jueves, 5 de marzo de 2009
Ternura versus crueldad.
Está demostrado que las culturas que derrochan afecto físico en sus hijos y que no reprimen la actividad sexual de sus adolescentes tienden a no sentir inclinación por la violencia. Las culturas con predisposición a la violencia están compuestas por individuos a los que se les ha privado de los placeres del cuerpo durante al menos una de las dos fases crítica de la vida: la infancia y la adolescencia.
La crueldad y la violencia de muchos adultos tienen como causa directa una infancia sin afecto, sin ternura, sin contacto físico amoroso con la madre, el padre o los hermanos, y/o una adolescencia privada del natural intercambio sexual.
Algunos sistemas religiosos tienden a condenar los placeres naturales que surgen del contacto corporal, contraviniendo así una tendencia natural de la vida. Paradójicamente, estos mismos sistemas no dudan en bendecir, directa o indirectamente, la violencia adulta ejercida sobre otros seres humanos o sobre animales, en forma de guerras santas o de tauromaquias pseudo-artísticas.
Debemos comprender claramente que nuestra crueldad de hoy es el resultado de nuestra falta de ternura de ayer. Si nuestros hijos no reciben el cariño, la ternura y el contacto físico que necesitan, su respuesta al mundo cuando lleguen a adolescentes será de venganza violenta. Si a nuestros adolescentes se les prohíbe mantener relaciones sexuales completas pre-maritales, su impulso natural, al ser reprimido, se convertirá en crueldad.
Los comportamientos violentos de muchos jóvenes y adultos son una respuesta ciega a una falta de afecto y de ternura durante su infancia o adolescencia. En esta era en la que la industria de la guerra es el motor de la economía mundial y en la que los contraceptivos son tan eficaces, la falta de afecto físico hacia los niños y la represión sexual severa de los adolescentes deben ser consideradas crímenes contra la humanidad.
Dokushô Villalba
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