Abro alas
y emprendo vuelo.
Me abro a lo infinito
y me dejo ser
como águila suspendida
en el vacío.
Vuelo lejos y alto
abrazo el cielo,
asciendo siguiendo
las corrientes del éter
y después,
mansamente,
me poso de nuevo
en el quehacer diario.
Vuelvo como vuelven las olas,
como vuelven los días
a la orilla de la noche.
En los pinos susurra el viento.
Dokushô Villalba
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