| . Suena la guitarra. El silencio se calla. Hasta a los muertos se les eriza el alma, muerta de vida, y se les muere la merte alborozada de oír tus cuerdas, guitarra. Suena la guitarra. El silencio oye en silencio. Como agujas de pino parten tus notas certeras para clavarse en los corazones malheridos. Nadie grita pero todos sienten, guitarra, tus gemidos. Suena la guitarra. El silencio se tensa. Para llorar por dentro se cierran los ojos y las lágrimas arden, guitarra, con tu fuego Suena la guitarra. El silencio se inflama y estalla. Se encrespan los cuerpos, saltan, se tensan, se liberan y bailan absortos en emociones sin riendas, energía plena, río profundo que corre, guitarra, por tus venas. Suena la guitarra. El silencio se aquieta. Los ojos ya están ciegos de tanta ceguera visible y se abren, por fin, a la evidencia de lo que tú, guitarras, no dices. ¡Ay! ¡Que se calla! ¡Al filo de la noche se calla la guitarra! De nuevo el silencio lo ensordece todo y se ahonda la pena de no oír ya, malaya, la voz de lo inefable. . |
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