¿Porqué decís ¡levanta!
Al niño cuando cae al suelo.
Dejad que vea el mundo
desde la posición del que ha caído.
Porque mirando desde el suelo
se aprende a ser humilde
y de la humildad surge la fuerza
para levantarse de nuevo.
Dejad que vuestros hijos se yergan
con la fuerza de la humildad
y no con la vana arrogancia de un bípedo
más tieso que erecto.
Dejad que mire y vea
como ve un gato o un perro
el mundo, los seres erguidos, el cielo.
Las caídas son nuestra fuerza.
La fuerza que surge cuando
las vemos y las aceptamos
como caídas.
¿Cúantas veces cayó el Nazareno
ante el escarnio público
de risas burlonas y
ojos ebrios de estupidez?
Tres veces cayó.
Exhausto,
un solo álito de vida lo mantenía:
La humilde grandeza
de llevar el peso ciclópeo del dolor
y del sufrimiento de aquellos mismos
ante los que caía.
Ellos -¡pobres estúpidos!- se reían.
Dokushô Villalba
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