Hierve la tierra.
La sangre golpea
las sienes
y aviva el ansia.
¡Higuera,
da sombra a este hombre
cegado por la luz de los muertos!
Las chicharras no callan.
El sol ablanda
los huesos
y funde el alma.
¡Fuente,
da agua a este hombre
quemado por la sed del desierto!
Dokushô Villalba
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