viernes, 6 de marzo de 2009

Suena la guitarra.




Suena la guitarra.

El silencio se calla.


Hasta a los muertos
 se les eriza el alma, 
muerta de vida,

y se les muere la muerte

alborozada de oír tus cuerdas,

guitarra.



Suena la guitarra.

El silencio oye en silencio.


Como agujas de pino 

parten tus notas certeras para clavarse 

en los corazones malheridos.


Nadie grita 
pero todos sienten,
 guitarra, 
tus gemidos.



Suena la guitarra.

El silencio se tensa.


Para llorar por dentro se cierran los ojos

y las lágrimas arden, guitarra, con tu fuego.



Suena la guitarra.

El silencio se inflama y estalla.


Se encrespan los cuerpos, 

saltan, se tensan, se liberan
 y bailan 
absortos
 en emociones sin riendas,

energía plena, 

río profundo que corre, guitarra,

por tus venas.



Suena la guitarra.

El silencio se aquieta.


Los ojos ya están ciegos

de tanta ceguera visible 

y se abren, por fin, a la evidencia

de lo que tú, guitarras, no dices.



¡Ay! ¡Que se calla!

¡Al filo de la noche se calla la guitarra!


De nuevo el silencio lo ensordece todo

ahondando la pena de no oír ya, malaya,

la voz de lo inefable.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada