Zazen es el viejo patriarca.
por Kodo Sawaki
Se
educa a los niños alabando o censurando su conducta, pero eso no es suficiente.
Así se educa sólo a personas dependientes del elogio de los demás, que al no
tener seguridad en ellas mismas se convierten en cáscaras vacías de nuez. La
práctica del zen es justamente así: aunque ya Dios o Buda se mueran, aunque no
quieran saber nada de ti, tienes que valerte por completo a ti mismo. Has de
ser uno contigo mismo.
Cuando
dices que no tienes tiempo, eso quiere decir que te dejas esclavizar por algo
externo. Te quemas como una bengala. Sé más bien impasible, sé por completo tú
mismo. Es importante que vivas tu vida firmemente cimentada en ti mismo.
Impasibilidad
significa estar firmemente asentado. Firmemente asentado ¿en qué? En ti mismo.
Has de estar firmemente asentado en tu vida diaria. No te dejes encandilar por
cosas externas. Tampoco te dejes esclavizar por tus impulsos, no persigas
constantemente tus ilusiones. Permanece inmóvil aun cuando creas haber
contemplado al Buda o el Dharma. No dejes que nada te extravíe.
No
sé qué hacer con el satori. Esto no significa que me aflija al decir que
“ni siquiera tengo el satori...”.
sino que lo digo completamente seguro de mí mismo: “¡ni siquiera tengo el satori!”. Satori no significa darse importancia a sí mismo. Significa hacer
sencillamente lo que haces. Haz simplemente lo que haces, sea lo que sea. Esto
vale no sólo para el zazen: todo lo que hagas debes simplemente hacerlo. ¡Alto
el fuego, sé simplemente tú mismo! Sencillamente ser. Ser sencillamente tú
mismo. Eso es samadhi.
El
pájaro canta sencillamente su canción. La primavera trae la primavera, el
ruiseñor pone de manifiesto al ruiseñor. Todo es sencillamente como es, y no lo
es para ti ni para mí.
No
se trata de por qué haces algo. Vive tu vida como si pulieras una teja: no hay
nada que ganar. Tu vida ha de ser práctica sin fin.
Llevar
una vida religiosa quiere decir mantener una postura erguida incluso cuando
nadie te ve. Has de ser transparente a ti mismo, penetrarte por completo con la
mirada. Practicar la verdad allí donde nadie mira: de esto es de lo que se
trata.
Me
marché de casa a los dieciséis años. Nunca olvidaré ese 10 de junio. Cuando
pienso en mi estado de ánimo de entonces, parece que el joven Saikichi me
grita: “¡Eh, Kodo, no te duermas en los
laureles! ¿Quién crees que eres?” A esta voz he de agradecer que aún hoy en
día, con pasos inseguros, continúo hacia delante en la Vía del Buda.
Horyuji
es el mejor templo de Japón. Sin embargo, no encontrarás ahí ningún budismo. El
budismo lo encuentras sólo en ti mismo. Pero para encontrar de verdad a Buda en
ti mismo has de darlo todo. Lo das todo y finalmente lo captas, y sin embargo
sólo eres un espíritu hambriento. Vuelves a darlo todo, y sin embargo sólo alcanzas
a oír la voz de Buda a lo lejos. Lo das todo una vez más, y sigues sin alcanzar
a Buda. Buda está más que lejos de ti. ¿Qué otra cosa puedes hacer sino “olvidarte simplemente de ti mismo y
continuar paso a paso con la práctica” (Gakudoyojinshu)[1]?
Yo
me regaño constantemente. Regañarme a mí mismo significa tener la vista fija en
mí. Esto quiere decir reorientar la luz e iluminarme a mí mismo. Lo único de lo
que aquí se trata eres tú mismo.
Reorientar
la luz e iluminarse a uno mismo significa estar completamente expuesto a uno
mismo. Significa sentarte tranquilamente y contemplarte a ti mismo, como si
estuvieras en una butaca en el cine. Si te contemplas de esta manera
comprenderás a todos los seres que sufren: comprenderás que tú mismo eres uno
de esos seres que se han enredado en su propia ignorancia.
Cuando
te encuentres contigo mismo, te verás como realmente eres. Encontrarse a sí
mismo es un asunto sólo entre tú y tú. Entre tú, el alumno, y tú, el maestro, y
nadie más.
Transmitir
el Dharma significa transmitirse a sí mismo en sí mismo. Y eso quiere
decir volverse por completo uno consigo mismo.
Hablas
sobre la vida de Buda y los hechos heroicos de los monjes zen de otros tiempos.
Cuentas lo que has leído en los sutras. Pero ¿a quién le interesa ya eso? El
problema del que ha de tratarse es de ti mismo. ¡Es TU problema, y a este
problema ha de dirigirse tu práctica!
¿Crees
que Dogen Zenji era un magnífico maestro zen? Pero ¿qué hay de ti mismo? Ilusión
significa perder el tiempo con discursos sobre otros. Eso es como si murmuraras
mientras duermes. “No sostener teorías
vacías” (Hachidaininkaku)[2]
quiere decir dejarse de sutilezas y verborrea y ser por completo uno con este
instante, aquí y ahora.
Hay
personas que siempre buscan mi confirmación: “¿Es ahora suficiente?”, “¿Estoy
al fin listo?”, “¿He alcanzado ya el
satori?”. Mientras necesites la confirmación de otros, tu práctica no es
pura. Si la Vía está realmente firme bajo tus pies, ya no es necesario
preguntar a otros por la dirección a seguir.
Cada
uno de nosotros es la luz: ninguno nos distinguimos un ápice de Buda,
simplemente nosotros nos hemos desviado un poco del
camino. Por eso hemos de escuchar claramente, con todo este nuestro cuerpo aquí
vivo, la voz con la que nos habla la reluciente sabiduría. Hemos de
manifestar el Dharma de Buda con nuestro cuerpo. ¿Que podría ser más
maravilloso que esto?
Ese
conglomerado de células que llamamos persona corriente es la manifestación de
Buda. Aquí radica el significado del zazen. Zazen es el viejo patriarca que, al
mismo tiempo, es tu totalmente nuevo “yo”.
Buda
significa tú mismo. Si TÚ no vives como Buda, ¿quién entonces?
Extraído del libro "El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos", de Kodo Sawaki.
Traducido del alemán por el Grupo de Traductores de Luz Serena.
(*) Kodo Sawaki ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada" ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.
[1]
Gakudoyojinshu, “Puntos esenciales en la
práctica de la Vía”, una de las principales obras del maestro Dôgen.
Traducida y publicada por Dokushô Villalba en Miraguano Ediciones, Col. Textos
de la Tradición Zen, Madrid 1990.
[2] Hachi
dainin Goku, “Las ocho realizaciones del
Gran Hombre”, el último de los 95 capítulos del Shobogenzo, del maestro Dôgen,
que recoge las últimas enseñanzas del Buda Sakiamuni contenidas en el Sutra del
Nirvana. Fue también la última enseñanza impartida por Dôgen a sus discípulos
antes de morir.

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