por Kodo Sawaki (*)
Incluso el que alguien vierta un cubo de brea sobre tu cabeza podría serte útil, siempre
que lo observes desde una perspectiva completamente diferente de la habitual.
¿Qué sientes cuando ves el rostro enfadado de tu adversario? ¿Qué sientes
cuando oyes cómo te insultan? ¿Eres capaz de transformar el veneno en medicina
y sacar fuerzas de ello? La pregunta es cómo te comportas en la vida y la
respuesta a esa pregunta ha de ser tu religión.
Si
alguien difunde falsos rumores sobre ti, te enfureces y quieres hacérselo pagar
caro. Es normal, pero de este modo demuestras cuán inmaduro eres. Mejor es
recibir estos falsos rumores como un aviso del cielo. “¡Sawaki ha aceptado
sobornos!”: si no pongo cuidado, podría sucederme. “¡Sawaki ha tenido
relaciones con esta y esta otra muchacha!”: cuando oigo tal cosa, me doy cuenta
de que verdaderamente eso sería posible. Si acojo esos rumores como un aviso,
se convertirán para mí en una valiosa señal.
Por
cruel que la vida pueda ser conmigo, los golpes del destino no hacen sino
ayudarme en el camino hacia la liberación. Quienes aparecen ante mí como
enemigos impiden que me distraiga. Quienes me atormentan como demonios evitan
que me duerma en los laureles.
Crees
que la vida es una lucha en la que hay que devorar o ser devorado. Pero cuando
te des cuenta de que estás indisolublemente ligado a todas las cosas que hay a
tu alrededor, entenderás también que incluso tus enemigos en la lucha por la
supervivencia no hacen sino ayudarte a crecer y madurar.
Si
tratas de obtener dulce néctar de un caqui ácido, no lo conseguirás. Sólo
podrás saborear el auténtico dulzor del caqui si esperas a que madure por sí
solo y la acidez se transforme en azúcar, pues no hay dulzor aparte de la acidez.
Del mismo modo sucede con el Dharma del Buda que lo abarca infinitamente todo.
Está
bien que sufras alguna desventura, pues en ese momento vuelves de repente a ver
con claridad ante ti. No es conveniente que siempre te vaya bien: se te
empezará a poner una cara como la del gato que se repantinga amodorrado al sol.
Me
gustaría que durante el resto de mi vida me acompañara un anja [1].
Pues a la vista de mi anja no me será posible rendirme y dormirme en los
laureles. Esto sólo ya es práctica. Y tanto más si no sólo estoy a la vista de
mi anja, sino rodeado de enemigos aguardando a verme flaquear: de esa
manera, estaré tan concentrado desde la mañana hasta la noche que todo lo que
haga se convertirá en práctica. Tener una vida como ésta, en la que en ningún
momento puedo ocultarme entre bastidores, es para mí una auténtica fortuna.
¿Cuál
es el mayor secreto que rodea a la enseñanza budista? ¡El arte de convertirse
en un loco feliz! Esto significa encontrar la liberación en ti mismo, en tu
forma de ver las cosas. De ninguna manera podría ser más feliz de lo que soy.
Desde que me levanto hasta que me acuesto estoy agradecido por todo lo que me
sucede.
En
el zen se dice: “Cada día es un buen día”. Ahora la pregunta es: ¿qué has de
hacer para que cada día sea de verdad un buen día? ¿Qué has de poseer para
poder disfrutar verdaderamente de todos y cada uno de los días? ¡Absolutamente
nada! No has de hacer o poseer absolutamente nada para ser feliz.
Constantemente te dejas embaucar por la idea de que has de hacer tal cosa o de
que quieres tener aquella otra. Cuando al fin te des cuenta de que esa idea es
una quimera, cada día será verdaderamente un buen día, y cualquier año será un
buen año.
La
cerilla de la sabiduría alumbra en todas direcciones: ¡olvida todo lo demás,
abandónalo todo!
En
nuestra vida diaria se nos pone continuamente a prueba: nos preocupamos de esto
y aquello o creemos estar en serios apuros. Pero en realidad nos preocupamos
sólo de nuestro propio destino personal; cuando nos liberamos de esa idea,
todos los problemas se disuelven.
Unas
veces te va bien, otras mal, ¿pero merece realmente la pena dejar que el humor cambiante
de cada momento te traiga loco? Cuando de una vez te olvides de ello,
comprobarás que en realidad todo eso da exactamente igual. Para tener una vida
feliz, has de morir.
Un
auténtico budista no se deja embaucar por nada ni nadie.
Son
sólo tus propios problemas personales los que te preocupan. Es sólo tu propia
felicidad individual lo que te ilusiona. De niño nunca quería perder, pero
ahora, con más de ochenta años, ya no me importa. Si prescindes de todo lo que
se refiere únicamente a ti personal e individualmente, siempre tendrás paz. Ya
no te importarán tus pesares y tu felicidad no hará que te pases de la raya.
Mantendrás la calma en cualquier situación. Tu ego no aparecerá ya en primer
plano. Eso es la auténtica satisfacción.
Conseguirás
poner fin a las quimeras cuando te olvides de ti mismo.
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Extraído del libro "El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos", de Kodo Sawaki.
Traducido del alemán por el Grupo de Traductores de Luz Serena.
(*) Kodo Sawaki ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada" ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.
[1] Monje que
se ocupa día y noche de los asuntos personales de un maestro zen.

Prescindir de todo , olvidarte de ti mismo, morir...
ResponderSuprimirMe gusta.
Besos
Leches, dicho así parece tan obvio...
ResponderSuprimir¿anja?
ResponderSuprimirEquilibrio, armonía. ¿Dónde habré dejado mi naturaleza esencial?.
ResponderSuprimirInteresante, ¿a partir de los 80 se ven las cosas así?, bonito, pero habrá que llegar... No parece facil.
ResponderSuprimiruna magnifica herramienta en las manos. darle vueltas a la tuerca sin pasarla. acabo de comenzar a girarla.
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