Un médico me dijo: “Soy doctor en medicina y en los estudios fui siempre el primero. Cuando empecé a ejercer, estaba seguro de convertirme en el mejor médico de todo Japón. Pero ninguno de los pacientes que acudían a mí se parecía a lo que había leído en los libros. Si no reinventara la medicina de nuevo, no podría ofrecer ninguna ayuda a mis pacientes”. Así es la vida. Si un monje zen confiara en que su satori de ayer sigue siendo válido hoy, se estaría haciendo demasiadas ilusiones.
Cada instante es el primero de tu vida. Cada instante es el último de tu vida. La verdad cambia a cada instante y, al mismo tiempo, la verdad es la vida eterna.
En
este instante vuelas por el universo entero, pero eso no significa que ya lo
hayas recorrido todo. Queda ahí suficiente espacio para seguir volando,
suficiente espacio para que sigas volando el resto de tus días.
¿Experimentaste
una vez el satori y desde entonces todo
está en orden? No, desgraciadamente no es tan sencillo. El satori sólo tiene validez en este preciso instante. En el instante
siguiente ya ha pasado, ha muerto. Cuanto más te estiras para alcanzar el
budismo, más se aleja; cuanto más te rompes la cabeza con él, más difícil será
que lo entiendas. “Ir más allá de Buda”
significa ir al fondo de las profundidades sin fondo: no existe un punto final
que alcanzar.
Si
crees haber escalado hasta el punto más alto y haber logrado el satori, a continuación irás cuesta
abajo. Practicar el zen significa continuar
escalando durante toda tu vida. Si quieres practicar el zen, tienes que tener
el desapego necesario para decirte que la
práctica durará todo tu vida.
La
sabiduría se compara a menudo con una oruga. No permanece en el vacío en cuanto
vacío. Pero tampoco se queda en el ser en cuanto ser. Se mueve como una oruga,
en todas direcciones. En la vía del Buda no hay “respuestas correctas”.
Aquello
a lo que se le puede dar forma en un molde está muerto. Como una grabación
magnetofónica. Nada para personas de carne y hueso cuya vida es lo que está en
juego.
¿Queréis
grabar mis palabras en el magnetófono para después escucharlas en el “club de fans de Sawaki roshi”? ¡Todo lo
que tengo que deciros es válido sólo en este instante!
Escuchar
una charla sobre el Dharma es como
comer. Una vez que ha pasado el momento, vuelves a tener hambre.
Cuando
oigas las enseñanzas debes escucharlas con un espíritu tan claro y abierto como
el cielo. Si tu espíritu se expande con tal amplitud, serás uno con el
universo, entrarás en un samadhi ilimitado. A esto se le llama “escuchar
la doctrina”.
Si
nadie me escuchara, no haría falta que me preocupara de lo que debería decir.
Simplemente soñaría despierto y bostezaría de vez en cuando. Por eso es
importante para mí que alguien me pida predicar las enseñanzas y me escuche.
Estoy agradecido por ello. Y si pienso en lo que debo decir mañana, es entonces
cuando las enseñanzas toman forma con claridad en mí mismo.
Este
instante no debe ser la continuación del anterior. Has de hacer borrón y cuenta
nueva y empezar a vivir este año totalmente de nuevo. Has de empezar a vivir
este mes totalmente de nuevo, y hoy has de empezar una vez más a vivir este día
totalmente de nuevo.
Cada
día te enfrentas a ese día por primera vez. Eterno es sólo este instante,
eterno aquí y ahora. Este instante ilimitado constituye tu vida presente, que
siempre es un hecho totalmente nuevo. También el pasado, contemplado desde el
instante presente, es un pasado totalmente nuevo.
En
el día de hoy te sientas en zazen por primera vez en tu vida. Enfrenta por
tanto cada día con la misma frescura con que recibes el Año Nuevo. En zazen,
cada día es día de Año Nuevo. ¡Próspero Año Nuevo! La cuestión y el contenido
de tu práctica en este momento ha de ser cómo enfrentas de nuevo cada momento.
En
su ordenación, algunos monjes se preguntan: “¿Seré realmente capaz de llevar la vida de monje durante el resto de mis
días?”. ¡No te crees preocupaciones innecesarias! Sé sencillamente un monje
sólo por este día. Sé a diario monje por un día. Así podrás vivir tu vida de
monje, día a día.
Cada
día es el primero de la vida. Vive este día como si hubieras venido al mundo en
este día.
Tienes
tu propia tarea. El día de hoy presenta su propia tarea. Si abres los ojos a
este instante –aquí y ahora, y en constante movimiento– te darás cuenta de que
nada falta en él. El día de hoy es por completo el día de hoy: completo y
concluso.
Incluso
a mi edad, soy todavía un principiante en el zazen. Si por el contrario
empezamos a tenernos por experimentados, nos engañaremos a nosotros mismos. ¿“Zazen para veteranos”? ¡No digas
chorradas! El zazen ha de ser siempre totalmente nuevo. Por eso lo mejor es
practicarlo siempre con espíritu de principiante. No creas que tu práctica ha
madurado una vez que te has convertido en “veterano”.
Sé
siempre un principiante en zazen. Nunca olvides cómo te sentías la primera vez
que pisaste la sala de meditación. Este sentimiento de respeto nos acerca mucho
al zazen. Nunca olvides tu primer zazen, no te conviertas en un “profesional”
del zazen.
Tu
práctica no va a avanzar únicamente porque te vayas haciendo mayor. Haz zazen
ahora, mientras seas lo bastante joven para ello. Lo que hagas, hazlo siempre
con espíritu lozano y con todas tus fuerzas.
Nunca
descubres a Buda de manera definitiva. Siempre has de descubrir un Buda nuevo,
una y otra vez. No hay tiempo para hacer descansos. Siempre has de escuchar una
enseñanza totalmente nueva. Buda llena todo el ilimitado universo. La pregunta
es: ¿cuánto de él alcanzamos a ver? Nunca debemos perder de vista a Buda.
También cuando leemos a Marx o Engels hemos de reconocer ahí a Buda.
Buda
significa la vida que vivimos conforme a la gran naturaleza. Buda significa el
hecho de que el universo vive en sí. Cada minuto y segundo de tu vida tu cuerpo
humano vive esta vida universal, ni una fracción de ella te pertenece a ti
personalmente. A esto se le llama el rostro verdadero. Ser Buda significa vivir
la vida de tu verdadero rostro y no tu vida personal, individual. Por eso no
hay recesos para un Buda.
Creer
en la red de causas y efectos significa creer en lo ilimitado. Significa creer
en el continuo cambio de lo ilimitado. Dentro de este cambio ilimitado, nuestra
vida no es más que un simple fotograma.
Existe
una gran contradicción entre la ley de la causalidad y la sucesión de instantes
independientes que surgen y se desvanecen: el surgir y desvanecerse a cada
instante significa que este momento es completamente diferente del anterior, y
que el siguiente es diferente de éste. Por otra parte, reconocemos la ley de la
causalidad en que la orina de hoy contiene la comida de ayer. Por mucho que
trates de ocultar que ayer llenaste el buche con carne y cebolla, hoy lo revela
el olor de tu orina. Visto de este modo, el día de hoy es la continuación del
de ayer, y el día de mañana es la consecuencia del de hoy. Y, sin embargo, cada
instante surge y se desvanece una y otra vez. No podrás resolver esta
contradicción por medio del entendimiento, no lograrás analizar lo ilimitado en
tu cabeza. Lo que es capaz de comprender sin contradicción esta contradicción
se denomina “no-pensamiento” o, como se dice en el Shodoka (“Canto del
inmediato satori”): “entrar directamente, de un salto, en la esfera del tathagata”.
El
viejo ciruelo vuelve a florecer este año. Lo que es extremadamente viejo es
también constantemente nuevo. Donde lo nuevo se encuentra con lo viejo, ahí das
con el sentido oculto del Dharma de Buda.
* * *
Extraído del libro "El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos", de Kodo Sawaki.
Traducido del alemán por el Grupo de Traductores de Luz Serena.
(*) Kodo Sawaki ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de "Kodo sin morada" ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las cárceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Darma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen. Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokyo.
Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.


Gracias de corazón.Hoy es como si estemensaje fuese especialmente para mi.
ResponderSuprimirBesos
Extraordinarias e imprescindibles palabras llenas de sabiduria y amor del maestro Kodo.Gracias.
ResponderSuprimirmu rico y sabroso, gracias!
ResponderSuprimirTe encontré y te disfruté. Me voy sonriendo....
ResponderSuprimirMuy bonito lo del satori, cuando lo experimentas te crees que has llegado pero es sólo una puerta que se abre por un momento, has visto algo pero no puedes mantenerlo.
ResponderSuprimir¿Kodo Sawaki dijo que cuando leemos (leen, porque yo no leo a esos señores), a Marx y Angeles, HEMOS de reconocer ahí a Buda?
ResponderSuprimirsi me parece que dicen que dijo eso, y me parece que si..
ResponderSuprimirPablo