lunes, 24 de enero de 2011

El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos_10


El Buda Sawaki versus el ser humano Sawaki

por Kodo Sawaki (*)


La gente dice que el ser humano Sawaki no tiene apetitos mundanos. ¡Nada de eso! Lo que sucede es que me domino. Si me dejara llevar por mis apetitos deshonraría el Dharma del Buda. Por eso no lo hago. Eso es todo. Pero precisamente porque tengo muchos apetitos, comprendo también los apetitos de los demás. Si no los comprendiera sería un idiota y no quiero vivir como un idiota. Si contemplo las inflexiones de mis apetitos, observo puntas, ángulos y aristas. Sigo la Vía del Buda llevando conmigo estos ángulos y aristas de mis apetitos. Porque si las aristas de tus apetitos se vuelven romas, también lo bueno que hay en ti se erosionará y te quedarás sin brío. La fuerza para mantenernos bajo control la recibimos de la magnitud de nuestros apetitos. Es importante el punto en el que esta vida llena de apetitos se encuentra con la Vía del Buda.

El ser humano Sawaki es conducido por la Vía del Buda. Por eso el ser humano Sawaki no puede hacer siempre lo que le viene en gana. Esto significa creer en la Vía. Cuando me observo a mí mismo, el ser humano Sawaki no puede manejarme a su antojo.

A nadie le gusta de verdad el Dharma de los Budas y Patriarcas, sino más bien el dharma del vino y las mujeres. También yo preferiría dejarme llevar y hacer lo que me viniera en gana, pero zazen no me da opción: me lleva hacia delante. Todo se encarga de que no me extravíe.

Aun cuando trates de permanecer inmóvil, nunca hallarás auténtico reposo; este es tu sino como persona humana. Es una debilidad humana y no se puede hacer nada para cambiarlo. De lo que se trata en la Vía del Buda es de domar esta obstinada fiera humana. Pero no hay que destruirla. Un caballo salvaje tiene su valor como caballo si lo domas de manera que en cualquier parte puedas dejarlo correr libremente. Si por el contrario el caballo está medio muerto, no podrás hacer nada con él. Lo mismo sucede con las personas: no se trata de renunciar a nuestra condición humana, sino de adiestrarla. Una persona correctamente adiestrada es un Buda.

Cada célula de nuestro cuerpo es la materia prima de los apetitos. La cuestión es: ¿para qué utilizas esas células? Este cuerpo representa un lastre para toda la vida, pero eso no significa que podamos arreglárnoslas sin él. Sin este cuerpo no podríamos hacer zazen. El truco consiste en tirar de él y llevarlo por la mejor dirección posible. De esta manera podemos convertir los apetitos en sabiduría y transformar este gravoso cuerpo en algo valioso. Nunca nos liberaremos de nuestros apetitos, pero dependiendo de cómo nos manejemos con ellos dejarán de suponer un lastre para nosotros.

Poseer fuerza mística significa saber tratar con uno mismo. Buda y yo jugamos al tira y afloja. ¿Quién es más fuerte? ¿Conseguiré arrastrar a Buda hacia mí y merendármelo? Al menos así lo desea el ser humano Sawaki, que siempre quiere sacar pecho y quedar por delante de los demás.

¿Buscas la verdad? ¿Quién eres entonces tú en realidad? ¿No eres un simple hombre de la calle? ¿Qué hay entonces de tu gran búsqueda? ¿Tratas de vivir como si en tu condición de persona corriente hubiera algo muy especial?

El Dharma del Buda no consiste en hacer esfuerzos sobrehumanos. El Dharma del Buda comienza allí donde nosotros, personas corrientes, dejamos de luchar contra nosotros mismos.

No entendemos zazen porque lo contemplamos con nuestros ojos de personas corrientes.

¿Qué sabemos realmente de la vida? ¡Absolutamente nada! ¿Cuál es el objetivo de nuestra vida? ¡Ninguno! No sabemos absolutamente nada y, pese a todo, tenemos que comer cada día. “Vivo mi vida por la gracia de Dios” decía Nishida Tenko. En tal caso, quizá no tengamos que hacer tanto teatro en torno a nosotros mismos. Cuando dejes de hacer ese teatro en torno a ti mismo verás que todo es muy sencillo. Eso que tomas por “ti mismo” no eres tú en realidad. ¡No te dejes engañar!

La Vía del Buda no conduce al paraíso. Consiste sencillamente en no extraviarse con quimeras y en no volverse loco. Practicar la Vía significa simplemente descongestionar la cabeza. Se trata de amasar a fondo los conceptos rígidos e ideas persistentes que tenemos en la cabeza. Sólo cuando no nos aferremos a absolutamente ninguna cosa tendremos una “mente suave y dócil”.[1]

Cuando me altero hago gasshô.[2] Gasshô reduce la congestión y la inquietud desaparece. Cuando te sientes en la posición de loto completo, sentirás calor en tus caderas, mientras que tu cabeza se descongestionará. En zazen se trata de reducir esa congestión de la cabeza.

Envueltos en el kesa[3] no podemos perdernos en nuestros apetitos ni aún cuando lo intentemos. El kesa nos protege de los apetitos, nos hace cruzar el mar de la vida y la muerte. También tenemos que agradecer al kesa que dispongamos de comida suficiente para hacer zazen.

Cuando vives en un templo zen, el taiko[4] suena a las tres de la mañana indicando que es hora de levantarse. De esta manera desaparece por sí solo tu deseo de seguir durmiendo. Un deseo que se disuelve en la nada. Un paso hacia el nirvana.

En el Budismo, la conexión entre la persona que cae en el infierno y el Buda que la libera de ese infierno se produce mediante la confesión. Cuando la confesión es verdadera, también lo es la budeidad. En este punto, la ilusión se mezcla con el satori y se pone de manifiesto la profundidad de la fe.

Vivir toda tu vida guiado por Buda y por el Dharma significa que tu espíritu es ya Buda.
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Extraído del libro "El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos", de Kodo Sawaki.
Traducido del alemán por el Grupo de Traductores de Luz Serena.

(*) Kodo Sawaki ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada" ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.



[1] Nyunanshin, en jap. “una mente flexible y suave”, una expresión del maestro Dôgen para designar la mente despierta.
[2] Gasshô, en jap.; anjali en sans.: gesto de unir las palmas de las manos.
[3] Kesa, en jap.; kasaya, en sans.: hábito del monje budista que se viste cubriendo el hombro izquierdo y dejando al descubierto el derecho.
[4] Taiko, en jap.; gran tambor que marca el ritmo diario de la vida en un templo zen.

3 comentarios:

  1. Gassho
    Con los articulos de "La mayor patraña de todos los tiempos" momentaneamente se despejan las nubes de los cinco skandas y la espuma de los tres peces.
    Y me doy cuenta que la Devoción que muestras por el Maestro Kodo Sawaki es similar a la que siento por el Maestro Yoka Daichi. Sana devoción,y es que sin la guia de los Budas y Patriarcas mi vida no hubiese sido igual.
    No practico zazen, aunque pienso que cualquier acto puede ser zazen.
    Gracias dokusho por los articulos que publicas
    que tan bien nos hacen, y tan necesarios para
    este hermoso dia que és la vida.
    José Luis García
    Gassho

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  2. La gra via del buda. como se entiende la via del buda para cada quien! la via del buda es buda.

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  3. si, vamos por buen camino...o eso parece

    salú2

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