viernes, 6 de marzo de 2009

El agua.

El agua es vida. La vida es agua. La vida de este Planeta surgió del agua y sin agua ningún ser vivo puede continuar viviendo. El agua, como el aire o como los alimentos, es preciosa. Es lo más valioso. Lo es mucho más que el oro, que el petróleo y que el dinero. Sin agua, la fama y la riqueza no valen nada. No obstante, hemos olvidado apreciar este raro don que nos ha dado la naturaleza. Usamos el agua con negligencia, como si no fuera importante, como si no valiera nada. La malgastamos como si no se pudiera acabar nunca. La usamos como mercancía para enriquecernos. La hemos perdido el respeto, la veneración y la gratitud. Esta actitud soberbia y negligente nos va a costar muy caro, si no cambiamos a tiempo.

El agua es un bien escaso. No es infinita. Si no se usa adecuadamente, se acaba. De hecho, se está acabando. La cantidad de agua potable está disminuyendo a un ritmo alarmante en todo el mundo debido principalmente a tres factores: el calentamiento general de la atmósfera, la desaparición de los bosques y el despilfarro y la contaminación de los acuíferos. Todos ellos están siendo provocados por los seres humanos.

Hace once años, cuando fundé el Templo Luz Serena, dentro de la propiedad manaba una fuente a ras del suelo y contábamos con un pozo artesano cuyo nivel freático estaba a dos metros por debajo del nivel del suelo. La fuente dejó de manar hace cinco años y hace tres se secó prácticamente el pozo. Por todas partes por donde viajo encuentro la misma situación, especialmente en la llamada "España seca". Paradójicamente, a los viticultores de la comarca Utiel-Requena les ha dado por implantar el riego por goteo en las viñas, un cultivo que desde siempre ha sido de secano. Lo mismo sucede con otros muchos cultivos de secano.

Todo el mundo quiere tener su propia piscina y su propio pozo para usar cuanta agua le venga en gana. Malgastamos más allá de toda medida. Al cepillarnos los dientes dejamos el grifo abierto, o cuando nos enjabonamos al ducharnos. No nos preocupamos por arreglar las pequeñas fugas de agua. Regamos el jardín a pleno sol, con lo cual la evaporación es mayor. Y así estamos agotando el líquido vital. Por supuesto que las instituciones estatales (ayuntamientos, gobiernos autónomos y central, etc.) deben tomar medidas al respecto, pero nos incumbe a cada uno de nosotros el hacer un uso responsable del agua.

Tenemos que darnos cuenta que si llega a faltarnos el agua no podemos sustituirla por whisky, ni por gasolina. Sin agua, la agricultura no es posible y, sin agricultura, no podremos alimentarnos. No podremos comernos los billetes de banco ni los neumáticos del BMW.

El agua es vida. Usémosla con moderación y gratitud.

Dokushô Villalba

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