada a medias: has de observar tu vida y a ti mismo desde una
perspectiva que se sitúa antes del nacimiento de tus padres. ¿Cómo quieres
realmente vivir tu vida? El primer paso has de darlo a partir de un punto que
se sitúa antes del nacimiento de tus padres.
“Aun cuando escuches y repitas
las enseñanzas del pasado, ¿qué sentido tienen si no las pones en práctica?”, dijo Shimazu Jisshin[1].
Si has llegado a la punta del mástil, avanzar un poco más... hace
daño. Aquí la Vía del Buda
deja de ser tan sólo palabras, es tu práctica concreta. Práctica significa
convertir la Vía del Buda en hechos.
Deja de soñar: no hay ningún Buda tras de ti, ninguna persona corriente
ante ti, ningún satori. Simplemente,
déjate llevar por la enseñanza del Buda. Esto es lo que quiere decir
“no-pensamiento” (hishiryo). Simplemente, ve hacia delante.
No debes hacer de la Vía del Buda un medio para alcanzar algún fin en tu
vida. Lo que has de hacer es que toda tu vida sea guiada por la Vía del Buda.
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(*) Kodo Sawaki ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada" ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.
La presente obra ha sido traducida desde el alemán por el equipo de traductores de Luz Serena, dirigido por Dokushô Villalba.
[1] Shimazu
Tadayoshi, también conocido como Simazu Jisshin (1493-1568) fue un daimyo (señor feudal) de la province
japonesa de Satsuma durante el período Sengoku. Escribió un poema muy famoso en
Japón titulado Iroha, cuyo primer
verso es precisamente el citado por Kodo Sawaki.

muchas gracias!!!!!.. tremenda reflexión nos deja Kodo Sawaki
ResponderSuprimirMás allá del propósito de tener la razón en una discusión por ser condenado sólo por pensar de manera distinta, es zanjar esa disputa por uno mismo viendo a la otra parte como si fuera el bodisatva Avalokitesvara que visita nuestro corazón diciéndonos: Siempre habrá alguien que te condene por pensar de manera distinta, así que... mejor es... no pensar.
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