viernes, 6 de marzo de 2009

El sentido de la vida.


¿Cuál es el propósito de la vida? La vida, ¿tiene o no tiene sentido? A veces vivimos simplemente por vivir. Unas veces sentimos que nuestra vida tiene sentido, pero otras nos parece que no tiene sentido. ¿Cuál es verdad? Unas veces creemos estar fluyendo en una buena dirección, otras por el contrario nos da la sensación de que vamos en dirección prohibida, en dirección contraria. A veces sentimos que caminamos en circulo y, otras, sencillamente no sabemos dónde está el norte, el sur, el este, o el oeste. Clarificar el sentido de nuestros actos, de nuestros pensamientos y de nuestras palabras es muy importante. Algunos científicos dicen que la vida no tiene ningún propósito, que es un accidente acaecido en la vastedad del universo. Dicen que el proceso de la vida está movido por el azar y la necesidad.


Desde el punto de vista del budismo, el azar no es más que ignorancia de la relación causa-efecto. Allí donde no vemos las causas de un efecto, decimos que se está manifestando el azar. Lo que en realidad ocurre es que sencillamente no sabemos cuáles son las causas de tales efectos. Y, en lugar de reconocer nuestra ignorancia, decimos que el azar se está manifestando.

Esta idea de que la vida es fruto del azar y de la necesidad se ha extendido por muchas estractos sociales y ha influenciado a mucha gente. Uno de los eslóganes del movimiento punk es «non futur», no hay futuro. ¿Qué quiere decir ésto? ¿Qué están tratando de decir? Están diciendo que han perdido el sentido de la vida, la dirección, el rumbo, el propósito. Si no sabemos hacia dónde vamos, el futuro se vuelve borroso, inexistente.

Si no sabemos qué dirección dar a nuestro esfuerzo perdemos la determinación de realizar esfuerzo alguno. Siento que mucha gente vive sin dirección, sin rumbo. Se van quedando en la cuneta del progreso.

Es cierto que el actual sistema económico neoliberal, con su filosofía y cosmovisión inherentes, está marcando una cierta dirección: la de la pura supervivencia del más fuerte. Para este sistema, el más fuerte es quien tiene más éxito. Y el concepto de éxito es equiparado a renta per capita. Mucha gente está siguiendo esta dirección. El sistema capitalista neoliberal se está extendiendo por todo el mundo, impulsado por el imperio norteamericano y seguido en cohorte por la mayoría de las naciones, ricas o en vía de enriquecimiento. Para todas ellas, el sentido de la vida humana es la búsqueda del enriquecimiento material. Para ser ricos hay que producir riquezas. Y una vez producidas, las riquezas deben ser consumidas. De esta forma, el sentido de la vida que se propone es el de producir y consumir, producir y consumir. Se deduce de ello que cuanto más produzcas y más consumas, más sentido tendrá tu vida. Sin embargo, no es eso lo que vemos. La mayoría de la gente se siente prisionera de este engranaje, como un hámster dando vueltas en la noria de su jaula. El sentido que propone el neoliberalismo es el enriquecimiento por el enriquecimiento. Esto supone, en realidad, una gran pérdida de visión del sentido pleno de la vida humana. Hay mucha gente que no comulga con esta propuesta y son muy numerosos los que siguen esta dinámica infernal por la pura necesidad de sobrevivir, aunque en el fondo sienten que es una dirección errónea.

¿Cuánta gente va a trabajar cada mañana, toma el autobús o el metro, y se dirige a su oficina, a su puesta de trabajo, a su lugar dentro de esta gran cadena de montaje, o de este gran montaje en cadena? Miles, millones de personas lo hacen cada día. ¿Porqué, para qué? ¿Cuál es el sentido de sus vidas? ¿Cómo sienten el sentido de sus vidas?

No está de moda el preguntarse sobre el sentido de la vida. No es algo que sea favorecido por los poderes establecidos. No es algo que la televisión aliente, mas bien se alienta lo contrario: «No te preocupes de nada, no pienses, no reflexiones. ¡Trabaja! ¡Gana dinero y gástatelo en lo que más te apetezca!» Y al día siguiente vuelve a trabajar, gana más dinero y gástatelo en lo que más te apetezca. Y ya está. Este es el no-sentido de la vida. La mayoría de los medios de (in)comunicación están enfocados en la tarea de narcotizar en este sentido a la población productivista-consumista. Se trata de que nadie pueda reflexionar ni hacer preguntas. Especialmente la pregunta ¿cuál es el sentido de mi vida?

Dokushô Villalba

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