Descubrir el
verdadero yo
por Kodo Sawaki (*)
Aprender significa buscar la Vía y esto significa, en definitiva,
buscarse a sí mismo. ¿Hay pues alguna clase de Vía que sea independiente de tu
vida? Seguir la Vía no significa otra cosa que ir al fondo de la cuestión de
cuál es el propósito de tu vida.
Cuando la religión se convierte en una organización, se encamina
hacia su fin. La religión ha de ser tu propia vida.
¿Qué es lo que en realidad enseñó el Buda? Que cada uno de
nosotros ha de conocerse a sí mismo, ha de comprenderse a sí mismo, ha de
descubrir por sí mismo lo que aquí y ahora –en este instante – ha de hacer
realmente.
Cuando pronuncio estas palabras, no las digo para vosotros, sino
para mí mismo. Para mí no tiene la menor importancia que alguien me escuche o
no. De lo que me ocupo es de bombear el agua que hay en mí. Cuando pronuncio un
discurso, me dirijo a mí mismo con el fin de sacar a la luz mi verdadero yo. No
espero nada de vosotros y tampoco tengo nada que ofreceros.
Honen [1] dijo: “Cuando sigas la Vía del Buda, no lo hagas para impresionar a los demás. No hagas de ello un negocio. Practica el budismo como un ladrón: ni siquiera tu esposa o tus hijos deben saber nada de ello”.
Honen [1] dijo: “Cuando sigas la Vía del Buda, no lo hagas para impresionar a los demás. No hagas de ello un negocio. Practica el budismo como un ladrón: ni siquiera tu esposa o tus hijos deben saber nada de ello”.
El zazen no se extiende entre la gente. No trates de impresionar
con el “simple sentarse”. Es mejor que hagas zazen con discreción, como si
fuera algo totalmente prohibido.
¿Has alcanzado el despertar? ¿Has comprendido el Dharma del Buda? ¿Te has
despojado de todo? En tal caso, cuídate de no hacer negocios con lo
“despojado”.
Si no renuevas cada día tu práctica comenzarás a retroceder. Si no
te pules de nuevo cada día, empezarás a oxidarte. Por eso es importante que no
te pierdas a ti mismo de vista. Encuentra el camino de nuevo cada día, ya sea
cuando comas, ya sea en cualquier otra de las faenas de la vida cotidiana.
Caducidad significa sólo este instante: en este irrepetible
momento uno se la juega a todo o nada. Dispones sólo de este aliento. Después
todo se ha acabado. Al espirar te tienes que ocupar únicamente de esta
espiración; al inspirar, esta inspiración ha de ser la última de tu vida.
Habitualmente nos equivocamos, pues creemos que aún hay algo que añadir:
creemos que con nuestros hijos hemos de hacer de “padres”, y de “abuelos” con
nuestros nietos. Pero todo existe sólo para sí, en este instante: el sobrino
como sobrino, el abuelo como abuelo, el hijo como hijo. Al igual que la
espiración es sólo y por completo espiración y la inspiración es sólo esta
precisa y única vez inspiración. ¡Fuera con vosotros! Sólo cuando algo existe por sí
solo, desligado y transparente, entonces es también, a un tiempo, uno con el
universo.
Nunca estamos satisfechos. Ni siquiera lo estamos con nosotros
mismos y por eso hacemos todo lo posible para convertirnos en otro. Justo en
ese punto es donde comienza el engaño. Tú no eres otro que ése que en este
momento vive su vida insatisfecho consigo mismo. Nadie podría ocupar tu lugar
por ti. Y todo lo que en este momento piensas, quieres y haces eres tú mismo,
insustituible, tal como eres. Esto quiere decir que no existe ningún “verdadero
yo” aparte de este “yo insatisfecho” aquí y ahora.
La historia del hijo pródigo narrada en el Sutra del Loto
no es un cuento de otros tiempos. Trata acerca de ti. ¿No eres tú quien vaga
por las calles pidiendo limosna, aún cuando toda la riqueza del mundo te
pertenece?
¿Cuál es, en último término, el propósito de esta vida? Tomar las
riendas de tu verdadero yo. Reconocer cuál es tu auténtica tarea. Satori significa simplemente ser
realmente tú mismo. Conocerte a ti mismo y sostenerte con los pies firmes sobre
la tierra. Y realizar la Vía significa entonces avanzar seguro sin perderte a
ti mismo de vista.
¿Es tu espíritu blanco o rojo, redondo o anguloso, o tan falto de
contorno como una ameba? No lo sabes. No hay ningún mérito en dejar este
espíritu, del que en realidad no sabes nada, tan falto de contorno como es. La
religión consiste en tomar las riendas de tu espíritu, en hacerte dueño de él.
Naturaleza de Buda no quiere decir otra cosa que tú mismo. Y aun
así piensas mal de ti, estás insatisfecho y reniegas de ti mismo. Lo importante
es que tomes las riendas de ti mismo y encuentres de este modo finalmente el
sosiego. Como hija ser enteramente hija, como esposa enteramente esposa. Así es
como realizarás tu naturaleza de Buda y hallarás la paz en tu vida.
Inmerso en el delirio colectivo dejas de saber qué es blanco y qué
negro. Y si lo que haces, por malo que sea, lo haces dentro del grupo, no te
parece ya tan malo. Te pierdes de vista a ti mismo. ¡Fuera con vosotros! ¡Yo
soy yo!
Deja de desear siempre algo nuevo y vivirás en el cielo. “Fuera de
la sociedad no hay ningún mérito” (Eihei Shingi). Los ojos funcionan
enteramente como ojos, la nariz como nariz, el oído como oído. Lo que cada uno
ha de hacer es cumplir su tarea en la sociedad con toda naturalidad.
Encontrarás una auténtica paz de espíritu cuando empieces a
preocuparte por lo que debes, luches por tu vida y hagas todo lo posible para
no perderte de vista a ti mismo. Sólo hallarás paz en tu espíritu cuando de ese
modo tomes las riendas de tu mente en cada uno de tus pasos, de manera que no
dejes de estar bien plantado en tierra firme.
La “paz de espíritu” que es sólo “paz de espíritu” es un producto
artificial. Tu mente se precipita en el desasosiego precisamente porque
persigues constantemente esta “paz de espíritu”. Shinran [2]
censuraba esta clase de nenbutsu [la práctica de invocar a Amitaba Buda]
que pretende obtener una autosatisfacción de la mente por su propio esfuerzo.
La práctica zen no es ninguna masturbación mental. Sólo puedes encuentrar la
auténtica paz de espíritu cuando practicas en medio de tus preocupaciones y de
tu desasosiego mental. En la gran paz del espíritu se unen el sosiego y el
desasosiego mentales.
Nadie puede regresar a lo que una vez fue. No hay nada que
aparezca dos veces de la misma forma. Todo existe una única vez, en este
instante. Por eso no tenemos otra salida que marchar simplemente de frente. Las
verdadera Vía lleva siempre hacia delante, sin final.
Extraído del libro "El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos", de Kodo Sawaki.
Traducido del alemán por el Grupo de Traductores de Luz Serena.
(*) Kodo Sawaki ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada" ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.
[1] Hōnen (法然) nació el 13 de mayo de 1133, en la provincia de
Mimasaka y murió el 29 de febrero,
1212, en Kioto. Fue un líder budista japonés.
Cuando era monje de la
secta Tendai en el monasterio del monte Hiei, aprendió las doctrinas del
budismo chino Tierra Pura, que le enseñó el concepto de salvación mediante la
misericordia del Buda Amitāba. Posteriormente a partir de eso, fundó otra secta
en Japón llamada Jōdo shū.
Hōnen creía que solamente
unas cuantas personas eran espiritualmente capaces de seguir el camino del Buda
hacia la iluminación y en 1175 proclamó que lo único necesario para la
salvación era el nembutsu, es decir, la devoción total hacia Amitāba. Después
se asentó en Kioto donde reunió a varios discípulos, entre ellos a Shinran.
Hōnen fue perseguido por
otros budistas lo que hizo que se exiliara en el año de 1207, pero regresó a
Kioto en 1211, donde murió finalmente días después de escribir la obra
Ichimai-kishomon, un breve escrito sobre sus enseñanzas elementales.
[2] Shinran
Shonin o Shinran (1173-1262), reformador budista japonés.
Nació en 1173 en el seno de
la familia Hino. Su padre, Ainori, sirvió durante muchos años a la corte
imperial. Tuvo muchas contrariedades con su familia, pues los Hino eran
tradicionalmente sintoístas, mientras que él se inclinó hacia el budismo, razón
por la cual, a los 19 años de edad, abandonó su casa y entró al templo Tendai,
en el monte Hiei. Diez años después, abandonó el monasterio para dirigirse a la
casa Rokakkudo en Kioto. En esa casa - relata en sus Memorias - vio al príncipe
Shotoku Taishi, quien había fallecido cinco siglos antes. Lo tomó por una señal
y decidió convertirse en discípulo del reformista Honen Shonin. En 1207, el
Emperador Tsuchimikado proclamó un edicto por el que se prohibían las prácticas
reformistas budistas. Honen y Shinran fueron exiliados a Niigata y muchos
seguidores, ejecutados.

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