jueves, 5 de marzo de 2009

La paja en ojo ajeno.


Las cosas no son lo que parecen. Las cosas parece que son lo que son dependiendo del punto de vista desde el que se las mira. Un dicho zen dice: “Una mujer joven y hermosa es una delicia para su amante, una desgracia para el asceta y una buena comida para los lobos”. Todo depende del punto de vista desde el que se mire. Un bosque es el hogar de las ardillas, una reserva maderera, un coto privado de caza o un buen lugar para fundar un templo zen. Depende del punto de vista desde el que se mire.

Lo que vemos en cada momento depende del punto de vista desde el que miramos. Por lo general, nuestros puntos de vista están distorsionados. Nuestras miradas son velos que deforman, perturban y distorsionan nuestra percepción de la realidad. Cuando nos encontramos en un estado de fiebre percibimos el mundo desde una mente perturbada por la fiebre. Vemos puntos luminosos en el espacio que, en realidad, no existen más que en nuestra mente enfebrecida. También durante la vida cotidiana, aunque no estemos físicamente enfermos, sufrimos continuamente erupciones de distintas fiebres que, de igual manera, trastornan o perturban la percepción clara de la realidad, haciéndonos ver serpientes ahí donde sólo hay una manguera vieja. Por lo general, proyectamos en los demás aquello que no queremos reconocer en nosotros mismos. Fué Jesucristo quien dijo que “es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio”. Sin embargo, perdemos mucho tiempo elaborando un minucioso inventario de los defectos de los demás. A lo largo de nuestra vida cometemos muchos errores. Esto forma parte de la naturaleza humana. Progresamos a través de la experiencia y del tanteo, a través de la exploración y, a veces, explorando la vida, uno elige caminos desafortunados. La mejor manera de paliar los efectos de un error pasado es reconocerlo, tomar claramente conciencia de que se trató de un error y, desde ahí, enfocar una buena dirección. Nuestras relaciones serían mucho más felices si sencillamente diéramos las gracias cuando recibimos algo y pidiéramos perdón cuando nos equivocamos.

Dokushô Villalba

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada