37.
Un tarde Yaoshan estaba
caminando alrededor de la montaña cuando vio que la luna aparecía de repente
entre las nubes. Se puso a gritar a pleno pulmón y el sonido de sus gritos se
oyó en cincuenta kilómetros a la redonda, llegando incluso al este de la ciudad
de Liyang. Los habitantes de la ciudad preguntaron a sus vecinos orientales si
habían escuchado los gritos. El asunto fue circulando hasta que llegó al templo
de Yaoshan.
Los monjes dijeron:
- Fue el maestro quien
estuvo gritando la noche pasada desde la cima de la montaña.
Li Ao escribió un poema
para Yaoshan:
¡Has elegido un lugar tranquilo para vivir!
¡Aquí amansas tu carácter salvaje!
No tienes que dar la bienvenida ni despedir a
nadie.
¡Y cuando quieres puedes gritar
en la cima de la montaña bajo la luna y las nubes!
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Extraído de "Dichos y Hechos de tres maestros chan chinos".
Edición de Dokushô Villalba.
Colección Textos de la Tradición Zen.
Miraguano Ediciones, Madrid, 2009.

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