| . ¡He aquí un nuevo día! Abro los ojos y las diez mil agujas de pino se vuelven evidentes. Colores y formas por doquier. Oigo el viento, siento frío, mis pupilas siguen el vuelo de dos águilas que se pierden a lo lejos. Mis pies, ¡qué maravilla! me llevan de acá para allá ayudándome a conocer la realidad desde distintas perspectivas. Mis manos, cuya sabiduría admiro, asen útiles diversos operando en el mundo una mágica transformación. Mis brazos, aún jóvenes, transmiten energía al martillo, transportan piedras o leña, se tensan y descargan su furia a través de la azada o del pico. Brazos fuertes que también saben envolver el hermoso cuerpo de mi amante. El corazón se me ensancha a golpe de latidos cuando asciendo vertientes empinadas. Se me ensancha tanto que ya en la cima majestuosa me dice: “Todo esto eres tú” señalando los amplios valles y el cielo que se recorta en las colinas brumosas. Y yo me digo: “¡Cuánto amo este camino!” Aunque sea abrupto y empinado, aunque a veces me falte el aliento y los pulmones se me quieran estallar de puro cansancio. ¡Cuanto amo este camino! Amo la visión a la que me conduce, cien mil veces más valiosa que el esfuerzo exigido. Y una vez en ella, la belleza del olvido es un bálsamo insuperable que cura todas las heridas del cuerpo y del espíritu. ¡He aquí un nuevo día, he aquí un nuevo regocijo! . |
vivir la vida, andar el camino..día tras día. Que bello poder ser conscientes de esto.
ResponderSuprimirUn abrazo.