jueves, 5 de marzo de 2009

El arte del olvido.

Zen y Pintura.

Prólogo al catálogo de la exposición de pintura “Pintores zen españoles”, presentada en la Sala Municipal de Exposiciones del Ayuntamiento de Requena en mayo de 1999.


Me complace mucho presentar a este grupo de artistas reunidos en esta exposición con motivo de la celebración del X Aniversario del templo zen Luz Serena.
El maestro zen Eihei Dôgen (Japón, 1200-154) escribió:

"Estudiar la Vía del Zen significa estudiarse a sí mismo.
Estudiarse a sí mismo significa olvidarse a sí mismo.
Olvidarse a sí mismo significa hacerse uno con todas las existencias".

Llamar a esta exposición "El arte del olvido" no es, pues, arbitrario. El olvido de sí se encuentra en la base de la práctica del Zen y también en la esencia del acto creador.

En el caso del Zen, no es el meditante el que alcanza la iluminación espiritual como resultado de su esfuerzo personal. Durante la meditación zen, el meditante debe desaparecer gracias al olvido de sí y es gracias a este olvido que la luz original del espíritu humano aparece naturalmente iluminando cada existencia en la esencia de su ser.

De la misma forma, en el arte Zen, la obra no surge del esfuerzo personal del artista sino, muy al contrario, de ese estado de gracia en el que el artista se olvida a sí mismo y "ello" actúa a través del artista, condicionado, obviamente, por el dominio técnico que el artista pone al servicio del acto creador. Desde este punto de vista, el acto creador debe surgir de un estado espiritual de meditación caracterizado por el olvido de sí.

Los pintores que confluyen en esta exposición o bien practican el Zen o bien se sienten afines a los principios espirituales, éticos y estéticos transmitidos por el Budismo Zen. Aunque ellos mismos no han tratado de crear su obra siguiendo conscientemente estos principios, lo cierto es que al contemplarlas observamos los mismos siete principios de los pintores zen de la antigüedad, a saber: asimetría, simplicidad, austeridad, naturalidad, sutileza, libertad y serenidad.

La asimetría entendida como movimiento continuo; la simplicidad como no elaboración intelectual; la austeridad como resultado del abandono de lo accesorio; la naturalidad como expresión del olvido de sí; la sutileza como juego dinámico entre lo que se expresa y lo que no se expresa; la libertad como desapego a las formas del pasado; la serenidad como quietud interior sin ruido ni agitación.

Es la primera vez que tiene lugar en España una exposición pública de este género. La práctica y la filosofía del Zen, llegados a nuestro país a finales de los años setenta, comienza a dar sus frutos manifestándose en expresiones artísticas tan intensas, bellas e innovadoras como las que nos muestran este grupo de excelentes creadores, cuyas cualidades propias como artistas se han visto felizmente inspiradas por el espíritu del Zen.

A todos ellos y, especialmente, a María de Felipe y a Pamen Pereira, coordinadoras de la exposición, les expreso mi más cálida enhorabuena y mi más profunda gratitud.

Dokushô Villalba

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